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Jack Kirby Rey de los cómics

¿Quién fue el primero en narrar el Ragnarok, la Caída de los Dioses, en un producto Marvel? Desde luego, no fue Taika Waititi, sino el genial dibujante Jack Kirby en las páginas de «Thor, el poderoso». Creador (solo o acompañado) de decenas de personajes memorables, Kirby siempre estuvo especialmente dotado para las narraciones épicas, como las que nos promete el último film del Dios del Trueno. Aprovechamos este estreno para rendir un merecido tributo a este titán de la viñeta.


Jack Kirby (foto superior, a la derecha, de pie) fue desde un dibujante precoz. Junto al también dibujante y guionista de cómics Joe Simon (foto inferior, a la izquierda), Kirby creó uno de los grandes éxitos de la editorial Timely, el Capitán América.


Como cualquier fan sabe, Stan Lee no estuvo solo en la creación del panteón Marvel. Al contrario: muchos defienden que la figura de sus dibujantes es incluso más importante en el desarrollo de todos estos personajes.

Nadie era capaz de dotar a las historias de un sentido de grandilocuencia semejante al de Jack Kirby. Dioses, mutantes y seres cósmicos poblaban sus páginas. ¡Y cómo dibujaba las peleas! ¡O la maquinaria! Con apenas un par de ideas de Lee para indicar un argumento, Kirby era capaz de inventar los cómics de superhéroes más dinámicos y dramáticos del momento. Y así fue durante mucho tiempo. Por algo le llamaban «El Rey de los Cómics».

Kirby falleció antes del triunfo de la Marvel cinematográfica, pero no sería raro pensar que hubiera huido de los focos. Nunca tuvo don, ni interés, en venderse a sí mismo. Tampoco tenía especial interés por convertirse en un autor respetado, a diferencia de Lee, desesperado por triunfar en Hollywood o como novelista. Él solo quería ganarse la vida dibujando tebeos, que era lo que sabía hacer. Por el camino regaló a guionistas y editoriales millones de ideas y personajes. De esos de los que hoy buscan desesperadamente todas las productoras.

DIBUJAR PARA VIVIR, VIVIR PARA DIBUJAR

Jacob Kurtzberg –el verdadero nombre del autor– era uno de nosotros. Nacido en 1917, en plena Depresión, el suyo fue un hogar pobre y acuciado por las deudas. La ciencia ficción y los cómics le proporcionaron un poco de escapismo de la dura realidad que tenía a su alrededor. «Leer ciencia ficción era como ser el tonto del pueblo, pero leía revistas “pulp” a escondidas en mi habitación», declaró. Estaba obsesionado con los tebeos y comenzó a imitar a sus autores favoritos. No se le daba mal y comenzó a albergar la ilusión de dedicarse a ello.

En 1936, con unos 19 años, un Kirby prácticamente autodidacta consigue profesionalizarse, tras años en trabajos mal pagados. Empezó ganándose la vida como dibujante de tiras de prensa, animador o mero machaca en alguna de las empresas que editaba comic-books. Lo único importante era poder ayudar a su familia, obsesión que le acompañó durante toda su carrera.

Durante estos primeros años, los editores rechazaban todas sus ideas: solo querían que dibujara sin parar. Desde joven, se confirmó como un autor capaz de hacer una cantidad increíble de páginas de calidad. En su momento de mayor producción, allá por los 60, era capaz de ocuparse hasta de cuatro cómics mensuales, algo totalmente impensable para un artista moderno.

CAPITAN AMERICA: EL PRIMER ÉXITO

Su primer triunfo llegó en el entonces emergente mercado de los comic-books. Los dibujantes serios trabajaban en tiras de prensa: los tebeos se limitaban a reeditar lo incluido en estas tiras, o a ofrecer material de segunda siguiendo el rígido esquema de las tiras. Kirby fue uno de los primeros artistas que aprovechó el hecho de tener páginas enteras a su disposición. Podía jugar con el tamaño, formato y forma de las viñetas durante todo un cuaderno, dotando a cada historia de un dinamismo que pocos podían igualar. Solo le faltaba el personaje ideal. Joe Simon, guionista y dibujante algo mayor que Jack, le recogió bajo su ala, y juntos lanzaron al Capitán América para la Timely, en 1941. Los alemanes habían invadido Polonia, y millones de norteamericanos estaban a favor de una intervención en Europa. El Capitán plasmaba en la portada de su número 1 ese deseo, con el abanderado soltándole un mamporro en la mandíbula al dictador alemán. Pocos días después de la aparición del cómic, Roosevelt anunciaba que la guerra era inminente.



