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Zac Efron

A primera vista parece una de tantas playas de las que se encuentran en la calurosa costa atlántica al norte de Miami. Sin embargo, cuando llega la hora de comer, todo los bañistas se levantan de su «posición» y se marchan hasta unos edificios cercanos, donde los extras y el equipo técnico que rueda «Baywatch (Los vigilantes de la playa)» en Tybee Island, muy cerca de Savannah, en Georgia, se toman un descanso de una hora. Entre los bañistas que están por allí encontramos a Zac Efron, virtualmente irreconocible exhibiendo un físico que hace que se giren todas las chicas que se cruzan en su camino. Convencido de que tiene que demostrar que lo suyo es algo más que cantar, quien saltó a la fama como el galán de «High School Musical» encarna en esta versión para el cine de «Los vigilantes de la playa» a Matt Brody, un campeón olímpico de natación, ha sido enviado como salvavidas a la playa de ficción donde transcurre la historia.


— Tu personaje tiene un accidente en la piscina. ¿Hay alguna referencia deliberada a lo ocurrido en las Olimpíadas con otro nadador idolatrado que cayó en desgracia, Ryan Lochte?

No, en lo más mínimo. No tiene nada que ver. Cuando se nos ocurrió la idea ni siquiera sabíamos que se iban a celebrar las Olimpíadas ese año. Desarrollamos el personaje, filmamos la película e hicimos muchas cosas antes de que tuvieran lugar las Olimpíadas y ocurriera ese suceso.

— ¿Cómo fue lo de actuar con Dwayne Johnson?

— Muy divertido, sobre todo porque en la primera parte de la película, Brody, mi personaje y el de Dwayne, Mitch, no se llevan nada bien. La verdad es que estudiamos a muchos de los grandes dúos del cine de acción, como el de Arma letal y Límite: 48 horas. En ambos casos, al principio también se odiaban y luego se ganan el respeto mutuamente, y así es como imaginamos nuestra relación en Baywatch (Los vigilantes de la playa). Cuando vemos a Brody por primera vez es extremadamente arrogante, porque acaba de ganar dos medallas de oro en las Olimpíadas y tiene el récord mundial en los 200 metros, por lo que tiene una visión muy elevada de sí mismo.


“Baywatch” es una realidad alternativa



¿Cómo te preparaste físicamente para esta película?

— Fue mucho más ejercicio cardiovascular de lo que te hubieras imaginado, junto con un dramático cambio de dieta. Tuve que cortar todo tipo de comida procesada, nada que saliera de un paquete, y conté con la gran ayuda de un nutricionista. Todos los que me asesoraron estuvieron fantásticos llevándome en la dirección correcta, dándome la oportunidad de entrenarme cada día. Ahora es mi rutina diaria, el entrenamiento forma parte de lo que hago cada día.

— ¿De qué manera te afecta tener que entrenar todos los días?

— Despertarme por las mañanas es la parte más difícil, porque me tengo que levantar a las 4:30 y es verdaderamente espantoso. Ciertamente es doloroso, pero después de entrenar me siento muy bien y llego muy motivado al plató. Mis mañanas son mucho más productivas, y las primeras tomas son siempre las mejores. No estoy medio dormido cuando llego a maquillaje. Estoy listo para empezar, y eso hace que todo sea mucho mejor.

— ¿Te has entrenado con Dwayne?

— La verdad es que no, no nos hemos entrenado juntos. Digamos que hacemos juntos algunas flexiones antes de que nos toque quitarnos la ropa, pero eso es todo. Además tenemos dietas muy diferentes. Él ingiere una cantidad extraordinaria de calorías. No sé como lo hace, porque yo tengo una dieta mucho más restringida. En cambio él disfruta comiendo unos enormes filetes, muchas veces entre toma y toma. Para cuando terminamos de hacer la toma, ya lo ha devorado, y no puedo entender cómo lo ha hecho para engullirlo tan rápido. Es asombroso. Sobre todo porque no le veo masticar mientras filmamos.

— ¿Y cómo haces para seguirle los pasos que ha estado haciendo desde hace años?

