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SPIDER-MAN: HOMECOMING

El chico de rojo (y azul)

USA, 2017. Director:Jon Watts. Con: Tom Holland, Michael Keaton, Robert Downey Jr., Zendaya, Marisa Tomei, Jacob Batalon.


Que la franquicia Spider-Man haya necesitado un segundo reboot apenas tres años después de la anterior (y horrorosa) The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro no solamente es síntoma de la incapacidad de Sony para comprender la idiosincrasia del personaje, sino también del miedo de la propia Marvel a dejar envejecer al personaje, y a perder por el camino la esencia de ese teenager superado por las circunstancias que crearan, a principios de los 60, Stan Lee y Steve Ditko. De ahí el esfuerzo que hace Spider-Man: Homecoming de proyectar sobre el personaje, mejor que el díptico de Marc Webb, la esencia de la generación millenial, centrando para ello la trama, más que en su enfrentamiento contra Adrian Toomes (Michael Keaton), en su proceso de aprendizaje y maduración como superhéroe. De ahí que, a diferencia de las anteriores incursiones en el universo del personaje, aquí el acento no esté puesto en el lado aventurero de la trama, sino en las situaciones cómicas que provocan tanto la inocencia como la torpeza de Peter (Tom Holland), y que por momentos le asemejan más al Inspector Gadget que a Spiderman… Lo que sintoniza con el humor humillante de la nueva comedia americana, como la obra previa de sus guionistas originales, Jonathan Goldstein y John Francis Daley, pero no tanto, como aseguraba Jon Watts, con el cine de adolescentes a lo John Hughes. En todo caso, ese desenfado le resta trascendencia y, sobre todo, sentido de la épica a las cuitas de su protagonista, enfangadas en una trama construida (y reconstruida) en comité que pierde demasiado a menudo el foco dramático. Y es que Homecoming comete el error de confundir ligereza con mera superficialidad, y desde esa perspectiva reduccionista están tratados todos los conflictos de los personajes principales: a brochazo limpio. Que no se llegue a sacar auténtico provecho de ese reflejo proletario de Tony Stark (Robert Downey Jr.) que supone Toomes, ni se plantee la más mínima posibilidad de que sus acciones estén moralmente justificadas, define a la perfección el conformismo creativo y dramático sobre el que se sostiene un largometraje que se queda muy corto en demasiados sentidos. Cierto es que las set pieces están al nivel de las producciones en solitario de Marvel Studios (no en vano, las ha rodado un veterano de la casa, John Mahaffie), pero no son tan brillantes como para compensar esa sensación que empieza a adueñarse de las producciones de Kevin Feige: el aire episódico, superficial, que provoca su concepción seriada, y que impide que lleguen a alcanzar peso específico como largometrajes.

Tonio L. Alarcón

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