Conectar
Ir arriba

Kathryn Bigelow

DIRECTORA DE «DETROIT»

Han pasado cinco años desde que estrenó «La noche más oscura», con el que volvió a recibir una nominación al Oscar a la Mejor Película, y también su segunda candidatura al Globo de Oro a la Mejor dirección. Desde entonces, Kathryn Bigelow también ha experimentado con la realidad virtual, filmando «The Protectors», un corto documental sobre los guardas forestales que protegen a los elefantes en África, pero a la vez ha trabajado sin descanso en la reconstrucción de los tristes incidentes ocurridos durante un levantamiento popular en Detroit en 1967, cuando la policía martirizó a un grupo de afroamericanos y dos mujeres blancas por ser sospechosos de haber disparado desde las ventanas del motel Algiers. «Detroit», una nueva demostración de cómo la reconstrucción histórica y la ficción pueden ir de la mano, promete volverla a colocar en la carrera por los premios.


Cómo te involucraste en este proyecto?

Fue a principios de 2015 cuando Mark Bool me contó el incidente en el motel Algiers, a propósito de lo que estaba pasando en Ferguson, Misuri. Me pareció que fue un momento muy emocionante que valía la pena contar, sobre todo porque habían pasado cincuenta años desde que ocurrió y por desgracia resultaba muy contemporáneo y oportuno. Comenzamos a hablar con Mark sobre la posibilidad de desarrollar un guión sobre el tema. De esa forma empezamos.

— Hay quienes critican que esta historia haya sido contada por una realizadora blanca y no por un director afroamericano. ¿Qué es lo que dices al respecto?

— Que tienen algo de razón. De hecho fue una de mis primeras preguntas cuando comencé a estudiar la posibilidad de dirigir esta película. Me pregunté honestamente si yo era la directora correcta para llevar esta historia al cine. Quizá no lo sea, pero esta era una historia que merecía ser contada y sabía cómo hacerlo. Por otro lado, todos tenemos derecho a participar en el debate sobre los conflictos raciales. Todos tenemos que hacernos cargo de que existe en el mundo un racismo que está infiltrado en las instituciones, tal como se ve en la película. Por eso me pareció que era muy importante narrar lo que ocurrió, y eso mitigó algunas de mis dudas.

— ¿Es cierto que no podías conseguir los derechos del libro que narra estos acontecimientos?

— Sí, es cierto. Su autor falleció y dejó instrucciones específicas para que su libro no fuera adaptado a la pantalla. La verdad es que desconozco los detalles pero no me detuve por ese inconveniente, porque me pareció que era muy importante volver a reconstruir la historia, y por suerte había mucho material sobre la rebelión de Detroit y lo ocurrido en el hotel Algiers. «Detroit Free Press», un diario maravilloso, tiene cuatro periodistas que ganaron el premio Pulitzer por contar lo que pasó durante la rebelión. Es un evento del que se ha hablado mucho, y consecuentemente tuvimos mucho material para desarrollar los personajes y mucha información visual, como filmaciones documentales, fotografías, los archivos policiales con todas las fotos que se tomaron en el hotel, así como mucho material sobre la rebelión en sí. Hubo tres personas con las que hablé personalmente, Melvin Dismukes, Billy Hisel y Larry Cleveland, que fueron muy elocuentes describiendo sus experiencias, y la tragedia que se desarrolló a su alrededor. Poder contar con todos esos detalles nos ayudó mucho para preparar la película.

— ¿Quiénes son ellos en la película?

