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Algo pasa con Kathleen

Es oficial. Otro que muerde el polvo, que diría Freddie Mercury. Otro realizador más de Star Wars que ha sido despedido de Lucasfilm por diferencias creativas con la cúpula directiva. No es que Colin Trevorrow haya provocado grandes simpatías dentro del mundo de los aficionados al cine, pero no deja de ser sintomático que, en menos de un año, se hayan cargado a tres de los directores jóvenes más prometedores del momento, al menos en cuanto a recaudación taquillera se refiere. No olvidemos que, antes de que fuese la comidilla de la industria por el cachondeíto provocado por su última película, The Book of Henry, venía de hacer Jurassic World, que en el momento de su estreno fue la tercera película más taquillera de todos los tiempos. Nada mal para una franquicia que estaba más que muerta para Universal, y que, de la noche a la mañana, se ha convertido en un mastodonte gigante capaz de llenar las arcas del estudio.

Obviamente hay un problema dentro de Lucasfilm. Cualquier adulto que sepa sumar 1 y 1 debería ser capaz de verlo. Desde la adquisición de la compañía por parte de Disney y la toma de poder de Kathleen Kennedy como máxima responsable de la productora –¿o debería decir estudio?–, las víctimas han ido cayendo como si se tratase de una secuela de Viernes 13. Primero, Michael Ardnt, uno de los guionistas jóvenes más pujantes de la industria, responsable de éxitos como Toy Story 3 o Pequeña Miss Sunhine, y que iba a ser el responsable único del libreto de El despertar de la Fuerza… Hasta que Kennedy y Abrams se cruzaron por el camino, y decidieron que lo mejor sería que el propio J.J y un Lawrence Kasdan resucitado de entre los muertos se encargasen del asunto. No voy a ser yo el que cante las alabanzas del guión de Ardnt: está en internet, accesible para cualquiera que tenga un poco de curiosidad. No es bueno, pero al menos no es ese mamotreto nostálgico sin sentido o estructura que parieron Abrams y Kasdan a cuatro manos, y que acabó recaudando tantísimo dinero que cada vez que lo recuerdo, una lágrima recorre mi mejilla… ¡Y no soy de los que lloran con facilidad!



