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Zombi

El amanecer de los muertos

En homenaje al realizador norteamericano George A. Romero, fallecido el pasado verano, recordaremos «Zombi (El regreso de los muertos vivientes)» («Dawn of the Dead», 1978), secuela de su famosa «La noche de los muertos vivientes», a la que superó con creces en lo que se refiere a sus generosas dosis de «gore



Convertido en un referente del cine de terror norteamericano contemporáneo gracias al éxito de la muy influyente La noche de los muertos vivientes (1968; ver Cult Movie en núm. 230), el malogrado realizador George A. Romero (1940-2017) había rodado desde entonces otros cuatro largometrajes –There’s Always Vanilla (1971), Hungry Wives/ Season of the Witch (1972), The Crazies (1973) y Martin (1978)–, además de diversos trabajos televisivos. La primera idea para Zombi (El regreso de los muertos vivientes) se le ocurrió por pura casualidad. En 1974, el director recibió una invitación de su amigo Mark Mason, de la inmobiliaria Oxford Development Company, para visitar el centro comercial de Monroeville, Pensilvania. Inaugurado en mayo de 1969 y todavía en activo, el Monroeville fue en su tiempo el mayor centro comercial de los Estados Unidos. Gracias a Mason, Romero tuvo acceso a los rincones más recónditos y cerrados al público del local, y no le pasó desapercibida la felicidad de las personas que deambulaban por allí, comentando, medio en serio medio en broma, que, caso de producirse una catástrofe nacional, un grupo de personas podría sobrevivir perfectamente dentro del centro durante mucho tiempo. Sobre esta». premisa, empezó a escribir un guión para una secuela de La noche de los muertos vivientes. El anuncio del proyecto llegó a oídos de otro maestro del género fantástico, Dario Argento, uno de los primeros defensores de La noche de los muertos vivientes. Tan entusiasmado estaba con la noticia, que empezó a escribir él mismo otro posible guión para el film. Tras reunirse con Romero e intercambiar ideas, Argento renunció a su guión en beneficio del de Romero, aunque quién sabe qué ideas del cineasta italiano pudieron hacer mella en el norteamericano, habida cuenta de que Argento se involucró en grado sumo. Gracias a su intervención, Romero y su productor y socio habitual Richard P. Rubinstein consiguieron la financiación que no habían conseguido hallar en los EE.UU., a cambio de que Argento se quedara con los derechos de distribución internacional. Por más que no figura como productor –sí lo hacen su hermano Claudio y el también italiano Alfredo Cuomo–, Argento consta en los créditos como script assistant y coautor de la partitura musical junto a sus colaboradores habituales, el grupo The Goblins. A efectos oficiales, Zombi –conocida a esas alturas con el título provisional de Dawn of the Living Dead– costó un millón y medio de dólares, aunque en realidad Romero y Rubinstein habían inflado el presupuesto de cara a los inversionistas y la película tuvo un coste de tan solo 500.000 dólares, 650.000 una vez añadidos gastos de publicidad.



Los vivos y los muertos

Como en anteriores ocasiones, el director echó mano de intérpretes desconocidos: David Emge (n. 1946), actor teatral con solocuatro trabajos para el cine, encarnaría a Stephen, el piloto de helicóptero que terminará transformado en muerto viviente. Ken Foree (n. 1948), el actor más relativamente conocido del elenco, sería Peter, el aguerrido policía negro; Foree volvería a trabajar a las órdenes de Romero en Los caballeros de la moto (1981). Scott H. Reiniger (n. 1948), otro intérprete teatral de escasísima trayectoria fílmica, interpretaría a Roger, el temerario policía blanco que también acabará convertido en zombi; Reiniger conocía a Romero porque la futura segunda esposa de este último, Christine Forrest, era su compañera de clase en la academia de arte dramático; también repetiría con el director en Los caballeros de la moto y haría un pequeño papel en Amanecer de los muertos (2004), el remake de Zombi de Zack Snyder. El papel de la protagonista femenina, Fran/ Francine, la novia de Stephen, correría a cargo de Gaylen Ross (n. 1950), el primero de sus tres únicos roles para el cine; Ross repetiría como actriz para Romero en Creepshow (1982; núm. 350), y ha desarrollado una extensa trayectoria como realizadora, productora, guionista, directora de fotografía y montadora.

El reparto de Zombi está lleno de pequeños papeles a cargo de actores desconocidos o de músicos, todos ellos amigos de Romero, muchos de los cuales participaron desinteresadamente para echarle una mano. Entre todos ellos destaca con luz propia el creador de efectos especiales de maquillaje, actor, realizador y especialista en escenas de riesgo Tom Savini (n. 1946). Veterano de Vietnam, aplicó su dura experiencia como fotógrafo de guerra a la hora de recrear con crudo realismo las heridas de combate por medio del maquillaje. Gran amigo de Romero en la vida real, Savini había actuado y creado maquillajes en Martin, y en Zombi llevó a cabo una compleja labor (ver recuadro). Aparte de dirigir una nueva versión de La noche de los muertos vivientes (1990), repetiría con Romero, como actor o encargado de los efectos, en Los caballeros de la moto, Creepshow, El día de los muertos (1985), Atracción diabólica (1988), Los ojos del diablo (1990), La tierra de los muertos vivientes (2005) y El diario de los muertos (2007).