— Creo que he sido muy afortunado al haber contado con Dwayne como guía en esta película, porque puedo presenciar lo que hace y tratar de emularle. Dwayne es una máquina. Le encanta trabajar pero además es un gran líder en el plató. Siempre está de buen humor y es un buen compañero de equipo. Lo estamos pasando muy bien y el rodaje hasta ahora ha sido muy divertido.

— ¿Apoyarías a Dwayne si se postula como presidente?

— Supongo que primero querría saber cuáles son sus propuestas. Pero lo que sí puedo atestiguar es que no creo que haya una persona más honesta que él. Si tiene algo que decirte, te lo dirá a la cara y sin dudar. Le encanta aprender cosas nuevas y es muy divertido tenerlo cerca. Es muy enigmático. Es capaz de hacer todo lo que se proponga. Y si se le mete en la cabeza que quiere ser presidente, estoy seguro de que lo puede lograr. No tengo ninguna duda de que podría ser un muy buen candidato.

— ¿Tuviste alguna exigencia respecto al bañador que ibas a usar en la película?

— No realmente. La idea era que fuese algo muy simple. Brody es del Medio Oeste y por eso trataron de que se reflejara en su comportamiento. Me preguntaba cuántas veces este personaje había ido a la playa en su vida. Probablemente han sido muy pocas y por eso tratamos de mostrar en la película que sabe nadar muy bien en una piscina pero no en el mar. Hay toda una evolución de Brody a lo largo del film, se está adaptando a muchas cosas al mismo tiempo y no tiene la menor idea de en qué se ha metido.

— ¿Entonces fue fácil?

— No, para nada. Es sorprendente lo complicado que puede resultar que un bañador resulte lo suficientemente versátil como para que puedas nadar y también hacer escenas con él, que se moje y mantenga el color, y que lo puedas usar en el mar. Teníamos un gran departamento de vestuario e hicieron a mano todos los bañadores. Cada uno era un poco diferente. No sé si los marcaban de alguna manera, pero a veces me tocaba hacer una escena en donde estaban secos y entonces me daban un bañador. Si me tenía que meter en el agua, entonces era un poco más ajustado. A veces me tocaba tirarme al agua, y si me había puesto el bañador equivocado, terminaba flotando a mi lado. Me tenía que quedar en el agua hasta que alguien me acercaba el correcto. Lo cierto es que trabajaron mucho para hacerlo bien. Además, no es así como se ve a la gente real. Esto es Baywatch. Es una realidad alternativa. Es ultra sexy, es eso lo que tenía la serie original, como cuando Hasselhoff aparecía corriendo a cámara lenta. Es cierto, nos tomamos ciertas licencias creativas para que sea un poco más atrevido y además le pusimos más acción.

— Es interesante que en «Baywatch» haya una mirada irónica sobre lo que es sexy y lo que no lo es…

— Es cierto. Ese es uno de los elementos más divertidos que tiene esta película, donde hemos invertido los estereotipos masculinos y femeninos que existían en la serie original. Los creadores de esa serie trabajaron mucho con nosotros. Nos trajeron ideas, escucharon las nuestras y se mostraron muy abiertos a probar muchas cosas. Nos permitieron ir mucho más allá de lo que nos imaginamos. Me parece que era muy importante poder darle la vuelta esos estereotipos. Disfruté mucho de haber sido yo el ejemplo de lo que estábamos haciendo, porque era algo imprescindible para la transición de la serie a la película.

— ¿Cuanta improvisación hubo en «Baywatch»?

— Es difícil de decir. Todo es una versión de lo que estaba en el papel. A veces, nos saíamos por la tangente y, si no escuchábamos que el director decía «corten», seguíamos actuando. Eso a veces nos llevaba a sitios que no tenían nada que ver con lo que estaba en el guión. Seth nos dejaba seguir porque se daba cuenta de que nos estábamos divirtiendo. Algunas de las escenas más graciosas de la película surgieron cuando seguimos hablando después de que había acabado lo que estaba en el texto, y simplemente tratábamos de no reírnos. Seth es muy bueno en ese sentido. Pero teníamos una buena base, porque el guión era sólido y muy divertido.

— ¿Filmar con tantos cuerpos semidesnudos cerca te ha hecho apreciar más la belleza humana?

