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El Rey Arturo… más flácido que duro

Si, otra vez volvemos a Warner. Mis queridos lectores, a mí personalmente me encantaría hablar sobre el fallecimiento de Brad Grey, expresidente de Paramount y seguramente artífice del mayor momento de esplendor de la compañía. Un hombre y un nombre a revindicar, y más cuando el estudio ha pasado de producir películas como No es país para viejos o Pozos de ambición a Monster Trucks o Ghost in the Shell (El alma de la máquina). Como digo, me encantaría hacer una elegía de su figura tanto como productor como responsable máximo de un estudio y de sus derivas, pero el interés de los lectores manda… Y tampoco os voy a mentir, me gusta excitar a las masas y que mis queridos haters supuren salfumán por la boca mientras yo escribo estas líneas en mi modesto pero lujoso apartamento de Los Feliz en Los Ángeles. Además, para otros menesteres, tenéis al insoportable Roberto Morato y sus palabras modernitas. A esta sección se viene a jugar… Y a odiar.

Ya es oficial: El Rey Arturo: La leyenda de Excálibur de Warner Bros es un desastre sin ningún tipo de paliativos. Con un presupuesto de más de 170 millones de dólares, apenas consiguió recaudar 15 millones de dólares en su fin de semana de estreno. Una cifra tan pírrica y triste que ni siquiera cubre el coste de publicidad gastado por el estudio en la película. Un desastre que se viene a unir a la inmensa colección de juguetes rotos de Warner desde que Alan Horn abandonase o le echasen de la presidencia de la compañía… Más bien lo segundo. Juguemos un poco a arqueólogos, y tratemos de reconstruir la historia de este cataclismo anunciado.

Situémonos en verano de 2011, época de blockbusters veraniegos. Fast & Furious ha resucitado a lo grande con su quinta entrega y Warner se ríe de los demás estudios con los millones de la segunda parte de Resacón en Las Vegas y la última entrega de Harry Potter. Tomemos ese dato: Resacón en Las Vegas era una franquicia más exitosa que Thor o Capitán América, que llegaban a las pantallas ese mismo año. Mucho han cambiado las cosas. En junio se anunciaba en las publicaciones principales de Hollywood, los llamados traders, que David Dobkin había conseguido venderle a Warner un paquete de guión, dirección y producción de película que consistía en una reinvención del mito artúrico. El estudio se comprometía a pagar dos millones al realizador y guionista, tras una ardua batalla de pujas con el resto de estudios para asegurarse el paquete. El por qué alguien le deja más de 100 millones al realizador de De boda en boda para rodar una película sobre el Rey Arturo es algo que se me escapa por completo… Pero bueno, se acababa de estrenar Juego de tronos, Warner tenía símbolos de dólares en los ojos, y encima la película iba a estar protagonizada por Kit Harrington. Pequeña reflexión y punto aparte: cómo cambian los ánimos y las tendencias. Hace seis años alguien con poder en Hollywood pensaba que Harington era un actor con carisma y que podía ser una estrella. Por razones desconocidas, a finales de año, Warner consideró el proyecto inviable por temas económicos, y negó a Dobkin los 130 millones de dólares que pedía para la película. Tres meses después, el proyecto volvía a resucitar con los nombres de Colin Farrell y Gary Oldman ligados a la película. De manera paralela, Guy Ritchie proponía a Warner un proyecto similar con el guionista de Trainspotting, John Hodge, como encargado del libreto. Recordemos que Ritchie venía de revitalizar a Sherlock Holmes con Robert Downey Jr. al frente, y de ingresar muchos, muchos dólares en las arcas de Warner. Una película que se debería revindicar bastante más, por cierto. Esto último no es información, es opinión, aunque debería ser lo primero. De nuevo el proyecto quedó varado y, de nuevo, Warner volvió a sacar la veleta del armario y ver por dónde soplaba más fuerte el viento. Joby Harold, director y guionista de la muy olvidada Despierto –aquella película con Hayden Christensen medio muerto en una mesa de operaciones y con un profundo complejo de Edipo, que quería volver bajo las faldas de su madre en la ficción, Lena Olin–, proponía al estudio una suerte de universo cinematográfico que sería un cruce casi imposible entre 300 y Furia de titanes, mitad cine fantástico, mitad película histórica, donde se intentaba dar una visión nunca vista hasta entonces del mito artúrico. Y, lo que es más importante, pretendía que los principales protagonistas de la leyenda tuviesen cada uno su película propia, y que se juntasen en una suerte de Vengadores que sería el colofón de esta nueva franquicia. Joby Harold conserva créditos como productor y guionista en la versión filmada de la película, pero los insiders declaran que nada o casi nada de lo que tenía pensado Harold ha acabado en el resultado final.

De nuevo, el proyecto se quedó en el limbo hasta que, en verano de 2014, se anuncia oficialmente que Guy Ritchie se comprometía a rodar lo que finalmente conocemos como El Rey Arturo: La leyenda de Excálibur… O no, porque la realidad es que, aunque parezca imposible (ironía), la película también se ha sometido a un sinfín de montajes, remontajes y pases de prueba. El equipo creativo lleva probando la película durante prácticamente un año, y en ese proceso no solo se ha acabado rodando todo de nuevo, sino que se dice que se han eliminado líneas argumentales que eran principales en el primer montaje y guión definitivo de la película, dados los horribles resultados en los test screenings. Muchos ejecutivos de Warner que prefieren permanecer en la sombra aseguran que, a pesar que Guy Ritchie es un tipo con un talento visual notable –nadie lo niega–, es un auténtico cabestro a la hora de dar forma a guiones, y no se le debería dejar formar proyectos desde la nada –tampoco nadie lo debería negar–. ¿La ganadora de este asunto? Como siempre, Disney, que firmó con un Guy Ritchie en horas bajas para rodar Aladdin, y que resulte como resulte la película, seguramente nadará en dinero cuando llegue el momento del estreno. Porque creo que, a estas alturas, nadie puede dudar de que las nuevas versiones de imagen real de sus clásicos animados son absolutamente intocables en lo que a taquilla se refiere, y ni siquiera sus mediocres resultados artísticos les han impedido cosechar números asombrosos.

Ramon Cudeiro

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