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JAVIER BARDEM

Protagonista de “Madre!”

La última vez que estrenó tres películas en un mismo año fue en 1999, cuando todavía no había salido de la industria española y rodaba el film que le ayudaría a dar el gran salto, «Antes que anochezca». Por eso no sorprende que a Javier Bardem se lo vea feliz en el Festival de Toronto, adonde ha llegado a presentar «Madre!», de Darren Aronofsky, y «Loving Pablo», el film que coprotagoniza con su esposa Penélope Cruz y en el que además es uno de los productores. El canario de 48 años, que sigue manteniendo el récord de ser el único actor español que ha ganado un Oscar, sigue la buena racha mientras rueda «Todos lo saben» con otro ganador de la estatuilla dorada, el iraní Ashgar Farhadi, donde otra vez comparte cartel con Penélope y con el astro argentino Ricardo Darin.


Un elemento importante en «Madre!» es la inspiración. ¿Cómo te llega a ti?

Gracias a Dios no me parezco en nada a este personaje, que me parece un poco extremista para mi gusto. Y tengo que aclarar que este hombre no es Darren Aronofsky. Me parece que él no se parece en nada a Él, con mayúscula, que es como se le llama en la película, porque Darren es muy generoso y se preocupa por los demás. Una de las cosas que me gustaron de Darren es que siempre está muy abierto a las sugerencias y trabaja permanentemente con un grupo de gente, por lo que una de las primeras cosas que me preocuparon es por qué decidió crear este personaje para la pantalla si no es un reflejo de sí mismo. Supongo que es un reflejo de Dios tal como le entendemos, y sí, hay momentos en que la gente en nombre del arte es capaz de hacer muchas atrocidades y que se les perdone. Creo que eso es algo a lo que también alude Madre!. En cuanto a mí, lo que me inspira es mi curiosidad, la necesidad de entender más sobre nosotros mismos a través de mi trabajo. Eso es lo que hago para ganarme la vida. Soy muy afortunado, y he sido bendecido porque puedo hacer un trabajo que me apasiona y no necesito hacerlo todo el tiempo. Cuando tengo un golpe de suerte, me llega el material apropiado y la oportunidad de trabajar con la gente correcta, puedo expresar algo que es importante para mí y que puede tener un signficado para los demás. Es lo que trato de hacer con cada película en la que trabajo, aunque no siempre tengo suerte con mis buenas intenciones. Solo en unos pocos casos, cuando te sientas a ver la película, te das cuenta que las cosas que han salido bien, pero lo cierto es que tratas de lograrlo con cada proyecto.

— En todos los años que llevas trabajando, ¿alguna vez te has topado con gente como tu personaje en «Madre!», que solo piensa en la importancia de su arte? — No, honestamente no creo haberme topado con alguien así. A lo mejor sí me he encontrado brevemente con uno que tenía intenciones de ir en esa dirección, y simplemente puse distancia, porque no quiero tener nada que ver con esa clase de gente, pero hay que entender que esta película es una alegoría, y que Darren elige caminos que son un poco extremos para plasmarla en la pantalla y este es uno de esos: el artista que se ve consumido por su necesidad de encontrar el oro en su interior y que con tal de lograrlo termina dejando atrás todo, incluyendo a la gente que ama. Eso también es parte de lo que él exploró en Cisne negro, y ciertamente es preocupante, porque en este trabajo uno se puede perder con el ruido, con las luces, porque aunque sentimos que no somos mejores que nadie, si nos prestan una atención que tal vez no sabemos cómo manejar puede despertar en algunos reacciones muy desagradables. De pronto pueden descubrir que toda esa atención les gusta y que quieren más, pero eso siempre está basado en una sensación profunda de inseguridad. Esa es mi interpretación, pero Madre! es una película que se puede leer de muchas maneras.



— ¿Cuál es el significado que tiene el cristal para ti? — Me gustaría saber cuál era el significado que tiene el cristal para Darren. La verdad es que hablamos mucho sobre eso. ¿Qué significa el cristal? La alegoría es muy amplia. Alcanza a muchas cosas pero para mí el cristal significa el amor más puro, casi sacro y divino. Es un objeto que nunca se ha roto y que es incorruptible, y a partir de él es posible expandirse a todo el universo. Con él puede volver a crear. Puede recuperar el amor para el mundo. Es algo que él saca del pecho del personaje de Jennifer porque esa es la forma en la que ella ama al mío a lo largo de toda la película, pero a la vez es el origen del mundo porque el creador es una especie de dios dentro de esta alegoría. Gracias a ese amor puro él va a ser capaz de crear al mundo otra vez, porque estoy seguro de que el mundo fue creado en un acto de amor, pero luego pisamos ese mundo y lo destruimos. Esa es mi lectura y comparto la visión que tiene Darren sobre nuestro planeta. Creo que estamos destruyendo el mundo y somos responsables de lo que está pasando en el planeta independientemente del lugar en que vivamos. Somos responsables de cada una de las consecuencias que estamos viendo en el mundo y también de lo que hacemos con él. Pero por otro lado no soy un científico. No soy médico. No soy un político. Soy solamente un actor. Tan solo quiero plasmar la mirada de Darren y creo que él es muy preciso a la hora de mostrar el nacimiento de una religión, como algo que nos divide y nos separa mucho más de lo que nos une. También resalta el hecho de que no estamos cuidando a la Madre Naturaleza y creemos que ciertas cosas serán eternas, y no es así. Creo que hay muchas cosas importantes de las que habla esta película y esa es la razón por la que nunca dudé de que tenía que participar, porque me parecía un desafío. Y lo fue, pero la recompensa ha sido enorme porque no es habitual dar con una película en la que puedas explorar estos temas con esta calidad cinematográfica.