— Por supuesto. Pero por otro lado estamos tan concentrados en el trabajo que no había lugar para las distracciones. De todos modos, debo reconocer que algo esencial para Baywatch es ese espíritu sexy. Creo que está en nuestra película y que lo hemos llevado al extremo, al menos en este nivel. Queríamos que no hubiese dudas de que esto era Baywatch. Creo que la audiencia no ha podido ver la playa y ese espíritu sexy en una película en mucho tiempo, todo combinado con una buena dosis de acción y comedia. Por eso estoy muy entusiasmado. Pero vamos, aprecio la belleza humana.

— ¿Veías la serie cuando se emitía?

— No, era muy pequeño. Recuerdo haber visto algunos episodios pero es un recuerdo muy borroso para mí. Vamos, una vez que supe que iba a trabajar en esta película me he puesto a verla, he visto parte de la primera temporada y los episodios que son considerados los mejores, en los que salen los rescates más logrados y ese tipo de cosas. Debo de haber visto unos ochenta y cinco u ochenta y seis episodios, y las escenas en el océano son verdaderamente buenas en la serie. Es asombroso lo que hicieron.

— ¿Qué es lo que has aprendido sobre los salvavidas?

— Mucho. Ver los episodios de la serie Los vigilantes de la playa me sirvió para darme cuenta de cuál era la onda, y de verdad me pareció asombroso. Son como los bomberos del océano. Es un trabajo que requiere mucha acción, y los que lo hacen en la vida real son auténticos héroes.

— ¿Serías un buen salvavidas en la vida real?

— No lo sé. Tal vez si dedicara toda mi vida a hacerlo podría llegar a converirme en uno decente pero el océano es un sitio muy complicado. Debo reconocer que la parte de nadar en el mar ha sido lo más difícil en este rodaje.

— ¿Cómo te llevas con el agua?

— Muy bien. Siempre me encantó el mar pero nunca tuve que nadar durante mucho tiempo o rescatar a alguien. Sé nadar lo suficientemente bien como para hacer surf o submarinismo, y subirme a una ola pero ahora me siento lo suficientemente entrenado como para competir en un triatlón. Quiero poder lograrlo y me estoy preparando para poder hacerlo.


Atendiendo al realizador Seth Gordon en el rodaje.


— ¿Alguna vez tuviste un encuentro cercano con un tiburón?

— He tenido muchos encuentros con tiburones. Cuando hacía surf en Hawai me sumergí en aguas repletas de tiburones. Incluso, una vez, me monté en un tiburón tigre. No estaba en una jaula. Estábamos buceando a pulmón libre y de pronto apareció un tiburón tigre. La corriente me puso en su camino. Era una zona repleta de tiburones al lado de nuestro barco. El instructor me dijo que volviera hacia el barco. El tiburón estaba detrás de mí y pensé que si nadaba en sentido contrario podía palpar mi miedo y eso iba a ser mucho peor. Por suerte era un tiburón amistoso. Hasta el día de hoy estoy agradecido de que haya sido así. Si me hubiera puesto de costado habría visto ocho hileras de dientes. Por suerte no pasó. Me miró a los ojos. Contuve el aliento y crucé los brazos. Simplemente me dejé llevar por la corriente. Luego me cogí a su aleta y me llevó durante diez segundos. Increíblemente me acercó hacia el barco y salí del agua. Más tarde se quedó dando vueltas cerca de nuestra embarcación. A lo mejor acababa de comer. Por suerte no fue agresivo con ninguno de nosotros. Nos quedamos en ese lugar durante unos cuarenta y cinco minutos. Puedes ver toda esa historia en mi página de Facebook.

— ¿Resultó difícil filmar en Miami Beach con todos los «paparazzis» siguiéndote?

— No fue terrible. Ese día filmamos la carrera de obstáculos, así que no estaba prestándole atención a los paparazzis. Me preocupaba más poder hacer las cosas bien. Lo de colgarme de esas instalaciones fue idea mía y quería que se viera muy bien en la película, por eso hice todo lo necesario para poder llegar al final. Tuve un día para practicar, aunque creo que la idea original era usar un doble de cuerpo durante la mayor parte de la escena, y por eso construyeron esa instalación para que resultara impactante. Estaba a cuatro metros y medio del suelo sobre una piscina de casi un metro de profundidad. Eran obstáculos reales. Pude hacerlo todo con la excepción de la escalera de salmón. Eso sí que fue muy difícil.