Las composiciones y el dibujo de estos tebeos están entre lo mejor de su época. El cómic del Capitán fue un exitazo, y tras un puñado de números ya estaba vendiendo más de un millón de copias. Las características básicas del personaje estaban ahí: su origen, su compañero Bucky, su enemigo Cráneo Rojo…Todos han perdurado a lo largo de las décadas.

Tras unos 10 números, las promesas del editor Martin Goodman de pagar al dúo creador un 25% de los beneficios se habían quedado en nada. Así que los artistas se fueron a otra empresa, donde crearon otras series como «Boys Commando» o «Newsboys Legion », que llegaron a funcionar muy bien en época de guerra.

En 1943, Jack tuvo que acudir a filas y experimentar esas guerras de las que hablaba sus propias carnes. Cuenta la leyenda que, cuando el joven Kirby fue reclutado para luchar en la Segunda Guerra Mundial, un sargento le preguntó, delante del resto de reclutas, cuál era su trabajo. «Dibujaba al Capitán América», dijo a su superior, que no dudó en ponerle de ejemplo ante los demás: «He aquí un hombre de verdad». El dibujante estuvo un par de años de correrías por Europa, una época de su vida que le marcaría profundamente.

YOUNG LOVE: HAZ EL AMOR, NO LA GUERRA

A su vuelta en 1946, Kirby descubre que, tras el final del conflicto, los cómics de acción estaban pasando de moda. La persecución de los cómics por parte del psicólogo David Wertham dio la puntilla a los cómics de terror y misterio.

Simon y él tuvieron otra idea: si los chicos no compraban tebeos, quizá las chicas estaban más interesadas. Así, en 1947 lanzaron a modo de experimento el tebeo «Young Love», con historias cortes de romances, celos y amores imposibles. Fue un exitazo. Durante los siguientes diez años, Kirby se dedicó a dibujar estos tebeos, hasta que también comenzaron a quemarse. Simon dejó el campo del cómic de aventuras y Kirby trabajó, diferentes editoriales. En 1960, Kirby estaba de vuelta en la Timely –que en breve se convertiría en Marvel– dibujando cómics de monstruos gigantes en plan Godzilla. Pero el editor jefe de la editorial, Stan Lee, tenía algunas ideas para traer de vuelta los aventureros con poderes, que comenzaban a tener un revival en manos de DC.



LOS CUATRO FANTÁSTICOS: LA ERA MARVEL

La mala suerte de estos personajes en el audiovisual merecería no ya un artículo, sino un libro al completo. ¿Por qué se empeñan en adaptarlos una y otra vez? Su estatura legendaria sigue llamando a los productores como la polilla a la llama. Los Cuatro Fantásticos no solo es el primer tebeo de Marvel, piedra angular durante los años fundacionales del universo. Es, también, una obra magna del medio, repleta de ideas y personajes que lo convirtieron en el mejor tebeo de superhéroes del mundo durante muchos años.

En 1960, el éxito de la «Liga de la Justicia» era la comidilla del mundillo, así que tocaba crear un grupo de superhéroes. Pero Lee quería algo un poco diferente. Sus héroes tendrían un rasgo definitorio: eran ídolos con pies de barrro. Todos sus personajes tenían problemas: amorosos, económicos o familiares. Si estaban en un grupo, la tensión y las peleas estaban a la orden del día. Superhéroes con superproblemas para aumentar el dramatismo de cada historia hasta el paroxismo.

El pistoletazo de salida fueron «Los Cuatro Fantásticos». En 1961 Lee y Kirby crearon a estos cuatro héroes científicos, una familia de aventureros con poderes que surcaban el espacio e incluso otras dimensiones. Tras unos números en los que le tomaron el pulso a la colección, esta se convirtió en una auténtico festival de fantasía. Rápidamente hace acto de aparición el Doctor Muerte, posiblemente el mejor villano de la historia del cómic. Los Inhumanos, toda una tribu de seres superpoderosos, dirigidos por su familia real, no tardarían en aparecer. Como también lo haría Uatu el Vigilante, un ser poderosísimo encargado de vigilar, silencioso e impávido, nuestro planeta. Mística y metafísica al servicio de un entretenimiento para adolescentes.



