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SOFIA BOUTELLA Me paso el día bailando

Que levante la mano quien no sintió un cosquilleo en la entrepierna al ver a esta actriz y bailarina de origen franco-argelino brincando sobre prótesis metálicas y partiendo a la gente por la mitad en la estupendísima «Kingsman: Servicio secreto». Normal que Hollywood le echara el ojo encima y que, a pesar de su fortísimo acento (algo que comparte con Penélope Cruz, y ahí sigue), se esté convirtiendo en uno de los nombres de moda de la industria, sobre todo a raíz de su papel en «La momia».


«Kingsman: Servicio secreto», de Matthew Vaughn

Estamos de acuerdo en que saber bailar no te convalida la asignatura de interpretación. Que se lo digan, si no, a los miembros del cuadro de bailarines de las producciones de José Luis Moreno cuando los pone a hacer gags de Matrimoniadas. Sin embargo, lo de Sofia Boutella tiene truco –y no, no me refiero ni a lo de estar buena ni a lo de tener mucha flexibilidad–, ya que trabajó durante años para Madonna, de la que dice que «siempre ha considerado a sus bailarines como actores. Cuando trabajé con ella, siempre me explicaba por qué existía cada número, y lo que quería retratar. Eso me hacía interpretar a un nuevo nivel más allá de contar los pasos y seguir la música». De hecho, también le ayudó a adquirir disciplina y «la importancia de la repetición », porque, cuando se iban de gira «ensayábamos durante tres meses. Era algo muy intenso, así que, una vez nos poníamos en movimiento, era pura memoria muscular».

Pero no es que Boutella fuera una especie de punkarra que necesitara que la llevaran por el buen camino. La suya no es, ni mucho menos, una vida salida de Mentes peligrosas: al fin y al cabo, su padre es compositor y su madre arquitecta, así que, pese a que tuvieron que exiliarse en Francia debido a la guerra civil argelina, tenían una vida lo bastante cómoda como para que pudiera estudiar ballet desde los siete años. La danza era algo que a la pequeña Sofia siempre le había atraído porque le parecía que suponía «honrar a la música. Para mí, bailar es la traducción física de la grabación de audio». Lo que pasa es que se aburrió de tanto pas de deux y de aprenderse todos esos palabros pedantes, y se sintió atraída por el hip-hop y, en general, por el street dance, porque «pensé que habría menos reglas que en el ballet, y aunque existían unas ciertas normas, me encontré con una libertad que agradecí mucho en ese momento». No solo eso, sino que, en lo que quizás tenga algo que ver que estaba como un auténtico queso, empezó a recibir ofertas para aparecer en anuncios y vídeos musicales de toda ralea, desde Jamiroquai a Take That pasando por Michael Jackson… Lo que hizo que Madonna se fijara en ella –¡toma giro de los acontecimientos a lo Nolan!– y se convirtiera en su mentora: «Cuando la conocí yo aún era una marimacho. Cada vez que la veo me inspira sobre algo, así que es una persona realmente importante en mi vida».


«Tiger Raid», de Simon Dixon.


HACIA EL ESTRELLATO (Y MÁS ALLÁ)

Tras seis años trabajando con –que no trabajándose a– Madonna, y tras hacer pequeños pinitos en producciones francesas como Dance Challenge o el telefilm Permis d’aimer, Boutella sintió que «la interpretación me estaba llamando, y no importaba si se me daba bien o no. Tenía que intentarlo». Y la cantante no solo no le puso palos en las ruedas, sino que, en un gesto que le honra, la animó a seguir sus sueños y a dar el salto a la interpretación. Así que empezó a buscar proyectos y a presentarse a castings, si bien reconoce que «una parte de mí se preguntaba si sería lo bastante buena. Todo eso viene de mi experiencia como bailarina, porque en ese negocio nunca eres lo bastante bueno. Te presionas para alcanzar la excelencia, para hacer algo increíble. Y entré con la misma mentalidad». Y aunque, en principio, solamente la contrataban para interpretar a bailarinas, como en StreetDance 2 –parte de ese chorro de inaguantables películas de danza callejera que se pusieron de moda hace unos años–, fue su capacidad para aprender coreografías, y su habilidad para la exhibición física, incluso por encima de la cárnica, lo que hizo que Matthew Vaughn se fijara en ella para la Gazelle de Kingsman: Servicio secreto.

Un rodaje que para Boutella supuso su auténtico bautismo de fuego como intérprete, pues reconoce que llegó «un poco nerviosa». Lógico, cuando en una de sus primeras escenas le tocaba interaccionar nada más y nada menos que con Mark Hamill y Samuel L. Jackson… Seguramente este notó que temblaba más que la voz de Manel Navarro en Eurovisión, así que la tomó bajo su protección y le enseñó que, en la profesión, lo importante era «divertirse». Así que, desde entonces, asegura que se esfuerza «al máximo para pasármelo bien. Al fin y al cabo, jugamos a las casitas». Corregidme si me equivoco, pero ¿si tienes que esforzarte en pasártelo bien, no es que en realidad no te lo estás pasando bien?



Donde parece que sí que se lo pasó bien fue rodando Jet Trash. Y no porque pudiera descansar del maquillaje y las set pieces de Star Trek: Más allá, sino porque allí conoció a su actual pareja, el actor Robert Sheehan (En tiempo de brujas, Cazadores de sombras: Ciudad de hueso). Algo que se hizo evidente cuando leyeron la escena en la que sus personajes se besaban por primera vez, pues, según el director del largometraje, Charles Henri Belleville, «esperaba que pararan antes del beso, pero cuando empezaron a besuquearse quedó claro que algo estaba pasando entre los dos». Eso sí, su relación no siempre es sencilla: según Seehan, «a veces tenemos que planificar a cinco meses vista. Pero siempre logramos que funcione. Ella saca algo de tiempo y coge un avión, o lo saco yo y soy quien viaja. Lo máximo que hemos estado separados son seis semanas».

Héctor Adama

F I L M O G R A F Í A
2002. LE DÉFI (Dance Challenge), de Blanca Li.
2005. PERMIS D’AIMER, de Rachida Krim.
2012. STREETDANCE 2, de Max Giwa y Dania Pasquini.
2014. MONSTERS: DARK CONTINENT (Monsters: El continente oscuro), de Tom Green.
KINGSMAN: THE SECRET SERVICE (Kingsman: Servicio secreto), de Matthew Vaughn.
2016. TIGER RAID, de Simon Dixon.
STAR TREK BEYOND (Star Trek: Más allá), de Justin Lin.
JET TRASH, de Charles Henri Belleville. 2017.
THE MUMMY (La momia), de Alex Kurtzman.
ATOMIC BLONDE (Atómica), de David Leitch.
2018. HOTEL ARTEMIS, de Drew Pearce

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