— Melvin Dismukes es el personaje que interpreta John Boyega, el guardia de seguridad. El hecho de que haya sido el guardia de seguridad que estaba cuidando la tienda del otro lado de la calle del Algiers, y que viera el centelleo de los disparos y escuchara el informe policial, es muy importante. Fue uno de los primeros que, junto con la Guardia Nacional, algunos policías del estado y la policía de Detroit entraron en el motel Algiers, y buscaron el arma que pensaron que era la que se había usado para efectuar los disparos. Julie, el personaje que interpreta Hannah Murray, en realidad era una chica de cabello oscuro, que tenía respuestas muy duras, y sigue siendo una mujer muy fuerte. Estuvo en el plató conmigo todos los días. Si hacía una secuencia que involucraba su personaje, miraba su reacción, y en la mayoría de los casos, nos decía que estaba muy bien. Pero también aportó muchísimos detalles y corrigió pequeñas inexactitudes mientras filmábamos, por lo que ese grado de minuciosidad sobre lo que ocurrió fue muy importante. Y luego está Larry. Tanto para él como para Melvin este evento los destrozó emocional, espiritual y fisicamente. Es algo que percibes cuando pasas tiempo con ellos. Es como si hubieran ido a la guerra. No creo que nadie pueda pasar por una experiencia como esa y salir ileso.

— ¿Hablaste con los policías?

— No. Dos de ellos fallecieron, pero no, no hablé con el que todavía vive.

— O sea, que la historia está contada desde el punto de vista de las víctimas…

— Más bien desde la perspectiva de nuestra investigación. Hay muchos testimonios judiciales, por lo que creo que la opinión de los policías también está en nuestra película, a través de lo que declararon en el juicio en el que resultaron absueltos. Por lo tanto había muchísimo material que nos sirvió para crear la historia y que es la espina dorsal de esta película.

— ¿Encaraste la búsqueda del elenco o los ensayos de alguna forma diferente debido a un tema tan sensible como este?

— No. Elegí al elenco improvisando. Creaba situaciones y les proponía a los candidatos que improvisaran la escena. Eso me ayudó mucho, porque pude ver cómo respondía cada persona al estar contra la pared con las manos levantadas, mientras les cacheaban. No fue el proceso tradicional de selección del elenco, donde tienes el guión y los candidatos leen parlamentos. Fue todo mucho más físico, porque eso era lo que requería la película. Supongo que mi intención era tratar de humanizar lo impensable. Por eso traté de recrear las situaciones que se vivieron en la vida real, para ver cómo cada candidato reaccionaba.


«Como cineasta que no se conforma con entretener, creo que hay que estimular el debate»


— ¿Por qué elegiste a Will Poulter para el papel, teniendo en cuenta que es un actor con el que el público simpatiza de inmediato?

— Porque el policía que hizo todo eso en la vida real tenía veintidós o veintitrés años. Todos los oficiales que entraron en el Algiers eran muy jóvenes. Por otro lado, Detroit es una película, no un documental, por lo que hay una dosis de ficción. Pero la juventud y el tiempo que llevaban en el trabajo era un elemento que había que incluir en la historia, porque eran demasiado jóvenes e inexpertos.

— La secuencia del hotel es a ratos insoportable… — Creéme que fue mucho peor experimentar de verdad todo lo que pasó. Julie, que como te dije estaba allí todos los días con nosotros, me insistía en que lo que pasó de verdad fue mucho peor que lo que mostramos en la película. Fue una situación horrible, y no hay otra manera de enfocarlo. Obviamente rodar estas secuencias fue muy difícil para todos nosotros, para el elenco y el equipo técnico, pero a la vez había una gran sensación de camaradería y sabíamos que lo que estábamos haciendo tenía un sentido, y eso nos ayudó a afrontarlo. Filmar esas escenas nos llevó unas tres semanas y media y todo el mundo estuvo tan lúcido como pudo en una situación así. Creo que sin esa camaradería, y si no hubiésemos sentido que formábamos parte de un equipo, la experiencia nos habría resultado intolerable. Por suerte todos sentíamos que estábamos contando una historia trascendente, y que eso era lo más importante. Eso fue lo que nos ayudó a revivirlo ante las cámaras sin morir en el intento.

— ¿Por qué te pareció importante mostrar el juicio posterior en lugar de terminar el film en el hotel?

— Porque el juicio es lo que hace que esta historia resulte tan contemporánea. Fue algo que ocurrió hace muchos años, pero lamentablemente parece que fue ayer y también podría ocurrir mañana. Por eso fue tan importante incorporar toda esa parte.

