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El Capi y la Viuda

A diferencia de Whedon, al que parece que le gusta andar agitando su miembro viril delante de las actrices primerizas, parece ser que a Chris Evans le gusta tomarse las cosas con tranquilidad, sin precipitación. Es lo que pasa cuando no tienes inseguridades físicas que compensar: que te puedes tomar lo sentimental –y el folleteo, vamos– con filosofía. Solo así puede entenderse que haya tardado seis años, y unas cuantas relaciones, en acabar cayendo en brazos de su partenaire femenina desde la época de Los Vengadores, Scarlett Johansson, cuando no hacía falta más que verlos juntos en ruedas de presa y chiringuitos similares para darse cuenta de que saltaban chispas –e incendios forestales masivos– cada vez que se cruzaban sus miradas… Normal, teniendo en cuenta que se conocen desde el rodaje de The Perfect Score (La puntuación perfecta), cuando ella no había cumplido ni veinte añitos.

Dice la rumorología hollywoodiense que, si la actriz se ha divorciado del artista francés underground Romain Dauriac, es porque espera con los brazos abiertos –y, no nos engañemos, también las piernas– a Evans. La cuestión es que el intérprete del Capitán América se lo está pensando muy mucho porque es especialmente alérgico a la fama. Odia las premieres y ponerse frente a los focos –eso fue lo que le hizo dudar sobre protagonizar Capitán América: El primer Vengador y firmar un contrato con Marvel con la sangre fresca de un macho cabrío–, y es muy consciente de que, si se empareja de forma más o menos oficial con Johansson, los paparazzis se van a convertir en un miembro más de la familia, con todo el acoso y las incomodidades que eso conlleva. Y por tentador que sea meterse dentro de las bragas de la Johansson, para alguien que, como Evans, se metió en el budismo para calmar lo que su madre califica de «cerebro ruidoso» –parece ser que, de niño, prefería mirar por la ventana mientras viajaba en coche a llevar una consola–, la idea de no tener siquiera un momento de calma debe ser, como mínimo, estresante. Así que, quién sabe: quizá tengan que esperar unos años más, a ver si las aguas se calman un poquito, antes de lanzarse a la piscina de los fluidos vaginales de la Viuda Negra. Sí, hasta yo reconozco que la imagen que acabo de crear en vuestras mentes es terriblemente desagradable.

Héctor Adama

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