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MATTHEW VAUGHN

Director de «Kingsman: El círculo de oro»

«SOY DE LOS QUE PIENSAN QUE HOLLYWOOD HACE DEMASIADAS SECUELAS»

Aunque todavía está rodando cuando recibe a «Imágenes de Actualidad» en un lujoso hotel de Londres, Matthew Vaughn se da el gusto de mostrar la primera secuencia completa de la película, porque va editando a medida que avanza y ajustando detalles cada día. Muestra lo que ya ha hecho con la satisfacción que tiene un padre orgulloso, pues la segunda parte de «Kingsman» es más producto de su imaginación que la de Mark Millar y Dave Gibbons, los autores del cómic en el que se basó el primer film. Y si bien todavía le quedan muchos meses de trabajo, el realizador británico se siente más que seguro de que tiene otra carta triunfadora en la manga.


Esta es tu primera secuela como director. ¿Cuales son los desafíos de hacer una segunda parte?

Es algo que estoy aprendiendo cada día. Debo confesar que al principio tenía muchas dudas sobre si hacer esta película o no porque soy de los que piensan que Hollywood hace demasiadas secuelas. Cuando una película tiene éxito suelen subir la apuesta y aumentar el presupuesto, pero eso no las vuelve mejores. No estaba muy interesado en una segunda parte, hasta que un día me desperté con la historia en mi cabeza, y en ese momento la posiblidad pasó a tener sentido. Kick-Ass 2 me sirvió para aprender cómo no se debe de hacer una secuela. Además lo que ocurrió con ese film me asustó, porque el objetivo nunca fue hacer una película tan espantosa. Es verdaderamente difícil encarar una segunda parte porque la audiencia quiere más de lo mismo, y cuando se lo das, te dicen que no tiene originalidad y que es aburrida, o que se ha alejado de lo que esperaban, por lo que todo pasa por encontrar un equilibrio. La experiencia de Kick-Ass 2 me sirvió también para cuestionarme si quería darle la película a otro director, y decidí que no, que la tenía que hacer yo. Y ahora estoy entusiasmado. Ha sido duro, pero divertido. Aprendí mucho haciendo esta película, y también ha sido un poco extraño verla con la audiencia, probando diferentes cosas y recibiendo notas de gente en la que confío. Es un desafío, pero por otro lado creo que si uno no lo siente así, no está haciendo una buena película.

— Debe de ser más fácil escribir el guión cuando te despiertas con la historia en tu cabeza…

— Para mí, las cosas se dan o no se dan. Nunca he escrito más de dos bocetos antes de sentir que tenía un guión. Porque para mí es como el trabajo de un arquitecto, lo complicado no es imaginar la casa que quiero hacer, sino darme cuenta de cuál es el proceso técnico con el que la voy a construir, que es la forma de sacar lo que está en mi loca cabeza.

— ¿De qué manera te complementas con Jane Goldman en el trabajo de guión?

— Comenzamos usando tarjetas en las que escribimos la esencia de las escenas, lo hablamos y lo hablamos, y cuando lo pensamos todo de principio a fin, todo pasa por ejecutar el plan que tenemos. Jane sabe cómo seguir con lo que propusimos y no desviarse. Yo suelo irme por las ramas. Hay cosas que no puedo filmar aunque me muero de ganas de hacerlo, y Jane me pide que por favor no lo haga. Digamos que ella pone el corazón y la calidez y yo aporto la locura.

— ¿En qué medida se fue modificando el guión mientras rodabas?

— Ha ido cambiando en el montaje, porque es muy largo y hay que cortar. Yo busco trabajar con los actores para que exista un sentimiento de camaradería entre ellos. Y eso ayuda a que piense que es una buena idea improvisar, por lo que aquello que se suponía que iba a durar entre treinta y cuarenta segundos termina durando cuarenta minutos. Así que tuvimos que cortar muchísimo, aunque algún día seguramente me atreveré a hacer una versión más larga de la película, porque estos actores conocen tan bien a sus personajes y se llevan tan bien entre ellos que tuve que dejar fuera escenas realmente buenas. Pero odio las películas largas, así que en ese sentido ha sido muy duro decidir qué dejar.

— ¿Qué es lo que nos puedes contar de la película?

— Que empieza con una persecución automovilística. Yo sentí que lo más importante era que esta fuera la continuación del viaje personal de Eggsy. En la primera película, se parecía a Luke Skywalker y cuando termine la segunda, vas a saber mucho más sobre él. Lo más complicado fue desarrollar Kingsman 2 pensando en Kingsman 3, para la que ya tengo algunas ideas. Es una especie de puente, y si logro que funcione, voy a hacer una tercera. Odio comparar Kingsman con Star Wars pero es el otro universo cinematográfico que todo el mundo entiende. Digamos que El Imperio contraataca expandió el universo y mostró más cosas de sus personajes, además de dejarte en un punto que te quedabas esperando el tercer film. Y con esta película espero poder hacer algo similar.

— ¿Qué otras secuelas te inspiraron?

— La que para mí es la mejor secuela de toda la historia del cine es El padrino 2, que me pareció genial. Las segundas partes nunca fueron buenas y por eso entre las pocas que me gustaron además de El Imperio contraataca están Star Trek 2 y la de El Señor de los Anillos.

— ¿Qué es lo que querías contar sobre los Kingsman en esta segunda parte?