Los 4F parecían estar siempre al borde de la separación. El bueno de Ben Grimm, alias La Cosa, destacó como el personaje más fascinante. Al pobre le tocó la peor parte: vivir encerrado en un cuerpo rocoso. ¿Un monstruo de piedra como uno de los buenos? En Marvel podía pasar. Jack puso mucho de sí mismo en la creación de este persona, un neoyorquino de pro, cascarrabias, fumador de puros y objeto de las bromas de una banda… Como aquellas en las que militaba el propio Kirby. Lo convirtió en el alma del grupo y uno de los personajes más queridos de la casa.

La cúspide de su obra fue la saga de Galactus. A lo largo de tres cómics –algo nunca visto–, los 4F se enfrentaron a un ser espacial cuasidivino, Dios llegado a la Tierra. Imposible de vencer, su llegada traía el Apocalipsis, la destrucción del planeta. Solo la ayuda de otro ser cósmico, el Vigilante, conseguirá que la humanidad consiga alejar al ente. Una maravilla en la que Kirby creó a Estela Plateada: un ser así de importante debía de tener un heraldo que anunciara su venida.

Con el tiempo pasaban cosas tan increíbles como que Reed y Sue se casaban, rompiendo la tradición del cómic de esos eternos noviazgos y… ¡hasta tenían un hijo! Lee y Kirby estuvieron 100 números haciendo este tebeo, y su labor ya ha quedado para la historia. Sin duda, la obra maestra del dúo.

THOR EL PODEROSO: UNA NUEVA MITOLOGÍA

Para muchos, su trabajo con Thor en la colección «Journey into Mystery» (1962) está a la altura de sus grandes obras. Fue allídonde nos regaló algunas de sus páginas más espectaculares. La idea de un dios que visita el mundo de los hombres le resultaba especialmente atractiva: la había tratado anteriormente y lo hizo posteriormente. El universo cósmico de Thor, poblado por dioses, criaturas legendarias y drama shakespeariano cobró vida da una forma mayestática con sus lápices. Y tampoco le sentaban nada mal los diálogos rimbombantes de Lee.




Para muchos, su trabajo con Thor en la colección «Journey into Mystery» (1962) está a la altura de sus grandes obras. Fue allí donde nos regaló algunas de sus páginas más espectaculares


Thor basculaba entre las aventuras en la Tierra, enfrentándose a villanos mortales, olas asgardianas, luchando con Loki, el demonio de fuego Surtur, o compartiendo aventuras con Hércules y otros personajes mitológicos. Es aquí donde el personaje encontró lo que lo hacía diferente: esos entes cuasicósmicos que empequeñecían la humanidad, siempre en eterno estado de guerra. Y no había nadie mejor en toda la industria que Kirby para dibujar estos dioses y tierras legendarias.

Además de esta colección, también realizaba las historias de complemento «Relatos de Asgard». Esta fue una pequeña concesión de Lee a la verdadera mitología nórdica, de la que normalmente apenas extraía algunos nombres resultones o conceptos. Tras un par de números ayudado por el guionista, Kirby pasó a encargarse de historia y guión, convirtiéndola en un tour de force donde además aparecían personajes extraídos de otras mitologías en una historia repleta de grandilocuencia, dioses y aventuras cataclísmicas. Kirby en estado puro, magia y tecnología mezclándose de una manera que nadie ha conseguido recrear después. Su manera de dibujar Asgard y a esos personajes y criaturas más grandes quela vida es inolvidable. No es de extrañar que en Thor: Ragnarok se haya buscado recrear esta magia. .

LOS VENGADORES: LA UNIÓN HACE LA FUERZA

Stan y Jack continuaron creando personajes. Hulk (1962), por ejemplo, tenía un gran potencial. Más que un héroe, era fuerza irresistible emparentada con los cómics de monstruos que dibujó en los 60. Bruce Banner se convirtió en un moderno Doctor Jekyll, con la mole verde –primero gris–, como incomprendido alter ego. Las ventas no acompañaron y la colección cerró tras seis números. Pero el personaje tenía gancho, y acabaría triunfando en posteriores encarnaciones.

El Hombre Hormiga (1962), sin embargo, pareció tener algo más de tirón. Las aventuras de Hank Pym tenían un saborcillo propio, y el dibujante podía jugar con perspectivas extrañas y enfrentarle a peligros como insectos gigantes o espías con loquísimas invenciones. Sin embargo, Kirby odiaba el personaje: en su mente, un héroe debía de ser grande y poderoso, nunca pequeño. Quizá por eso terminaron por convertirle en el Hombre Gigante.



