Conectar
Ir arriba

Cuando Darren conoció a Jennifer

Quizás sea porque, siguiendo el ejemplo de ese dios de los alopécicos que es Jason Statham lleva un tiempo rapándose la cabeza en lugar de esconder su (evidente) calvicie bajo gorras y/o sombreros –claro, que mejor eso que hincharse como una bota por ponerse implantes capilares, como le ocurrió a cierto exportero del Real Madrid–, pero Darren Aronofsky no puede quejarse de la vida sentimental que ha tenido desde que Rachel Weisz le dejara para arrejuntarse con Daniel Craig. Y es que, después de consolarse unos años en los brazos de la productora Brandon Milbradt –sí, productora: Brandon es una contracción de Brandi-Ann, no es que a Aranofsky le diera por pasarse a la acera de Jesse Williams–, e incluso llegar a prometerse brevemente con ella, ha vuelto a encontrar cierta estabilidad sentimental ni más ni menos que con Jennifer Lawrence… Sí, ESA Jennifer Lawrence. A la que, como os podéis imaginar, no se ligó en una discoteca de Sunset Strip –tampoco me imagino, la verdad, al director de Réquiem por un sueño meneando el esqueleto, cubata en mano–, sino que intimó con ella, en muchos sentidos que el simplemente amistoso, durante el rodaje de su último trabajo, Mother!

Un romance al que todo indica que Lawrence estaba más que abierta (ejem), pues, en cuanto Aranofsky le comentó a sus representantes que le gustaría contar con ella para su nuevo proyecto, dejó abandonado de inmediato el que tenía entre manos, The Rosie Project, y se presentó con las brag… esto, dispuesta a colaborar con él. Ambos aseguran que, de momento, se están tomando su relación con tranquilidad –lo que significa que no deben salir de la cama más que para cumplir sus necesidades fisiológicas básicas–, pero, si la relación aguanta la prueba del tiempo, quién saber si J-Law acabará convirtiéndose en la musa de Aranofsky, e incluso protagonizar una carta de amor tan hortera y tan inaguantable como La fuente de la vida. Porque, ya que saco el tema, ¿no le abandonaría Rachel Weisz después de tener que sufrir esos inaguantables 96 minutos?

Héctor Adama

Más en Actualidad