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ATÓMICA

El espía que surgió del frío

USA, 2017. Director: David Leitch. Con: Charlize Theron, James McAvoy, Sofia Boutella, Toby Jones, John Goodman.

El discurso nihilista de Atómica refleja un infierno nada ficticio: nada ni nadie es de fiar siquiera un segundo. David Leitch, antiguo especialista (y se nota), dirige el primer largo en solitario tras John Wick, junto a Chad Stahelski. Charlize Theron (Lorraine) salva la cinta de lo adocenado, impone personalidad gélida y calculadora como espía del M16 ultradotada física y mentalmente, al estilo de Angelina Jolie en Salt, The Tourist, y variantes como Wanted, o de otras féminas diestras en lucha estilo Gina Carano en Indomable, de Steven Soderbergh, o Anne Parillaud en la fundacional y gala Nikita: ye uno de sus motivos principales para hacer Baby Driver: con el fin de eliminar el persistente rumor auditivo que le ha quedado, Baby escucha siempre canciones con auriculares y cintas de casete; solo la música atenúa la molestia y el dolor y, de paso, coloniza la banda sonora del film con un exceso de temas (de lo más variado, entre el AOR y el rock mainstream y la recuperación de rarezas progresivas como el «Hocus Pocus» de los holandeses Focus) que invaden las imágenes hasta doblegarlas. cey obliga a Baby a trabajar para él con el fin de saldar una deuda del pasado. El altruismo no es lo suyo. Sin embargo, acaba sacrificándose para que el joven y su amada escapen. ¿Por qué? ¿A qué se debe ese cambio digno de un drama criminal adolescente y romántico? ¿Sacrificio cuando no hay atisbo de empatía, escrúpulos o respeto hacia los demás en el personaje de Spacey? El propio actor se siente tan despistado con este giro que la secuencia en la que se produce es la peor de su registro. Dos: el personaje de Jon Hamm, uno de los atracadores que habitualmente contrata Spacey para sus robos, es por el contrario de los pocos que deja entrever una cierta comprensión. Pero, en otro giro a trompicones, acaba convirtiéndose en una suerte de psycho killer que se enfrenta a Baby de manera obsesiva y nunca termina de morir. Wright ha tenido momentos infinitamente mejores (aunque el gag en plena preparación de un atraco con el pequeño sobrino de Spacey es destacable). Quim Casas damas que emulan a James Bourne, siendo James Bond el arquetipo cuyos últimos films, que incorporan acción y violencia espectaculares a la moda (imágenes de impacto versus contenido) presentan parejas superagentes. La cinta se inspira en el cómic de 2012, «La ciudad más fría» (guión de Antony Johnston, dibujo de Sam Hart). Corre 1989; Berlín es un hervidero: cae el muro. Una lista de agentes dobles occidentales en Rusia está en manos de un mercenario soviético que vende al mejor postor; Lorraine debe recuperarla a toda costa mientras evoluciona entre una maraña diabólica: un MacGuffin manido (aunque denota que la caída del muro no detiene el espionaje) para un film de hiperrealista acción brutal y continua al uso con ínfulas de pretendida trama críptica pero que, finalmente, y pese a una sorpresa final que después de tantos giros mareantes tampoco es para tanto, no deja de ser un efectivo (eso sí) entretenimiento veraniego de poco personaje. Las superwomen venden de hace tiempo, pero lejos queda el realismo contundente y la verosimilitud de El espía que surgió del frío o, sin más, El puente de los espías. Tiempo de tebeos.

Ignasi Juliachs

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