— ¿No tuviste ningún encuentro con fans en la playa?

— No, por suerte no, aunque un par de personas se me acercaron. El problema es que no podías darte cuenta de quién era quién porque todo el mundo estaba en traje de baño.

— ¿Te asustan más los fans o los tiburones?

— Los tiburones, sin duda. Si tengo que elegir, créeme que prefiero quedarme con los fans.


«Hemos invertido los estereotipos de la serie»


— ¿Te gustan las cartas que te envían tus admiradoras?

— Me encantan. Creo que lo único que uno puede devolver es aprecio y amor. La razón de que hoy esté aquí y pueda hacer lo que me gusta son ellos y eso es un regalo en sí mismo. Cada vez que me encuentro con un fan que se ha sentido tocado por mi trabajo y que me dice algo, es muy importante. De verdad lo valoro.

— ¿Cual ha sido la mejor carta de un fan que has recibido?

— No voy a darte detalles, pero es asombroso todo lo que saben sobre mí. Todos los que me escriben me protegen mucho, tienen una enorme intuición, son muy inteligentes y me demuestran su amor. A veces, algunas de las cartas más largas que recibo me sirven para cambiar mi perspectiva y recordarme quién soy. Hay gente muy especial allí afuera y estoy muy feliz de que sean mis fans.

— ¿De qué manera lograron hacerte cambiar tu perspectiva?

— No puedo explicarte los detalles, pero me pasa con difererentes personas en diferentes lugares. Encontrarme cara a cara con un fan es una experiencia surreal. Además, es bueno mostrarles que no soy alguien especial, que soy una persona normal y corriente y que somos iguales en muchas cosas. Cuando alguien me regala un elogio, le digo que me ha hecho feliz de la misma manera en que espero haberles hecho feliz.

— Tu personaje ha ganado dos medallas de oro. ¿Y tú? — Bueno, hice mucha improvisación cuando era muy joven. Era parte de un equipo que participaba en competiciones escolares. Inicialmente entramos en la competición regional. Si ganabas, participabas de la estatal. Y si ganabas, lo cual hicimos, ibas a la internacional, en donde participaron equipos de muchos países. La final tuvo lugar en Tennessee y mi equipo ganó ese año. Fue un momento inolvidable de mi vida.

— ¿Alguna vez te planteaste seguir otra profesión en la que te dedicaras a salvar a los demás?

— Sí. Tengo un tío que es médico. Cuando era pequeño sacaba muy buenas notas, jugaba con la idea de estudiar medicina. Pensaba que podía llegar a ser un buen doctor. Es, en cierta forma, una profesión soñada, la de salvar vidas humanas. También lo hacen los salvavidas. Debo confesar que me encanta intepretar a héroes, y estos lo son de verdad.

— ¿Te resulta más fácil trabajar en una película musical como la que has hecho a continuación «The Greatest Showman»?

— Por supuesto. Todo lo que tenga que ver con la música es algo mucho más familiar para mí. Creo que The Greatest Showman va a ser una película única, porque es muy diferente. Me entusiasma que el público podrá descubrir a nuestro director Michael Gracey, en su primera superproducción, y también haber podido participar porque es simplemente maravilloso. Y Hugh Jackman es asombroso.

— ¿Tuviste que luchar por ese papel?

— No, porque conozco a Michael Gracey desde hace años. Nos vemos al menos una vez al año. Cada vez que coincidimos, siempre está a punto a dirigir un proyecto asombroso. En cada ocasión es muy divertido escucharle hablar de su trabajo. Creo que es un hombre asombroso. Desde un principio quedó claro que yo no iba a poder trabajar en todas las películas que preparaba, pero sí que nos caíamos muy bien. Cuando sonó el teléfono y apareció su número pensé que me estaba llamando para invitarme a comer. Sin embargo, me preguntó sin rodeos si me interesaba participar en un musical. Me explicó que él lo iba a dirigir. Le dije que sí de inmediato y entonces le pregunté quien más iba a trabajar, y me dijo que Hugh Jackman. Creo que cuando colgué salí de mi coche y me puse a bailar en la calle. Es fantástico. Es un visionario. La idea de trabajar con Hugh me pareció fabulosa. Todavía no me puedo creer que haya participado en ese proyecto.