— ¿Has notado si la audiencia reacciona de manera diferente dependiendo de su raza y condición social?

— Es muy difícil generalizar. Supongo que los afroamericanos van a reaccionar de una manera diferente que un espectador de raza blanca, aunque mi impresión es que todo tiene que ver con el grado de concienciación de cada espectador. Insisto en que es algo de lo que no se ha hablado durante cincuenta años, y sin embargo, es muy contemporáneo.

— ¿Sientes que los incidentes ocurridos en Detroit ayudaron a la decadencia de Motown como movimiento musical?

— Es probable. Motown nunca se recuperó después de esos acontecimientos. De todos modos, no soy la persona más indicada para hablar sobre ese tema. Ciertamente era parte del ADN de la ciudad y particularmente el hotel Algiers era el epicentro donde se reunían los músicos y los artistas, blancos y negros. No estaba limitado a una raza en particular. Era un sitio increiblemente creativo y estimulante, como lo fue Nueva York en el mundo del arte en la década de los 70. Ciertamente la música era parte del ADN de esa ciudad.

— ¿Has escuchado a Larry cantando en un coro?

— No, no le escuchado, pero en YouTube se puede ver un vídeo en donde se le ve cantando con Algee Smith una canción que se llama «Grow» y que Algee escribió. Su padre es el que toca el piano y es maravilloso escucharla. En ese tema él se pregunta cuándo llegará el momento en que crezcamos como sociedad. Es una canción hermosa. Si tienes dos minutos, te la recomiendo.


El elenco de protagonistas de «Detroit», en una de las «premieres» del film.


— ¿Crees que hay alguna forma de resolver el problema del racismo en Estados Unidos?

— Es una pregunta muy importante. Creo que la razón esencial por la que uno hace una película como esta es para estimular una conversación, especialmente sobre algo tan trágico en la cultura norteamericana como el racismo que está instalado en las instituciones, lo mismo que los prejuicios inconscientes. Es realmente ridículo. Estuve hablando con un amigo mio que creció en Sudáfrica, sobre las conversaciones que hubo con respecto a la verdad y a la reconciliación, y cómo lidiaron con el Apartheid. Fue algo que funcionó muy bien y que resultó muy productivo. En cambio las discusiones sobre racismo que tienen lugar en Estados Unidos, si bien uno no puede decir que no existen, se acercan a eso. Por eso espero que esta película sirva para que los norteamericanos se decidan a hablar del tema. Y por encima de todo, para que pueda generar un diálogo profundo que empiece a construir un puente sobre las cosas que nos dividen. La semana pasada hicimos una proyección privada en Washington DC en la que el anfitrión fue el diputado John Conyers, que es interpretado en la película por Laz Alonso, el hombre que está subido al auto con el megáfono, diciendo que no hace falta prenderle fuego a todo, que van a encontrar una solución a sus problemas. Un hombre adorable. Tiene un proyecto que ha presentado al Congreso para que se terminen las evaluaciones por perfil. Su intención era lograr que Detroit sirviera para generar debates entre los congresistas que pudieran ayudar a que se apruebe su proyecto de ley. Por eso creo como cineasta que no se conforma con entretener, y que hay que estimular el debate.

— ¿Por qué crees que tienes una mirada tan diferente sobre los conflictos raciales de la que tienen otros norteamericanos?