— Todo gira en torno a Eggsy. Los Kingsman son una estructura de la misma manera en que lo fue Excalibur para el rey Arturo, pero la historia trata sobre Eggsy y sus aventuras.

— ¿Quiénes son los Statesmen?

— Son norteamericanos y son exactamente lo mismo que los Kingsman en Inglaterra pero en Estados Unidos. De niño yo estaba obsesionado con James Coburn, Steve McQueen y luego Burt Reynolds. Por eso tomé algunas de sus características y las reimaginé para recordarle a las audiencias que hubo una época en la que ser norteamericano estaba de moda.

— ¿Cuando por primera vez la historia, ya estaba la villana, Poppy, el personaje que interpreta Julianne Moore?

— Sí. Es más, ese fue precisamente el punto de partida porque es muy difícil crear una historia relativamente original cuando se trata de una continuación. Poppy es muy bella y bastante demente, pero muy lógica, y obviamente tiene el sueño de querer apoderarse del mundo. A ella le preocupa el medio ambiente. A mí me encantan los villanos que cuando hablan tienen cierta razón, aunque sus métodos no sean los más apropiados para resolver los problemas. Creo que la mitad de la audiencia va a estar de acuerdo con lo que ella dice, aunque espero que no aprueben sus acciones.

— ¿Qué es lo que hace Merlín, el personaje de Mark Strong, en la segunda parte?

— Merlín es un hombre muy fuerte, que está siempre allí. Sobrevive porque no es un Kingsman. No tiene el mismo código que los demás y esa es la razón por la que logra salir airoso de la destrucción. Lógicamente es la única persona en la que confía Eggsy.



— ¿Sentías que esta película tenía que ser más ambiciosa y de mayor presupuesto que la anterior?

— No, para mí lo mas importante era la historia y la conexión emocional con los personajes. Si además los podíamos poner en una situación más compleja pues muy bien, y además teníamos más dinero, y como en la primera película no pude concretar algunas ideas, me permití el lujo de poderlo hacer en la segunda parte. Pero no fue un objetivo. Las audiencias hoy en día saben cómo funciona el CGI y que se puede hacer lo que uno quiera, pero a mí no me interesa filmar de esa manera. Hay una escena en la película que involucra a un taxi donde filmamos el noventa por ciento en escenografías reales. Hicimos todo de verdad, con un taxi real, y casi nada de CGI. Intentamos filmar escenas de acción de una manera segura y que se vieran de la manera más realista posible. Me encantó hacer la escena con la que comienza la película, estrellando todos esos coches.

— ¿Cuantas escenografías reales construiste para la película?

— Construimos todos los platós, particularmente el de Poppy Land, que es verdaderamente impresionante. Muchas veces en las películas de Marvel ves a actores ganadores del Oscar en escenas en las que te das cuenta que estaban mirando una pelota de tenis tratando de imaginar qué es lo que va a estar allí. Me resultaba muy difícil explicarle a mi elenco qué era Poppy Land, porque conceptualmente es como Estados Unidos en la década de los 50, con elementos camboyanos y kuwaitíes. Así que me fue mucho más fácil construirlo. Además es mucho más fácil filmar así, simplemente ubicas la cámara y ruedas, en lugar de tener que trabajar con un técnico de efectos visuales para que te diga todo el tiempo dónde van a agregar las cosas en CGI. De esta forma es más rápido y más facil. Fue más duro para los que tuvieron que construir los platós y también fue triste destruirlo todo una vez que terminamos de rodar.

— ¿Tienes planificada alguna escena que supere a la de la iglesia en la primera película?

— Por supuesto, pero la escena de la iglesia en aquel film tenía un objetivo y ese era que la audiencia entendiera que cuando la maquinaria se pone en marcha, ya no se puede detener, porque lo que ves es a un hombre muy bueno y a los asistentes a la iglesia sureña totalmente enloquecidos y matándose entre ellos. Digamos que era una necesidad que surgió de contar esa historia. Pero sí, hay muchas otras escenas igualmente complicadas de las que estoy muy orgulloso, aunque en ningún momento se me ocurrió que había que superar lo que habíamos hecho en el primer film, porque eso sería simplemente «secuelitis». Es muy curioso que la gente se acuerde tanto de la escena de la iglesia, porque ciertos ejecutivos que ya no trabajan para el estudio insistieron mucho en que tenía que quitarla. ¿Si tenemos escenas de acción de las que esté igualmente orgulloso y que sean tan o más ofensivas que la de la iglesia? Sí, por descontado. Pero siempre supe que tenían que ser diferentes de esa otra escena, debían tener su propio estilo y su propia razón de ser. Puedo decir que hay en total cuatro escenas que, si te gustó la de la iglesia, te van a encantar, pero no me parecería bien que la audiencia les compare, porque no se parecen en nada. Estamos contando una historia diferente. Nunca iríamos a esa violencia hiperrealista solo para mantener la cámara rodando porque nos hemos quedado sin ideas.

— Algo muy interesante son los perros robots que tiene Poppy…

— Tuvimos que construirlos, porque no había otra manera de resolverlo.

— ¿Cómo se te ocurrió esa idea?

— Vi un documental sobre los Boston Dynamics, que son unos perros que fueron construidos para ayudar a los soldados. Les diseñaron originariamente para la guerra, pueden corren, pueden reaccionar y me dieron un gran susto cuando los vi por primera vez. Digamos que los que hicimos para la película están basado en la tecnología que han usado para esos perros que hoy se ofrecen por internet.

Gabriel Lerman

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