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Sonrisas y lágrimas

La pareja más simpática de Hollywood ha roto. Nos referimos, claro está, a la compuesta por los actores y cómicos Anna Faris y Chris Pratt, quienes el pasado 6 de agosto anunciaron a través de las redes sociales que habían decidido separarse tras 8 años casados. En un comunicado que emitieron conjuntamente podía leerse que se sentían «muy decepcionados» por haber puesto punto final a su matrimonio a pesar de «haber luchado muy duro durante mucho tiempo». También aprovecharon para recordar que «nos seguimos queriendo mucho, seguimos estando orgullosos de nuestro tiempo juntos y continuaremos sintiendo un profundo respeto el uno por el otro». Pratt y Faris se conocieron allá por el año 2007, durante una lectura de guión de la película Take Me Home Tonight, en la que sus personajes mantenían una relación amorosa que, como ya pueden imaginarse, no tardó en concretarse fuera del plató. En adelante, hacia finales de 2008, se prometieron en matrimonio y, ya en julio de 2009, se dieron el «sí, quiero» en una pequeña ceremonia celebrada en Bali. A resultas de su amor, nació el pequeño Jack, que a día de hoy ya tiene 5 añitos y cuya custodia se espera que compartan sus dos famosos padres. Precisamente la fama, o la forma de gestionarla, es uno de los argumentos que los tabloides estadounidenses utilizan para explicar la ruptura entre la protagonista de Una conejita en el campus y el intérprete de Jurassic World. «Chris se convirtió de repente en una superestrella, mientras que Anna apenas conseguía papeles importantes», revela una fuente consultada por la revista «Us Weekly», que además recuerda que en el momento de casarse Faris era muchísimo más conocida que su esposo, quien por aquel entonces era un tipo con varios kilos de más que hacía reír a los telespectadores de la serie Parks and Recreation. Según la mencionada fuente, a la actriz de 40 años le ha costado asumir el cambio de tornas en su relación: transcurrida una década de su enamoramiento, su marido no solo aporta mucho más dividendos a su cuenta corriente sino que para más inri es considerado mucho más atractivo que ella tras su ventajoso paso por el gimnasio. De naturaleza competitiva y dotada de una gran vis cómica que la hizo saltar a la fama con la paródica Scary Movie, Faris tampoco estaba a dispuesta a dejar de ser la más graciosa de los dos: «Cuando están rodeados de un gran grupo, ambos compiten para ver quién cuenta el chiste más divertido». Por si no fuera suficiente, la nueva condición de sex symbol de Pratt convirtió a su esposa en una persona insegura que trataba de monitorizar cada uno de sus movimientos. Ella misma reconocía su miedo a que le pusieran los cuernos en un archivo de audio que colgó en su página web «Unqualified»: «Es un mundo loco en el que él está todo el día fuera haciendo películas y yo estoy en Los Ángeles criando a nuestro hijo, por supuesto que me voy a sentir vulnerable, como cualquier otro ser humano». De esta forma se entiende que se dejara caer por los sets de rodaje de las películas de su marido «muchas más veces que la mayoría de las esposas», prosigue la persona consultada por «Us Weekly». Sin embargo, Chris no siempre se lo puso fácil para que confiara en él, sobre todo a raíz de su estrecha amistad con su compañera de reparto en Passengers, la volutpuosa Jennifer Lawrence, con quien en una ocasión se fotografió muy acarameladito compartiendo una hamaca. Sea por celos (infundados o no), el carácter competitivo de ambos o simplemente porque es muy complicado que dos personas se aguanten durante mucho tiempo, el caso es que Chris y Anna han decidido proseguir con sus vidas por su propia cuenta y riesgo.

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