Stan Lee decidió reunir a Hulk, el Hombre Hormiga y Iron Man en la colección «Los Vengadores», añadiendo a Thor y trayendo de vuelta al Capitán América


En cuanto a Iron Man (1963), Jack diseñó al personaje con una armadura plateada que no convencía a nadie: no llegó a dibujar su colección salvo en las portadas. La colección nunca llegó a ser especialmente popular, pero el héroe fue evolucionando a mejor de mano de otros autores.

Lee decidió reunir a estos héroes, en apariencia menores, en la colección «Los Vengadores» (1963). La amenaza de Loki, dios de las mentiras y hermano de Thor, era la excusa para la alianza. Kirby dibujó los seis primeros números, en los que le dio tiempo a enfrentarles a Namor, unir a los villanos como los Señores del Mal y traer de vuelta al Capitán América, que encajó de manera natural en la formación. Como en otras ocasiones, una vez encarrilada la colección, Kirby pasó a desarrollar otras propuestas.

POBLANDO EL UNIVERSO MARVEL

Convertido en la referencia para otros dibujantes, suya era la labor de diseñar a los nuevos personajes Marvel. Fue el caso de Daredevil, en 1964: Kirby nunca se hizo cargo de la colección, pero creó su aspecto y dibujó sus portadas, dotando al personaje de un traje amarillo y negro que nunca terminó de funcionar. Fueron otros los que consiguieron sacar jugo al personaje… Y darle un uniforme más afortunado.

Los que sí dibujó durante sus primeros doce números fueron los X-Men (1963), también creados visualmente por Kirby: Cíclope, Jean Grey, el Hombre de Hielo, la Bestia, el Ángel y hasta Magneto estaban ya todos presentes en ese primer número. Aunque Lee y Kirby no fueron capaces de extraer todo el jugo a la idea de la aparición de una nueva especie como los mutantes, en los doce números que estuvo en la colección Kirby cocreó a Mercurio, la Bruja Escarlata, el Juggernaut o Ka-Zar y la remota Tierra Salvaje. Casi nada.



Pero el mayor éxito de los personajes de aquella época lo obtuvo Nick Furia (1963). Sus aventuras en la Segunda Guerra Mundial al frente de los Comandos Aulladores fueron lo bastante populares como para introducir al personaje en el presente. Así, el Furia del presente era un veterano de guerra, tuerto y líder de la organización S.H.I.E.L.D. Y blanco, cosa que aún sorprende a algún profano.

¿LEE CONTRA KIRBY?

Con el éxito de sus cómics, Stan Lee pronto se convirtió en la cara visible de la empresa. Mientras los artistas dibujaban en sus casas, el guionista y editor concedía entrevistas y se dedicaba al autobombo más descarado. El resultado es que el propio Lee se encargó de reducir la importancia de Kirby y Steve Ditko en sus creaciones, llegando a inventarse historias sobre sus personajes que después desmentiría o contaría de manera totalmente diferente.



Stan Lee, considerado durante décadas el padre del Universo Marvel, se ha ido revelando como un figura un tanto turbia que tendía a despreciar las aportaciones creativas de dibujantes como Jack Kirby o Steve Ditko.


El método Marvel

No se puede obviar la importancia del método de trabajo escogido por Stan Lee a la hora de valorar el impacto de Kirby en los 90. Lee conocía a la perfección las habilidades narrativas de Kirby, que con décadas de trabajo era un auténtico maestro en este aspecto. A Jack no hacía falta darle un guión completo, como pasaba en la DC, desglosando viñetas y diálogos. En Marvel se trabajaba de otra manera: Lee escribía (o incluso contaba) a los dibujantes de qué iba la historia y dejaba a su albedrío cómo narrarla. Así, el dibujante tenía libertad total para afrontar cada página. Podía decidir el tamaño de cada viñeta, qué destacar y qué no, el ritmo de cada escena. Y funcionó a la perfección. Los tebeos de la competencia parecían apolillados y lentos en comparación. El Rey les otorgó un dinamismo y, con ayuda de Lee, un dramatismo que marcó una época.

Además, Kirby jamás vio ni un duro de los dibujos animados o el merchandising que se hacía de sus creaciones. De nuevo se repetía la historia del Capitán América. Todo el mundo se hacía rico, o tenía una vida desahogada… Menos él.

