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ABRACADABRA

Todo vale, nada importa

España, 2017. Director: Pablo Berger. Con: Maribel Verdú, Antonio de la Torre, José Mota, Josep María Pou, Quim Gutiérrez.


Es inteligente por parte de Pablo Berger concluir su tercer largometraje con un plano del rostro de Maribel Verdú acariciado por la lluvia y la esperanza. No solo porque la interpretación de Verdú –que, en un cine de hechuras materiales y espirituales superiores al español, sería una gran estrella– constituya uno de los máximos alicientes de la película. Sino por el juego casi fetichista de texturas y color que establece la fotografía de Kiko de la Rica con la piel, los ojos, el vestuario y los complementos de la actriz. La estética en verde y malva de Abracadabra, que apela al potencial de lo mágico y, por qué no, lo siniestro, para trastocar escenarios de cotidianidad chocarrera, hace mucho más por el relato de las cuitas de un ama de casa de extrarradio cuyo marido empieza a comportarse de manera incomprensible a raíz de una sesión de hipnotismo, que una labor de escritura y realización lindante con lo caótico. Como sucedía en Blancanieves (2012) –su ópera prima, Torremolinos 73 (2003), continúa siendo su mejor film–, Berger se mueve entre la fábula y lo realista, pero sin sentido de la gradación ni el tono a la hora de reflejar y confrontar uno y otro ámbito. El resultado de ello es una ficción sugestiva durante sus compases iniciales, pero, según transcurren los minutos, cada vez más arbitraria, hasta desembocar en la indiferencia casi absoluta del espectador. Es una lástima que Berger –que, no lo olvidemos, ganó el Goya a la mejor película por Blancanieves–, ruede tan poco y haya de jugarse cada una de sus películas a la carta más alta, lo que supone una presión que las imágenes de Abracadabra no soportan.

Diego Salgado

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