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Superman II

Los últimos hijos de Krypton

Empezada por Richard Donner, y terminada y firmada por Richard Lester, «Superman II» (1980) fue la popular secuela del primer «Superman» de Donner. Volvieron a protagonizarla Christopher Reeve, Gene Hackman y Margot Kidder, secundados por Terence Stamp, Jackie Cooper y E.G. Marshall.


Hablar de Superman II supone tener que hacerlo de Superman (1978; ver Cult Movie en núm. 193), dado que ambas películas fueron producidas y rodadas en continuidad a fin de abaratar costes. La idea no era nueva, pues ya la habían puesto en práctica sus productores, el dúo formado por el polaco Alexander Salkind (1921-1997) y su hijo Ilya (n. 1947), cuando engatusaron a un extraordinario elenco de estrellas para que protagonizara dos películas por el sueldo de una: el díptico Los tres mosqueteros (Los diamantes de la reina) (1973) y Los cuatro mosqueteros (La venganza de Milady) (1974), dirigido por el firmante de Superman II, el norteamericano Richard Lester (n. 1932), a quien todavía suele catalogársele como cineasta británico porque llevó a cabo el grueso de su carrera en el Reino Unido.

Dos directores, un film

El director de Superman II era inicialmente el mismo que el de Superman, Richard Donner, y en esta secuela repetían sus mismos protagonistas: Christopher Reeve (Superman), Marlon Brando (Jor-El), Gene Hackman (Lex Luthor), Margot Kidder (Lois Lane), Jackie Cooper (Perry White), Marc McClure (Jimmy Olsen), Valerie Perrine (Srta. Teschmacher) y Ned Beatty (Otis). A ellos hay que añadir a los intérpretes de los supervillanos de Krypton, vistos en la primera secuencia de Superman y que centran la acción de Superman II: Terence Stamp (general Zod), Sarah Douglas (Ursa) y Jack O’Halloran (Non), este confundido en ocasiones con Richard Kiel, dado su parecido físico.

Al igual que Superman, el grueso de la filmación de Superman II tuvo lugar en los londinenses estudios de Pinewood, comenzando en abril de 1977. Los problemas empezaron desde el principio: dado el elevado coste de producción y rodaje de los dos films –más de 50 millones de dólares de la época–, los Salkind y su socio, el productor francés Pierre Spengler, tuvieron que llegar a un acuerdo con la distribuidora Warner Bros., concediéndole los derechos de explotación de la franquicia en el mercado no norteamericano y los derechos de emisión por televisión a cambio de un incremento de presupuesto.

Fue entonces cuando los Salkind y Spengler empezaron a culpar a Donner del encarecimiento de la producción por su lentitud, enzarzándose en agrias discusiones. Lester, hombre de confianza de los Salkind y coproductor no acreditado en Superman, trató de calmar los ánimos, sugiriéndole a Donner en agosto de ese año que terminara las escenas para Superman II que necesitaban a Gene Hackman, Valerie Perrine, Ned Beatty y el veterano E.G. Marshall –quien encarna al presidente de los Estados Unidos, papel que le fue ofrecido a Henry Fonda–, y luego se concentrara en la postproducción de Superman. Donner las completó en octubre y el rodaje quedó temporalmente suspendido.



La primera secuela de «Superman», fruto de un conflictivo proceso de producción


A esas alturas era evidente que Donner no iba a tener a punto Superman para las navidades de 1977 –el film no se estrenaría en los EE.UU. hasta el 10 de diciembre de 1978–, lo cual provocó que los Salkind y Spengler le destituyeran como director de Superman II el 15 de marzo de 1979, con la primera película ya estrenada y funcionando a todo tren, reemplazándole por Lester. No obstante, este no fue la primera opción de los productores, quienes tantearon en primer lugar al británico Guy Hamilton. Las circunstancias que envolvieron el despido de Donner siguen estando turbias. En una entrevista publicada en marzo de 1978 en «Variety», Donner explicaba que no terminaría Superman II mientras Spengler fuese el productor. Este último, en el audiocomentario incluido en 2006 en una edición en formato doméstico del film, se defendería explicando que Donner fue invitado a acabar la películar pero que se negó. No es esa la opinión de Donner, quien en 1989 había declarado a la revista «Starlog» que se enteró de que había sido echado de Superman II por un telegrama.