La cosa empeoró cuando, en 1968, Stan Lee comenzó a trabajar con otro dibujante en un cómic de Estela Plateada. El mismo Kirby ya tenía una historia comenzada sobre el personaje, especialmente fantástica. Fue el momento en el que comenzó a tantear de nuevo a DC. En 1970, Goodman vende Marvel a otra compañía, que solo quería que Stan Lee estuviera ahí porque era «el creador de todo, los dibujantes dibujan lo que él dice» y que ninguneó su labor. Fue la gota que colmó el vaso.

El paso de los años y la labor de teóricos e investigadores del cómic fue poniendo las cosas en su sitio. Hoy en día hay consenso en que Kirby llegó a escribir números enteros sin las indicaciones de Lee, y que sus contribuciones a guiones y argumentos van mucho más allá de la labor de un mero dibujante. Incluso el propio Stan, a base de ser pillado en varios renuncios en entrevistas –¡y hasta en juicios!–, comenzó a otorgar más mérito a la labor del genial ibujante.. ¿Qué pensaría si viera en lo que se convirtió Marvel en el nuevo siglo?

EL CUARTO MUNDO

¿Qué es el Cuarto Mundo? Para muchos, se trata de la obra magna del autor. Las cosas en DC habían cambiado en 1970, y allí le prometieron el reconocimiento y la libertad que nunca tuvo en la casa de Spider-Man. Al menos en teoría. Se encargó de hacer colecciones como «Jóvenes Eternos»,«Los Nuevos Dioses» o «Mr. Miracle».

En esas tres colecciones se narraban diferentes aspectos de una saga cósmica donde dos grupos de dioses, benignos y malignos, guerreaban. Unos vivían en el planeta Nuevo Génesis; los otros, en Apokolips. Orion, el guerrero del bien, combatía a su padre, el malvado Darkseid, y su imperio, utilizando una fuerza cósmica llamada «La Fuente». ¿Os suena de algo?



«Jóvenes Eternos», «Los Nuevos Dioses» y «Mr. Miracle» narraban diferentes aspectos de una saga cósmica donde dos grupos de dioses, benignos y malignos, guerreaban



Quizá los temas que Kirby trataba eran un poco extraños para los adolescentes de la época. Kirby tampoco otorgaba muchas concesiones en su alucinada narración. Conceptos estrambóticos eran presentados al lector de golpe y sin vaselina. Imaginación en estado puro… Que quizá necesitaba un poquito de forma y estructura.

Las colecciones vendieron bien, pero sus ventas cayeron cuando DC subió el precio de sus tebeos. Tras un par de años fueron canceladas para desesperación del autor, pero dejaron conceptos de los que la DC ha ido bebiendo durante años. Desde el héroe-dios escapista Mr. Miracle al propio Darkseid, el supervillano definitivo de este universo.

¿Y entonces por qué se le llamaba «El Cuarto Mundo»? Pues nadie lo sabe. Porque molaba y sonaba bien. Como tantas otras cosas en estos tebeos, eso era lo que más importaba. Durante los próximos años, Kirby hizo series más normalitas que vendieron bien, como «The Losers» –que fueron adaptados al cine en 2006– o «Katmandi», que se aprovechaba del éxito de El planeta de los simios y es una pequeña joya del cómic de aventuras.

EL REGRESO A MARVEL

En 1975 Kirby vuelve a Marvel con el rabo entre la piernas. O no, porque al menos se ha ganado el respeto de los editores del momento y le dejan hacer lo que quiere. Lee se ha ido a Hollywood a tratar de sacar adelante proyectos en cine y televisión. Y el Rey, en su línea, se inventa cosas como Los Eternos o el Dinosaurio Diabólico. Para los lectores de «Imágenes de Actualidad » puede tener especial interés su colección basada en… 2001:, una odisea del espacio, en la que contaba historias con el famoso monolito apareciendo en diferentes planetas. Nada entusiasmó a los lectores de la época.