La tierra de los zombis

La filmación de Zombi tuvo lugar entre el 13 de septiembre de 1977 y el 8 de marzo del año siguiente. La razón de que un film tan barato se rodara durante tanto tiempo fue consecuencia de su planteamiento de producción. Gracias a su amistad con Mark Mason, Romero logró convencer a Oxford Development Company para que invirtiera en la película dejándole rodar en el centro comercial Monroeville. El problema era que, para hacerlo sin público de por medio, hubo que rodar la mayoría de escenas de interiores de noche, entre las 23 horas y las 7 de la mañana, y ceñirse a un estricto calendario a fin de conseguir el mayor número de escenas antes de que el Monroeville iniciara su campaña navideña. Una vez llegada la misma, se paralizó la filmación durante tres semanas, dado que retirar la decoración de Navidad y volverla a colocar para que luciera al díasiguiente era imposible. Durante esa pausa, que duraría hasta el 3 de enero, Romero, también montador del film, fue adelantando trabajo de edición.



El rodaje concluyó fuera del centro comercial. Las escenas del aeródromo se filmaron en uno que todavía existe en la actualidad, situado cerca de Monroeville. Cuando los protagonistas parece que están en el tejado del centro, en realidad estaban en la azotea del edificio que albergaba las oficinas de la productora de Romero. Tampoco formaban parte del Monroeville ni el hueco del ascensor ni la armería, que era una, auténtica, situada en Pittsburgh.

Zombi se estrenó antes en Turín, Italia (el 1 de septiembre de 1978), y Madrid (el 12 de febrero), que en los EE.UU. (el 16 de febrero); y, dado su bajo presupuesto, sigue siendo la entrega más rentable de la saga de los muertos vivientes de Romero, con más de 5 millones de dólares recaudados en cines norteamericanos y una recaudación internacional del orden de los 55 millones.

Una sátira sangrienta

Zombi (El regreso de los muertos vivientes) es una tan atractiva como irregular mezcla de buenas ideas y brocha gorda, una extraña combinación de excelentes conceptos de guión y puesta en escena quese codean con una realización a ratos torpe y desmañada, que da como resultado momentos de un notable feísmo visual que no siempre parece premeditado. La película de George A. Romero que nos ocupa hace gala de una estética de subproducto que, a simple vista, puede mover al rechazo. Y si al final no es así se debe a que, debajo o acompañando a esa fealdad, hay un muy interesante film que define, quizá mejor que ningún otro, el estilo de su autor.



En Zombi hay momentos muy torpes, cuando no decididamente malos. La primera secuencia de acción, el asalto de los policías al humilde bloque de apartamentos infestado de muertos vivientes, es puro cine trash, tanto por la torpeza de su planificación como por el gusto de Romero hacia la exhibición de detalles gore por el mero placer de hacerlo: por exhibicionismo: por provocación: con la delectación del niño travieso al que le divierte ser el «chico malo» de la clase. Otro tanto ocurre con las numerosas escenas de lucha contra los zombis: prácticamente no hay un solo plano de uno de los protagonistas disparando un arma que no tenga su correspondiente contraplano del muerto viviente de turno recibiendo uno o varios impactos. La película se resiente de su pobreza de medios: se nota que el film quiere ser más «grande» de lo que en realidad es, por más que el entusiasmo demostrado por Romero tras la cámara y en el montaje consigue que Zombi sea una película notablemente entretenida y trepidante. Pero, a pesar de eso (y, en parte, también gracias a eso), Zombi brilla con luz propia en lo que se refiere a su aspecto más atractivo: su carácter de agresiva, visceral y contundente sátira social. No es ningún secreto a estas alturas que la creciente revalorización del cine de Romero en la actualidad se debe en gran medida al contenido social de sus films fantásticos: los amigos del «cine de guión» hallarán numerosísimos ejemplos a lo largo de toda su filmografía. En este sentido, Zombi funciona perfectamente como provocativa crítica del comportamiento de la sociedad humana, a ratos fea y de mal gusto, pero por eso mismo muy eficaz a la hora de ofender a los sectores más puritanos y conservadores de esa sociedad grotescamente retratada en el cine de Romero en general, y en Zombi en particular.