— Crecí en el norte de California, que es una región muy progresista, y mis padres eran muy liberales. Mi madre trabajaba en educación y mi padre en una fábrica de pintura, por lo que tuve una formación muy sólida y muy vinculada a las artes y a los idiomas. A los 14 años me llevaron a Haight-Ashbury, que es un barrio de San Francisco muy vinculado a la cultura hippie, y eso me sirvió para aprender sobre la revolución cultural, que a ellos les entusiasmaba mucho. Lo mismo me pasó a mí. Todo lo que vi me encantó. Por lo tanto puedo decir sin ninguna duda que tenía padres progresistas. Y eso tuvo una gran influencia en mí. Pero si uno no nace en el norte de California ni tiene padres que están tan dispuestos a que sus hijos presencien o participen de movimientos contraculturales, puede tener una mirada del mundo muy diferente si no existiera un sistema educativo con una mirada muy abierta y tolerante. Creo que eso también ayuda a tener una visión diferente de las cosas y a que te vuelvas mas tolerante y receptivo. Debo confesar que cuando era pequeña nunca se me ocurrió que había una mirada diferente de la mía. Jamás se me hubiera ocurrido. Por eso me interesó tanto la propuesta de una congresista que tiene un proyecto para terminar con los prejuicios inconscientes. Ella dice que es imperativo que tanto en el entrenamiento policial que los aspirantes a oficiales reciben hoy en día como en el sistema educativo se prepare a la gente joven para que reconozcan los detonantes que pueden hacer que reacciones de una manera u otra. Mientras hacía la película me di cuenta de que existen y que hasta ahora no me había percatado de cómo funcionan.

— ¿Qué es para ti un detonante?

— La congresista, que se llama Brenda Lawrence, dio el ejemplo de un hombre que camina con una capucha en la cabeza. Es muy difícil que eso no genere una reacción negativa de inmediato. Eso es lo que ella llama un detonante. Y explica que hay que enseñarle a los oficiales de policía y a la comunidad en general a tener una reacción tolerante y neutral. Por eso es muy importante terminar con el uso de perfiles raciales y, cada vez que alguien es parado por la policía por su aspecto, debe de haber una explicación de por qué les ha parecido sospechoso. Esa sería una forma de modificar esto que está sucediendo con tanta frecuencia en Estados Unidos.

— Tú has superado muchos prejuicios como la primera mujer que ganó un Oscar a la Mejor Dirección…

— Es cierto, y a decir verdad todavía me parece ridículo que haya tenido que vivir un prejucio de esa naturaleza, pero preferí ignorarlo. Estoy segura de que existe. Vamos, existe, no solo en el mundo del cine ni solo en este país, está en todas partes. Pero si uno lo reconoce, en cierta forma le está dando más credibilidad. Por eso yo puedo decir que el género no es algo a lo que le preste atención conscientemente. Diría que es una parte inconsciente de mi experiencia de vida. Pero jamás sentí que filmara de una manera diferente porque soy mujer…

— ¿Pero no sientes que has tenido que superar ciertos prejuicios?

— Sí, es probable. Si no hubiesen existido, estoy segura que habría filmado muchas más películas desde The Loveless hasta ahora. Eso puede ser un indicador de cierta resistencia con la que me encontré en mi camino, pero básicamente siempre traté de ignorarla. Lo cierto es que en muchas ocasiones pasaron años hasta que pude finalmente hacer otra película. Creo que ese es el mejor indicador de que tuve que superar ciertos prejuicios.

— ¿De qué manera compararías los prejuicios contra los afroamericanos con los que deben enfrentar las mujeres?

— Es un tema muy complejo, y el hecho de que hubiera habido dos mujeres blancas en el hotel ha sido considerado como el verdadero detonante de toda la situación de violencia. Fue allí donde los incidentes comenzaron a desarrollarse y escalaron muy rápidamente como consecuencia de que ellas estuviesen allí. Obviamente hay prejucios raciales y contra las mujeres que son inconscientes, pero que existen. ¿Cuál es la forma de identificarlos y desactivarlos? Yo uso una frase de James Baldwin que dice: «nada cambia si no se le hace frente». Por eso todo pasa por entender.


«Los afroamericanos reaccionarán de manera diferente que un espectador de raza blanca»


— Has rodado «The Protectors», un documental en VR, ¿Tú crees que ese formato es el futuro del cine?