DIBUJANTE ANIMADO

Algo harto de los tebeos, Kirby cambió de industria en 1978. La Hanna-Barbera le contrató para trabajar haciendo storyboards en la infame serie de los años 70 de Los Cuatro Fantásticos, esa en la que un robotejo sustituía a la Antocha Humana. Stan Lee trabajaba como productor, y tuvieron que trabajar juntos: esto ayudó a reparar un poco las heridas. Poco después pasó a otra empresa, la Ruby-Spears, y se le dio el puesto de productor. La serie que más se benefició de su talento fue la imaginativa Thundarr: The Barbarian. Inédita en nuestro país, se trata de una de las mejores propuestas de la época. Thundarr era un héroe bárbaro que sobrevivía en una tierra postapocalíptica con ayuda de su espada mágica y sus amigos. Mezcla de fantasía y ciencia ficción, se convirtió en una serie de culto. El no menos genial Alex Toth diseñó los tres personajes principales, y Kirby completó su trabajo, creando a los villanos, monstruos y secundarios que hicieran falta en cada episodio.



Era un trabajo bien pagado y que le exigía una menor dedicación. Ideal para un hombre ya de cierta edad. El Rey de los Cómics pasó en esta empresa los siguientes años de su vida, haciendo diseños para varias series y creando conceptos. No era raro que, de repente, Kirby apareciera con una serie nueva totalmente definida, con personajes, diseños y argumentos. Pero vender sus ideas era algo más complicado, y estas solían ser rechazadas por los estudios. Querían nombres y conceptos fáciles de vender: series basadas en franquicias existentes o que copiaran algún éxito –¿de qué os suena esto?–. Así, terminó trabajando en cosas como la serie de dibujos Rambo, Turbo Teen o Mr. T. Aunque ganaba más que en su época de dibujante de cómics, comenzó a estar cada vez más frustrado, hasta que abandonó la compañía en 1987.

KIRBY EN EL CINE

Aun con su gran imaginación, la industria del cine nunca se interesó demasiado por su trabajo… Aunque en un par de ocasiones ayudó a desarrollar algunos proyectos. Uno de estos jugó un papel importante en la historia que cuenta Argo. En 1979, Kirby fue contratado para crear el arte conceptual de The Lord of Light, un film basado en un libro de Robert Zelazny y producido por Barry Ira Geller, que además incluso planteaba un futuro parque de atracciones. Cuando el proyecto se enfrió, sus diseños fueron usados por agentes de la CIA para fortalecer una operación encubiera en Irán: un equipo de agentes se harían pasar por cineastas que grabarían una película enTeherán. Como sabréis los que vistéis la película, se trataba solo de una excusa para entrar en el país y rescatar a unos rehenes. Años después, el artista vendió los originales, que acabaron en poder del dibujante Jim Lee. Solo cuando este comenzó a investigar apareció el verdadero origen de estas piezas.



Sus otras incursiones fueron bastante más tranquilas. Kirby trabajó para la compañía Empire –responsables, por ejemplo, de Re- Animator–. Junto a Charles Band, creo una serie de conceptos que esperaban poder transformar en películas. Dos de ellas terminaron por llegar a buen puerto… Ya en los 90 y de una forma bastante precaria. Dr. Mordrid había pasado de narrar una guerra cósmica entre dos hechiceros, a ser una modesta película de videoclub de la productora Full Moon. Similar destino corrió Mindmaster, transformada en 1993 en Mandroid (Jack Ersgard), otra caspa nineties de las habituales en la compañía. Tuvo que llegar el nuevo siglo para ver sus ideas plasmadas como Dios (él mismo) manda. Jack Kirby pasó sus últimos años recibiendo, por fin, el reconocimiento que tanto le negaron. Una nueva generación de dibujantes, como Jim Lee o Rob Liefeld, había tomado el control de la industria, y todos reconocían su labor y talento. Tras mucho batallar, Jack consiguió que le devolvieran 2.100 de sus páginas originales. Con su venta a coleccionistas, podría pasar una jubilación tranquila junto a su mujer Roz, su compañera desde 1934. Jack murió en 1994, pero su legado sigue más vivo que nunca. Su figura es reconocida como clave en el mundo del cómic, su vida es recordada y estudiada. Y sus personajes, los que creó con mayor o menor ayuda de Stan Lee, son famosos en el mundo entero. Kirby tenía miedo de desaparecer de la historia, de que su aporte al mundo del cómic quedara borrado y sepultado. Nada más lejos de la realidad. No solo seguiremos disfrutando de sus creaciones en las películas de Marvel: incluso sus personajes para la DC van a seguir llegando a millones de lectores y espectadores. Al final, incluso eso de «Rey de los Cómics» se ha quedado corto para definir su legado.



José Viruete

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