Con el poder de los muchísimos millones de dólares acumulados, Kennedy, como si de una surfera californiana se tratase, empezó a montar las olas de la compañía y del poder, y a estar aún más encima del proceso creativo. Así que la siguiente víctima, como todo el mundo sabe, fue Gareth Edwards, quien estaba a los mandos de Rogue One, el primer spin-off galáctico de la saga. A estas alturas de la película, la jugada es conocida: reshoots, más metraje rodado, la llamada millonaria y a contrarreloj de un nuevo guionista, Tony Gilroy, ya no solo para añadir o quitar material, sino para convertirse en el supervisor y «salvador» de la película, rumores sobre el rodaje de nuevas escenas donde no estaba presente el director –viendo el material final, no cabe duda de esto–, etcétera, etcétera… De nuevo las cosas no le salieron mal a Kennedy puesto que, aunque la película obviamente no llegó a los abusadores niveles económicos del Episodio VII, tuvo un buen puñado de buenas críticas y recaudó sus buenos millones en cines. Si a alguien le interesa la opinión del que escribe esta columna –y estoy convencido que así es–, se trata de la mejor película de Star Wars desde tiempos inmemoriales. Y en estas llegamos a lo verdaderamente importante y conflictivo…No sin antes hacer un pequeño parón en el camino para recordar que Lucasfilm también «dejó marchar» a Josh Trank del rumoreado spin-off de Bobba Fett que se iba a presentar en una conferencia de Star Wars, alegando, entre otras cosas, que la ausencia del realizador se debía a que estaba con gripe en su casa. Dados los antecedentes de Trank dentro de Fox y Cuatro Fantásticos, concederemos el beneficio de la duda al equipo de Kennedy por no haber querido lidiar con alguien supuestamente problemático. Pero ha sido este año cuando las cosas han escalado a niveles verdaderamente alarmantes. Phil Lord y Chris Miller fueron contratados a bombo y platillo para encargarse del spin-off de Han Solo. Era el dúo de directores del momento, habían conseguido crear tres franquicias de propiedades intelectuales absolutamente residuales y, por si fuera poco, habían robado el corazón de la crítica y el público, puesto que cada una de las películas que rodaban era aún mejor que la anterior. La jugada era maestra: contratando al dúo de directores más talentoso de su generación, permitirían al universo tener el golpe de aire fresco que hacía años demandaba. Todo bien sobre el papel, la operación de marketing perfecta… Hasta que empezaron a rodar. No es que a Lord y Miller les hayan despedido por unas pequeñas desavenencias antes del rodaje y por las diferencias de enfoque: es que la película llevaba meses de rodaje. No hablamos de una simple operación de maquillaje, hablamos de que el grueso de la producción ya estaba más que terminado, y que se les despide a última hora, teniendo que llamar a la carrera a un amigo de la casa –Ron Howard– para terminar el rodaje e intentar pegar un giro de timón a base, nuevamente, del rodaje de escenas adicionales. ¿Qué es lo que ha pasado detrás de las bambalinas? Pues las versiones difieren. Al cabo de los días, los trades –que así es como se llaman a las publicaciones importantes de cine tipo «Variety»– empezaron a publicar toda clase de rumores de Miller y Lord siendo un desastre en el plató, que nadie confiaba en ellos, que trabajaban sin guión, que el trabajo del actor principal era infame gracias a las nulas indicaciones de los cineastas… Básicamente que eran unos incapaces. Nada mal, teniendo en cuenta que aunque el dúo no hubiese trabajado nunca levantando un blockbuster, sí que tenían experiencia en el manejo de grupos, puesto que vienen curtidos del campo de la animación y no hay proceso más arduo en Hollywood que precisamente dicho género. Obviamente, detrás de esa estrategia publicitaria se encuentra Kathleen Kennedy, una de las productoras más importantes de la industria norteamericana, y con contactos muy poderosos en todas las esferas desde hace décadas. No hace falta ser un experto en conspiraciones para saber que nada más se produjo el despido, empezó a hacer llamadas para airear rumores de poca fiabilidad con los que cargar el muerto a los directores, y así quedar nuevamente retratada como salvadora del estudio. La realidad es que la visión entre lo que pretendían Lord & Miller y lo que quiere Kennedy está a jodidas millas de distancia. Los cineastas pretendían ofrecer una película en la línea de las obras que les han hecho famosos: es decir, una versión desmitificadora de Han Solo, con buenas dosis de humor. Kennedy y su particular mano derecha, Lawrence Kasdan, no estaban dispuestos a aguantar esas «modernidades» y querían más de lo mismo: más trilogía clásica metida a embudo en pleno año 2017. ¿No se supone entonces, Ramón, que el trabajo de una productora debería saber en qué consiste el talento y los puntos fuertes de los directores y guionistas a los que contrata, y cómo los puede aplicar al proyecto del que ella se encarga? Esa es la teoría. La práctica indica que realmente los quería por una simple cuestión de marketing, porque en una nota de prensa y de cara a los que ponen la pasta, Disney, queda muy bien decir que tienes atados a dos de los niños bonitos de Hollywood, y que ya te encargarás tú de asfixiarlos creativamente en el día a día para que vayan por el camino que tú piensas que es el correcto. Obviamente es una estrategia ridícula que conlleva a este tipo de situaciones. No tengo una especial inquina a Kennedy, pero como digo, si uno observa con un mínimo de atención los patrones de los casos de Lord & Miller y Trevorrow, podemos observar que se trata de los mismos procesos repetidos una y otra vez. Porque sí, ha bastado con otro par de días para que después del despido del pobre Colin, algunas publicaciones recogiesen que era un cineasta conflictivo, dubitativo y empeñado en llevar a cabos sus propias ideas a pesar de los bondadosos consejos de otros miembros de la producción. ¿Y Disney qué opina de esto? Pues mientras siga contando billetes con la licencia y tenga películas más o menos salvables con las que poner en marcha el monstruoso aparato mediático y de publicidad con el que venderlas, le da absolutamente todo igual. Bob Iger tiene cosas más importantes de las que preocuparse y deja que Lucasfilm, al igual que Pixar o Marvel, operen como estudios independientes dentro de la compañía. Aunque me imagino que contentos, contentos, no deben estar con toda la publicidad negativa que ha recibido la franquicia. PD: J.J Abrams ha sido anunciado como director del noveno capítulo de Star Wars. Es un tema interesante que habrá que tratar en otro episodio de esta sección, porque fue otro cineasta que acabó trazando una guerra de poder con Kennedy, y que parece haber ganado con el paso del tiempo. Trataremos del tema en los siguientes meses.

Ramón Cudeiro

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