Sin ánimo de ser exhaustivo, señalemos al policía racista y fascista que irrumpe en el edificio okupado por zombis en esa citadasecuencia, lanzando insultos contra los negros, principales habitantes del inmueble (¡casi parece una versión fantastique de Detroit!). La televisión saca un partido sensacionalista de las noticias de la plaga zombi, sin importarle las consecuencias de ello. Como en La noche de los muertos vivientes, un hombre negro (Peter), dos blancos (Stephen y Roger) y una mujer (Fran) tienen que olvidar sus diferencias raciales y de género para sobrevivir frente al enemigo común. Peter y sobre todo Roger disfrutan con la matanza de muertos vivientes, porque eso les permite dar rienda suelta a sus instintos violentos sin cortapisas morales y éticas. En una de las mejores y más sarcásticas imágenes de la película, los zombis siguen deambulando por el centro comercial tal y como hacían en vida. Refugiados del ataque de los zombis en ese centro, los cuatro supervivientes tienen libre acceso a unos lujos –dinero, joyas, ropa, videojuegos y utensilios– que no se podían permitir antes del apocalipsis zombi. Por otro lado, resultan dolorosamente patéticos los esfuerzos de los protagonistas por intentar llevar una vida «normal» según los parámetros por lo que se regían antaño y que los muertos vivientes, con su conducta antisocial, han destruido por completo. Por no hablar de la salvaje irrupción de los saqueadores, que destruye el frágil equilibrio conseguido entre los protagonistas y los zombis y precipita el relato hacia su amarga conclusión: solo Peter y una embarazada Fran lograrán huir del centro comercial, pero a bordo de un helicóptero que está a punto de quedarse sin gasolina…

Tomás Fernández Valentí

https://tfvabogado.wixsite.com/tfvfilmcritic


 

ZOMBI: SECRETOS APETITOSOS



_ Tom Savini maquilló la piel de los zombis de color gris, pero más tarde se dio cuenta de que se había equivocado porque en el film los muertos vivientes parecen azules, pero ya era imposible corregir el error.

_Los niños zombi que atacan a los protagonistas en el aeródromo son Donna y Mike Savini, sobrinos de Tom Savini. _Ken Foree y Scott H. Reiniger improvisaron buena parte de la escena de suspense en los camiones. También fue una improvisación de Reiniger cuando utiliza la parte central de unas escaleras mecánicas para deslizarse como si fuera un tobogán. Se dice que los constructores de escaleras mecánicas impulsaron la instalación de topantes tras haber visto el film y para evitar imitadores.

_Gaylen Ross se negó a gritar de miedo en sus escenas, tal y como preveía el guión, pues consideraba que su personaje tenía un carácter demasiado fuerte como para hacerlo. Romero aceptó la sugerencia.

_La escena en la que la Guardia Nacional y un grupo de voluntarios armados se reúnen para cazar zombis en el campo se rodó con auténticos miembros de dicho cuerpo militar y cazadores de la zona. Todos trajeron sus propias armas.

_Los figurantes que interpretaban a los muertos vivientes recibían a cambio 20 dólares en efectivo, el almuerzo y una camiseta del film. _Auténticos motoristas, miembros de un club local, interpretaron a los saqueadores conduciendo sus motos.

_Savini no solo llevó a cabo una titánica labor con los efectos especiales de maquillaje. También interpretó a uno de los saqueadores motorizados, y ejecutó personalmente numerosas caídas y escenas de riesgo con variados disfraces. Ello no quita que, en determinados instantes, se utilizara un maniquí, convenientemente arrojado desde las alturas o atropellado según las ocasiones. Por cierto, dada la pobreza de medios de la producción, solo se empleó un único maniquí.

_Romero tenía previsto un final más pesimista, con Peter quitándose la vida de un disparo tal y como está a punto de hacer en las escenas finales de la película, y con Fran suicidándose mediante el expeditivo método de poner su cabeza al alcance de las hélices del helicóptero. Christine Forrest, esposa del realizador, le convenció de que al final dejara huir a estos personajes, para incluir una pequeña nota de esperanza.

_El director llevó a cabo un primer montaje de 139 minutos, a partir del cual se llevó a cabo el de 127 minutos estrenado en los Estados Unidos. En Europa se estrenó una versión reducida de entre 115, 118 y 119 minutos. Todos estos montajes tienen ángulos alternativos. La versión más larga, que incluye material de archivo de todas las anteriores, alcanza los 155 minutos.

_Cuando se estrenó la película, la abuela de Scott H. Reiniger se empeñó en verla, y el actor no pudo disuadirla pese a advertirle de su extrema violencia. La acompañó al cine, y tras ver la secuencia del asalto de la policía al edificio ocupado por los muertos vivientes, le preguntó si quería que se fueran, y ella le dijo que sí…

_«Zombi» tuvo problemas de censura a consecuencia de su contenido violento. En los EE.UU. se estrenó calificada X, el equivalente de la época a la actual calificación moral NC-17, que prohibe el visionado a público menor de 18 años. En España lo hizo con la entonces vigente calificación moral «S», de similar significado. En Australia, la censura rechazó estrenar el film en 1978 (el montaje norteamericano) y en 1979 (el montaje internacional), no levantando la prohibición hasta el año siguiente, si bien en la localidad australiana de Queensland no se proyectó hasta 1986.

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