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Paco Plaza

Director de «Verónica»

Con una filmografía centrada en el cine de terror y que se prologa a lo largo de estas dos últimas décadas, el cineasta valenciano Paco Plaza se ha convertido en una de las presencias más estimulantes del panorama nacional. Charlamos con él sobre «Verónica», su última película, basada en un hecho real sucedido en el Madrid de los primeros años 90.


— ¿Cómo llegaste a este proyecto y a esta historia real?

— Fue un poco ofrecimiento del productor, de Enrique Lavigne. Tenía claro que (él) quería hacer una película sobre el caso real de estos sucesos en Vallecas y fue él quien se dirigió a mí para ofrecerme la película. Cuando empezamos el proceso de investigación sobre el proyecto es cuando nos dimos cuenta que no podíamos únicamente rodar una reconstrucción de los hechos del caso. He tratado que la película fuera mucho más allá de eso, aunque seguro que los telespectadores de Cuarto Milenio pueden reconocer algunos de los datos más conocidos del expediente y algunas anécdotas más que hemos incluido de otros casos similares que también pasaron en el Madrid de los 90, que estuvo lleno de fenómenos un tanto inexplicables.


«Teníamos claro que la película tenía que funcionar por sí misma, con independencia de los hechos reales»


— ¿Fue difícil encontrar ese punto entre respeto a la historia real y construir el relato de la película?

— Sí, era algo que teníamos claro desde el primer momento. La película tenía que funcionar sola, por sí misma, independientemente de si se conocía el caso o los hechos o si el espectador estaba interesado en este tipo de fenómenos. Es la historia de Verónica, una adolescente con una serie de circunstancias peculiares a la que le ocurren estos fenómenos que ella misma acaba provocando. Por eso queríamos huir del tópico de basado en una historia real y recalcar que más bien era una historia ambientada en la realidad y en un caso en concreto.

— Una de las claves de la película es el casting infantil. ¿Cómo llegaste a estos actores? Tú que ya has trabajado con actores infantiles en otras de tus obras, ¿cómo te resultó esta vez la experiencia de rodar con ellos?

— Sí, fue un proceso realmente costoso y arduo, que sabíamos que iba a ser una de las decisiones claves de la película para que tuviera credibilidad. Nuestra directora de casting se vio con casi 800 niñas para hacer de Verónica hasta que elegimos a Sandra Escacena. A partir de ahí, seguimos otro proceso distinto para elegir al resto del casting, sobre todo en el referente a los hermanos de Vero. Queríamos un proceso más basado en la interacción entre los niños y Sandra. Tenía muy claro que uno de los aspectos básicos para que la película funcionase era la naturalidad de todo el reparto infantil, que las interpretaciones fueran creíbles. A veces bromeaba con todo el equipo que en realidad quería que rodásemos un documental sobre esta familia pero es que realmente era así. Cuando estás en un núcleo familiar y te crías con tus hermanos o con tus primos, suelen existir dos mundos, el adulto y el mundo infantil de los niños, y yo quería meter la cámara en ese mundo.

— La película juega constantemente con esa línea que separa la realidad de la paranoia en la que parece vivir la mente de Verónica. Desde un punto de vista cinematográfico, ¿cómo intentaste reflejar esas dos realidades?

— Sí, la película juega mucho con ese aspecto. Hay muchas pistas a lo largo de todo el metraje sobre todo a nivel lumínico y de juegos con las luces. Quería que se explorase esa idea de dos realidades. De aquello que puede ser verdad y aquello que no. Hay un momento en la película, una imagen, donde dejé claro precisamente este salto entre dos dimensiones y que, a partir de ese momento, las reglas habían cambiado para siempre. En ese aspecto es una película muy psicológica.

— No es la primera vez que una peli tuya subvierte la idea de la nostalgia y la convierte en algo casi peligroso. ¿Cómo definirías tu relación con la nostalgia dentro de «Verónica»?

— No me gusta mucho esa idea de la nostalgia como refugio o lugar seguro, no quería que fuese una película sobre la nostalgia y que esta se apropiase de la propia película. En los años que transcurre el film, yo tenía una edad parecida a la de Verónica. Me gustaba Héroes del Silencio y tenía algunos de los juguetes que aparecen en las habitaciones de los críos y la película. Quería que esa nostalgia fuese una recreación de la época en la que transcurren los hechos que una evocación que nos acabase engullendo.

— La película, aparte del relato de terror, parece conjugar otras pequeñas historias alrededor de su protagonista como podría ser el paso de la vida infantil a adulta o la propia condición económica del personaje de Verónica. ¿Cómo llegaste a estos pequeños subtextos?

— Fueron cosas que me fueron interesando a raíz del guión y de ir creando el personaje de Verónica. Pensaba en ella como una especie de versión femenina de Peter Pan. Alguien que no quiere o no puede crecer debido a las circunstancias que le rodean. No fue algo que surgiese de una manera premeditada. En ningún momento pretendía rodar una película de terror con mensaje.

— En los últimos años el cine de terror para adolescentes parece haber sufrido un pequeño bajón en cuanto a producción y repercusión se refiere. Tú en cambio, has decidido zambullirte de lleno en él. ¿Qué es lo que más te llamó la atención de aproximarte a este género?

— No especialmente, pienso que realmente no es una película de terror adolescente por mucho que la protagonista tenga esa edad o haya críos en la película. Un a de mis referencias a la hora de empezar a rodar fue Cria cuervos de Carlos Saura, precisamente por esa mirada sobre una edad en concreta, pero el hecho de que la protagonista sea adolescente es un hecho coyuntural, no considero a la película como una muestra de terror adolescente. Creo que juega en otra liga.



— ¿En algún momento durante la preproducción de la película tuviste miedo que se la pudiese comparar con una saga de tanto éxito reciente como «Expediente Warren» debido a que comparten pequeños detalles?

— No, en ningún momento lo pensé. Más allá de tener algún punto en común, como estar las dos ambientadas en historias reales o sucesos parapsicológicos, no creo que tampoco tengan mucho que ver. Cine de terror basado en historias reales siempre ha habido y siempre va a haber. Ya sea Terror en Amityville o El manantial de la doncella.

— Durante años parecía que había una generación de directores de género a la que tú perteneces que se iba a comer el mundo y que gozaban de gran reputación en el extranjero, pero sin embargo parece que ahora os está costando sacar adelante vuestros nuevos proyectos. ¿Crees que os ha faltado apoyo y reconocimiento en nuestro país?

— Yo personalmente no me puedo quejar. A veces las circunstancias de los proyectos son las que son pero hay ejemplos de cine de género que han funcionado muy bien dentro de nuestro país como El orfanato y Los ojos de Julia. Es verdad que siempre nos han tratado muy bien en el extranjero, nosotros no podemos pensar únicamente en hacer cine de puertas para dentro y que se mantenga como un fenómeno local.

Roberto Morato

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