— ¿Tuviste que prepararte mucho para esa película?

— Sí. Fue un sueño hecho realidad. Como volver a formar parte de un grupo de teatro. Tuvimos que pasar por ensayos de baile muy intensos. La idea era que no se notara que estábamos bailando, aunque lo estuviésemos haciendo.

— ¿Qué es lo que más te gusta además de filmar?

— Disfruto mucho viajando. Me encanta ir a nuevos lugares, conocer culturas y descubrir comidas. Me fascina viajar por el mundo, y busco sitios que tengan que ver con la naturaleza.

— ¿En donde has estado últimamente? — Estuve haciendo surf en Costa Rica. Fue muy divertido. Fui a la jungla, y allí había pitones y jaguares, entre muchos otros animales. Me fascina explorar y conocer a gente a la que no le importa lo más mínimo esta industria. Es en esas circunstancias en que uno puede crecer y aprender como individuo. En esos sitios me encuentro con gente a la que no le interesa el dinero, y no necesitan nada de mí. Si puedo hacerme amigo de esa gente, me siento muy bien, porque me parece un logro. Cuando estoy allí, soy simplemente un ser humano interactuando con otro, y a nadie le interesa ni le importa si soy famoso o no.

— ¿Cómo surge un Zac Efron? ¿La explicación puede encontrarse en tu infancia?

— Por supuesto. Crecí en una familia de clase media, en la que no nos sobraba el dinero. Para conseguir las cosas que quería tenía que estar ahorrando durante mucho tiempo. Pero mis padres tenían una presencia muy fuerte en nuestras vidas, y siempre nos estaban alentando a que probáramos cosas nuevas. A mi padre le fascinaban los deportes y todos los días nos preguntaba qué actividad física teníamos ganas de hacer, si queríamos practicar béisbol o jugar al baloncesto. De alguna manera me inspiró a concentrarme en la actividad física, y le estoy muy agradecido por eso, porque en esta profesión tener un buen estado físico es algo muy importante. En cambio mi madre fue la que estimuló mi el amor por la música. Siempre estábamos tomando lecciones de piano, algo que entonces odiaba pero que también me ha ayudado mucho. Siempre había algo para hacer cuando volvíamos de la escuela, más allá de ls deberes y los videojuegos. De todos modos nunca destaqué en los deportes. Siempre había otro niño que era más rápido que yo. Por eso supe desde muy pequeño que no me iba a convertir en deportista. Lo mismo pasaba en la escuela. No era el más inteligente de la clase, aunque vamos, sacaba buenas notas, pero tenía que trabajar diez veces más duro que los que eran muy inteligentes. Ellos nunca tenían que estudiar o esforzarse para tener un buen promedio. Por eso siempre estuve buscando qué era lo que podía hacer en lo que me pudiera destacar. Aquello en lo que nadie pudiese ser mejor que yo. Y así fue como descubrí el teatro. Me puse a hacer obras de teatro, y tengo que admitir que al principio mis amigos se burlaron de mí. Me convertí en el chico raro de la clase. Me decían «el loco del teatro», pero no me importaba, porque finalmente había descubierto quién era yo: exactamente ese, el loco del teatro.

— ¿Por qué crees que las películas musicales como «High School Musical» tuvieron tanto éxito?

— No lo sé. Solo puedo decir que los musicales eran mis películas favoritas cuando era niño, pero entonces a nadie más le gustaban. Y ni hablar de trabajar en comedias musicales, todos pensaban que era una tontería. Les decía a mis amigos que no sabían lo que se estaban perdiendo. Siempre me pareció lo más divertido del mundo. Me alegra muchísimo que otra vez se hayan puesto de moda, y cuando aparecieron series televisivas como Glee que tuvieron tanto éxito no podía contener mi felicidad.

Gabriel Lerman

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