Un relevo conflictivo

La salida de Donner tuvo consecuencias a muchos niveles. El guionista Tom Mankiewicz, asesor creativo y guionista no acreditado del primer Superman, también abandonó la producción en solidaridad con Donner, aunque figura acreditado en Superman II por razones contractuales: fue él quien, siguiendo instrucciones de Donner, había impreso a Superman el tono épico y romántico del cual carecía el guión de Mario Puzo, David y Leslie Newman y Robert Benton, mucho más inclinado hacia la comedia y que Donner siempre calificó como «ridículo». Otro tanto hizo el montador Stuard Baird, reemplazado por el colaborador habitual de Lester John Victor Smith. El gran director de fotografía Geoffrey Unsworth tampoco completó su labor en Superman II porque, aprovechando la paralización de la filmación, se incorporó a la del film de Roman Polanski Tess (1979), durante la cual fallecería, el 28 de octubre de 1978: eso explica que el primer Superman le esté dedicada; su sustituto sería Robert (Bob) Paynter. Por su parte John Williams, compositor de la partitura del primer film, no hizo la del segundo por sus compromisos previos con George Lucas, pero recomendó a un amigo suyo, Ken Thorne, para que compusiera la banda sonora usando sus temas para Superman.

¿Quién hizo qué?

A fin de reanudar la producción con las novedades producidas sobre la marcha, Lester había encargado a David y Leslie Newman una reescritura del libreto, en la cual introdujeron la secuencia en la que Superman rescata a Lois en la Torre Eiffel, y aquélla en la que Lois trata de demostrar que Clark Kent es el Hombre de Acero arrojándose a las aguas del Niágara para que la rescate. Lester dio la primera vuelta de manivela el 1 de junio de 1979. El rodaje empezó mal desde el primer día… ¡con la inesperada muerte del diseñador de producción John Barry!, víctima de una meningitis, quien se derrumbó de repente en el plató de Pinewood contiguo al de Superman II donde se estaba haciendo El Imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980; núm. 374), para la que Barry trabajaba como director de segunda unidad; fue sustituido por Peter Murton.

La principal estrella de la primera película, Marlon Brando, fue suprimida de la segunda (para la cual había filmado con Donner todas sus escenas) por el despecho de los productores, a los que el famoso actor había logrado demandar con éxito para que le abonaran 50 millones de dólares en concepto de participación en las ganancias de Superman. Eso explica que se volviera a contratar a Susannah York, la intérprete de Lara, la madre de Superman, para que hiciera parte de las escenas inicialmente previstas para Brando. Tampoco se pudo volver a contar con Gene Hackman, porque ya había completado todas sus escenas con Donner y no podía regresar para los reshoots al estar trabajando en Rojos (Warren Beatty, 1981), lo que obligó a completar sus escenas con un doble de cuerpo. Las mismas razones alegaron Ned Beatty, Valerie Perrine y E.G. Marshall para no volver, por lo que sus personajes fueron recortados.

A pesar de que la película incluye exteriores en Canadá, París, Noruega y Santa Lucía, el grueso de la misma fue filmado en Pinewood a fin de abaratar costes. Lester se encargó de completar la secuencia más espectacular, la cual también había sido empezada por Donner: la batalla de Superman contra los tres villanos de Krypton. El momento en que Zod, Ursa y Non provocan un huracán por las calles de Metrópolis con su superaliento fue filmado a lo largo de tres noches en un gigantesco decorado utilizando enormes ventiladores e improvisando sobre la marcha buena parte de las caídas y gags protagonizados por los especialistas. La escena en la que Ursa y Non arrojan un autobús repleto de pasajeros sobre Superman se logró combinando un vehículo a escala real sostenido por una grúa, una maqueta a escala mucho más reducida movida con cables y miniaturas.

Concluida la producción en marzo de 1980, Superman II se estrenó en diversos países del mundo, entre ellos España (el 11 de diciembre de ese año), antes que en los Estados Unidos, a donde llegó el 21 de junio de 1981. Allí obtuvo una excelente recaudación de 14 millones de dólares de la época en su primer fin de semana, y acabó su explotación comercial con más de 101 millones en cines norteamericanos y un total mundial de 190 millones.

