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Nuestra amiga Mischa

Y es que, aunque en estas páginas me cachondee y le dé un poco de caña a nuestros famosetes preferidos, no nos engañemos, eso de no poder rascarte el culo en la puerta de su casa sin que un paparazzi le venda la exclusiva a una revista del corazón –y sin que la gente del «Cuore» te ponga un bocadillo graciosete en plan «Ugh», «Ogh», «Ufff»– no es nada fácil de asimilar, y mucho menos cuando tienes la cabeza llena de pájaros y no precisamente bien amueblada. Es lo que le pasó a la britanica Mischa Barton, que de empezar en el teatro y labrarse una carrera más o menos prometedora como actriz –la recordaréis como la fantasma vomitona de El sexto sentido–, pasó a convertirse en una estrella incipiente, y sueño húmedo de millones de teens cachondos de todo el mundo, cuando aceptó convertirse en el interés amoroso del protagonista de The O.C., la primera de las chorrocientas series de adolescentes listillos que ha creado ese churrero televisivo que es Josh Schwartz. Empezó a aparecer en anuncios y vídeos musicales –y no precisamente por sus grandes dotes interpretativas–, a hacerse ver en galas, fiestas y saraos junto a gente tan equilibrada (ejem) como Lindsay Lohan o Nicole Richie… Y claro está, una cosa lleva a la otra. Si ves a medio Hollywood haciéndose rayas, y no precisamente las del pelo, es difícil no dejarse llevar y ponerte fino fino filipino –sobre todo si, como ella, tienes problemas de inseguridad y depresión–.

La cuestión es que The O.C. no sobrevivió a su cuarta temporada. Y a diferencia de sus compañeros de reparto que, con sus altibajos y sus miserias –que se lo digan a Rachel Bilson, heroína de ese gran éxito (jajajaja) llamado Jumper–, se han mantenido estables, Barton se hundió en subproductos y medianías que parecían escogidos, simplemente, para sostener sus adicciones. Hasta que, en 2009, ingresó de forma voluntaria en un centro psiquiátrico, según ella, por una extracción dental que salió mal –más tarde reconoció que le había prescrito Xanax, un sedante primohermano del Valium, y lo engulló como si fueran Lacasitos–, y entró en una espiral de decadencia que llevó a que, a principios de este mismo año, la policía la encontrara en su jardín gritando, a las 7 de la mañana, cosas absolutamente ininteligibles… Según ella, debido a una mala reacción al éxtasis líquido que le echaron en su bebida en una fiesta –teniendo en cuenta su historial previo, que incluye su expulsión de una edición reciente de Dancing With Stars, el ¡Mira quién baila! americano, más bien debieron echarle alcohol en su copa de droga–.

Héctor Adama

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