— No sé sí es el futuro pero es una frontera. Creo que depende de cómo se utilice, y siento que en las dos películas lo que hay es un deseo de crear una empatía, una conexión con el espectador, porque si no la tienes no puedes cambiar nada. La empatía te da la oportunidad del cambio, pongámoslo de esa manera. La empatía no es lo mismo que la simpatía. En otras palabras, la oportunidad de humanizar la historia de esas víctimas de la violencia policial en el Algiers fue muy importante para empezar a tener un detonante sobre el tema de la raza en Estados Unidos, y también una oportunidad para establecer una relación con estos guardas forestales que son la última línea de defensa para evitar la extinción de una especie completa. Para poder comprender cabalmente lo que es levantarte por la mañana y ponerte el poco equipamiento que tienes para salir a enfrentarte a gente que cuenta con una muy buena financiación y con armas muy poderosas. Es otra forma de usar el cine como vehículo para compartir información además de para contar una historia que puede tener un impacto social. Creo que ambas películas sirven para experimentar en carne propia lo que es una experiencia ajena. En un caso, lo que es ser un joven afroamericano desarmado en medio de una rebelión en 1967 o lo que es ser un guarda forestal en el Garomba Park de la República Democrática del Congo, probablemente el sitio más peligroso del mundo, contando solamente con un par de zapatos y sin siquiera tener un radio que te permita informar si alguien de tu equipo ha sido herido por las balas. Estos elefantes son como cajeros automáticos que se mueven en cámara lenta para las milicias que salen a cazarlos para quitarles el marfil y luego venderlo, para así poder comprar otro AK-47 y continuar con sus nefastas actividades. Fue una oportunidad para crear empatía y de esa forma generar concienciación. En el caso de The Protectors me pareció importante que quedara la sensación de que no se supiera qué es lo que podía pasar después de que termina el film. Pero hay grandes organizaciones que se ocupan de este tema, Public Allies es una y Equal Justice es otra. He hecho proyecciones de esa película con un coloquio posterior y la gente se me acerca para preguntar de qué manera puede ayudar. Me dicen que no se pueden quedar de brazos cruzados, que después de enterarse de lo que está pasando allí tienen que hacer algo. Yo les remito a estas organizaciones y eso es algo que me reconforta muchísimo.

— Hoy en día debe de haber muchas adolescentes que te admiran y quieren ser directora como tú. Pero en tu época, no tenías a casi nadie a quien admirar. ¿Te sentiste sola todos estos años?

— En realidad, primero fui pintora. Trabajé en el mundo del arte y en determinado momento descubrí el cine, o mejor dicho, el cine me descubrió a mí. Lo cierto es que empecé a hacer cortos en el contexto del mundo del arte cuando era joven. Y algo que siempre me interesó mucho del mundo del arte es que el tema de los géneros nunca tuvo demasisada importancia. Lo que importaba era el trabajo, el contenido, la manera en que uno lo encaraba y cómo proponía sus ideas. No importaba si quien lo hacía era una pintora o un pintor. Solo contaba el tema. Y creo que en mi desarrollo como artista he logrado conservar esa perspectiva. Siempre he visto las cosas de esa manera y creo que me ha ayudado mucho a lo largo de mi carrera. Por lo tanto, no veo el trabajo o las películas que hago desde una perspectiva femenina, o mi mirada y mi evaluación en base al contenido. Por eso para mí es tan importante que el contenido sea un desafío. Es la misma manera como se encaran las cosas en el mundo del arte.

— ¿Pero de adolescente no te llamaba la atención el cine?

— No. Mi relación era con el arte. Yo pintaba. Me fascinaban los impresionistas, los prerrafaelitas, el expresionismo abstracto. Mi obsesión era la pintura, y cuando descubrí el cine, lo hice desde el arte. Llegué con una mirada muy inocente. Había estado metida durante tanto tiempo en el mundo del arte que cuando desemboqué en el cine lo hice con un enorme entusiasmo. Durante dos o tres años estudié todo con fascinación, porque todo me parecía muy exuberante. Digamos que devoré el compendio de la historia del cine en ese período. En la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde me gradué, tuve unos profesores extraordinarios, entre ellos Andrew Sarris y Milos Forman, que era el director del departamento de cine y un hombre muy brillante. Digamos que conté con el entusiasmo y la guía de algunas mentes increíbles cuando me topé por primera vez con el cine.

Gabriel Lerman

Más en Entrevistas