La cuestión sobre quién dirigió qué partes de Superman II sigue estando abierta a discusión. En el núm. 8 de la revista norteamericana «Retrovision», Edward Gross recogía unas declaraciones de Tom Mankiewicz afirmando que «Dick Donner rodó la mayor parte de “Superman II”. Lo más importante que hizo Lester fue la secuencia en la que Lois se tira al agua en las cataratas del Niágara. Lester también rodó la batalla aérea de Superman contra los tres villanos, y la secuencia en la que aquéllos atacan y destruyen un pueblo. Aparte de eso, incluso la escena en la que Gene Hackman entra en el “Daily Planet” después de la batalla contra los villanos fue rodada por Dick». Lester se defendía declarando que «Dick filmó una pequeña parte de “Superman II”. Si calculamos lo que Dick hizo en la segunda película vendría a ser un 12% del total, y a ello habría que añadir algunos otros directores de segunda unidad que añadieron su parte al material». Estas palabras de Lester parecen contradecirse con la versión que afirma que el Director’s Guild of America le exigió volver a rodar numerosas escenas ya filmadas por Donner si quería ser acreditado como único director. Acaso eso explique que en el montaje de Superman II llevado a cabo por Donner en 2006 (ver recuadro) aparezcan escenas procedentes del montaje visto en cines: muchas son escenas de Donner rodadas de nuevo por Lester.



Una secuela irregular

Puede verse Superman II como un producto intermedio entre el inteligente respeto al personaje llevado a cabo por Donner y el inicio del tono humorístico que acabaría apoderándose de la franquicia en Superman III (1983), firmada por Lester en solitario. Si bien Superman II pasó durante mucho tiempo por ser el mejor film de la serie, lo cierto es que se trata de una película desequilibrada, sobre todo comparada con la original. Puede deberse, como ya hemos apuntado, al impasse que tuvo lugar entre la marcha de Donner y su sustitución por Lester. En cualquier caso, eso se nota en el resultado: pese a no faltarle buenos momentos, que hasta cierto punto justifican el prestigio que ostentó esta secuela, también es verdad que otros aspectos funcionan por debajo de lo esperado. Como en el primer film, pero con menos intensidad, Superman II concentra parte de sus esfuerzos en un ahondamiento del proceso de humanización del superhéroe, en este caso profundizando en su love story con Lois Lane. Pero aquí ha desaparecido casi por completo la sugerente ambivalencia del primer Superman: el humor con el que están revestidas las apariciones de los villanos de Krypton y sus aparatosas fechorías resulta algo grueso; y la suave ironía con que se había mostrado la perplejidad del superhéroe ante nuestro mundo se sustituye por un sarcasmo en torno a su sexualidad: la consumación de su amor por Lois pasa por convertirle primero en un ser humano normal y corriente, a fin de evitar –como escribiera en su momento Roman Gubern– que Superman destroce su vagina con sus ímpetus amorosos. Superman deja de ser «super» para convertirse tan solo en «man», pero lo hace a costa de perder su carácter excepcional e ingresar, ni que sea temporalmente, en la vulgaridad. Ello no obsta para que dicha situación desemboque en un momento atractivo: Superman, convertido en Clark Kent, tiene una pelea tabernaria con un desaprensivo que concluye con el descubrimiento del color de su propia sangre y su sabor en su boca. Pero incluso esta sugerente idea tiene su contrapunto negativo: una vez recuperados sus poderes, Clark regresa al restaurante y le da su merecido al mismo hombre que le humilló, en una secuencia pensada únicamente para dar una gratuita satisfacción infantil al espectador.



No es de extrañar que donde mejor funciona Superman II sea en los detalles, en los cuales podemos rastrear parte de los aciertos del primer film, que en sus momentos más espectaculares. La secuencia íntima entre Clark y Lois en la habitación del hotel de Niágara donde están alojados, en el curso de la cual la segunda descubre la identidad secreta del primero, se sostiene en gran medida por la convicción de sus intérpretes. El regreso de Clark, vencido y humillado, a la Fortaleza de la Soledad en el ártico, donde intenta recuperar sus poderes, tiene fuerza. Pero, a pesar de estos apuntes, el humor acaba enseñoreándose de la función, con resultados desiguales. La batalla de Superman contra los villanos de Krypton por las calles y los cielos de la ciudad de Metrópolis está planificada y resuelta con eficacia, pero su excesiva duración y sus toques de humor malogran un tanto sus resultados. Y el clímax en la Fortaleza de la Soledad carece de la fuerza apoteósica que sería de desear.

Tomás Fernández Valentí


« SUPERMAN II » : EL MONTAJE DE RICHARD DONNER

En 2006, coincidiendo con el estreno de «Superman Returns» (Bryan Singer, 2006), se lanzó en formato doméstico en los Estados Unidos «Superman II: El montaje de Richard Donner», una edición especial del film supervisada por Richard Donner, y producida y editada por el montador Michael Thau, que pretendía ser el montaje casi definitivo que hubiese querido estrenar Donner en cines, caso de haber podido concluir la película. Este montaje incluye, por un lado, escenas de la versión estrenada en cines de «Superman II», muchas de ellas dirigidas por Richard Lester pero a partir de material previamente rodado por Donner (quien en el prólogo de esta edición especial se refiere a Lester como el director al que llamaron para completar su trabajo «…y de cuyo nombre no quiero acordarme»). Pero también incorpora numerosísimo material de Donner no empleado ni refilmado por Lester, y cambios importantes en el guión.

«Superman II: El montaje de Richard Donner» enlaza con el prólogo de «Superman» (que repite usando ángulos alternativos inéditos) y el clímax de la misma. Descubrimos así que la explosión atómica que libera a los tres villanos de Krypton fue como consecuencia del misil lanzado por Lex Luthor y arrojado al espacio por Superman (recordemos que todo el episodio en la Torre Eiffel fue añadido por Lester). La trama sigue bastante fielmente la del montaje visto en cines, pero con interesantes variantes, y sobre todo, muchos encuadres alternativos bastante más elegantes y efectivos que los de Lester. Hay una graciosa secuencia en las oficinas del «Daily Planet», en la cual Lois sospecha que Clark es el Hombre de Acero y se arroja por la ventana de la redacción para obligarle a salvarla, cosa que Superman hace con la ayuda de un toldo y un carro de fruta sin poner en peligro su identidad secreta: el plano en el que Clark/ Superman sale corriendo de la redacción a supervelocidad, levantando una nube de papeles, es excelente (recordemos que la escena en la que Lois se arroja a las aguas del Niágara aquí no aparece). La revelación de que Clark es Superman delante de Lois es diferente; la secuencia, por cierto, no es la definitiva, sino una de las pruebas de cámara que Christopher Reeve y Margot Kidder interpretaron antes de ser contratados; pese a todo, la misma es más ingeniosa que la del montaje para cines: aquí, Lois consigue que Clark se descubra disparándole… una bala de fogueo.

Superman también lleva a Lois a la Fortaleza de la Soledad, pero, atención, le hace el amor sin necesidad de renunciar previamente a sus superpoderes. Dicha renuncia se produce tras una conversación de Superman con el holograma de su padre Jor-El, quien le advierte seriamente de lo peligroso de su decisión de querer convertirse en un ser humano normal y corriente, algo en principio irreversible. Más tarde, Clark regresa a la Fortaleza de la Soledad y recupera sus superpoderes abrazándose a la imagen holográfica de su padre, quien había previsto esta circunstancia, pero advirtiéndole también que esa será la última vez que hablarán: el holograma descarga toda su energía en Clark, repitiendo aquella famosa frase del primer film: «el hijo se convertirá en padre, y el padre, en hijo». También hay muchos ángulos alternativos (y no tanto humor) en la pelea de Superman contra los tres malvados de Krypton en Metrópolis y en el clímax en la Fortaleza de la Soledad, la cual el Hombre de Acero destruye con su supervista una vez acabado todo (y dejando en el aire el destino de Lex Luthor, en teoría atrapado en esa misma Fortaleza que Superman hunde en las aguas del ártico). Finalmente, Superman vuelve a invertir el tiempo dando vueltas alrededor de la Tierra, como en la primera película, a fin de que Lois lo olvide todo en relación a su identidad secreta. Recordemos que el montaje para cines concluía con una especie de «beso mágico» de Clark a Lois borrando la memoria de esta última, una idea que no convencía ni a Donner ni a Tom Mankiewicz pues, según este último, «Clark nunca debe besar a Lois».

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