— Darren dice que actuando eres como un volcán. ¿Te sientes un hombre poderoso?

— No, en absoluto. Soy padre. No hay nada mejor que ser padre para darte cuenta de que no tienes ninguna clase de poder. Tus hijos te manipulan y consiguen lo que quieren de ti. Te mueven arriba y abajo, a un lado y al otro, y uno debe tratar de convencerse de que eres tú quén tiene el control. Pero no es así y nunca lo será. Es lo mismo que nos ha pasado a todos con nuestros padres. Con franqueza, esta faceta poderosa que se ve en mis películas es tan solo parte de mi trabajo. Me siento afortunado de poder estar contigo en este momento hablando de dos películas. Es un gran regalo que me ha dado la vida. Sobre todo considerando que hay mucha otra gente que no puede ganarse la vida haciendo esto. Pero no deja de ser un trabajo.

— ¿En qué dirías que se diferencia Pablo Escobar de tu personaje en «Madre!»?

— En que era muy fácil decir que Pablo era un villano. Pero no lo es, se trata de un ser humano. Y ese es el gran problema. He interpretado a varios villanos, como el de Piratas del Caribe y el de Skyfall. Cuando uno encarna al malo de una película trata de humanizarle para poder comprenderle, pero nunca dejará de ser un villano. Es un símbolo. Pero Pablo Escobar era real y ese era el problema. No vi esa realidad en otras interpretaciones que se hicieron de él, lo cual no estaba bien, por lo que traté de resaltar el hecho de que era un ser humano, porque eso es lo que lo vuelve más escalofriante. No es una idea ni un símbolo. Es una persona y eso es lo que nos vuelve vulnerables frente a él.

— ¿Qué nos puedes contar de «Loving Pablo»?

— Que la terminamos de filmar en diciembre. He estado tratando de interpretar a Escobar desde el 2000, cuando me ofrecieron Killing Pablo. No sabía mucho sobre él, me puse a leer y terminé obsesionándome. Después me ofrecieron todas las versiones de Escobar que te puedas imaginar, pero siempre las rechacé, porque parecía que eran muy superficiales. Para mí era un personaje muy complejo, porque de otro modo no se explica que fuera reverenciado, incluso hasta el día de hoy, por tanta gente en Colombia, tanto como se le detesta. Sentía que teníamos que encontrar una combinación esas dos facetas. Se fueron haciendo muchas películas sobre él pero a mí me tocó la historia que yo quería contar, la de la relación entre él y su amante Virginia Vallejo, la periodista colombiana, quien en cierta forma ayudó a crear el mito Escobar. En el film no nos concentramos tanto en las consecuencias de lo que él hizo como a tratar de analizar de dónde viene su ambición, su poder, sus necesidades y su maldad.

— ¿Por qué te interesaba interpretarle, cuando tantos otros actores lo han hecho en los últimos tiempos?

— Por la misma razón que tantos otros han decidido encarnar a Winston Churchill hace poco. Incluso más que sobre Pablo, y aún así seguimos queriendo saber sobre él. Me muero por ver el trabajo de Gary Oldman en su nueva película y estoy seguro de que va a ser fantástico. Son grandes personajes, figuras importantes que, nos gusten o no en lo personal, siguen llamando la atención de la gente, y nunca falta el interés por hablar de ellos en el cine o en los libros. En el caso concreto de Escobar, me parece que lo que logramos es realmente único en lo que concierne a su punto de vista y al desarrollo de la historia. Nunca se ha hecho una película que realmente intente comprender quién fue Pablo Escobar y la nuestra sí lo hace. Obviamente como personaje me exigió mucho porque hay una linea muy delgada entre esta persona que fue un monstruo horrible que causó tanto daño y horror, y que cambió la historia tal como la conocemos, y al mismo tiempo tenía un carisma tan particular que hacía que la gente se sintiera muy atraída por él. Esa fue la razón por la que llegó tan lejos, por lo que hay que combinar esos dos elementos en esta especie de monstruo sin traicionar ninguna de sus facetas. Fue adorado y admirado por mucha gente, y esa es la razón por la que le pusimos como título Loving Pablo, porque es una lección sobre lo que pasa cuando la gente adora a un personaje como este, tanto en un plano personal como le ocurrió a Virginia Vallejo, que es interpretada por Penélope, o por toda una sociedad. Y el film te muestra cuál es la consecuencia cuando eso ocurre. La consecuencia es, tal y como sabemos, el horror, el terror, la muerte, pero muchas de las cosas que se mostraron por televisión contra todo pronóstico le aportaron un toque de glamour a la vida de los narcos, aunque no tiene nada de glamourosa. Es un mensaje peligroso que se puede percibir en otras producciones sobre Escobar, pero la nuestra no tiene nada de glamorousa. Era un hombre con brillo propio que generó mucha atención, y eso fue lo que atrajo tanto a Virginia como a mucha otra gente. Lamentablemente, aunque Escobar ya no está, esa situación no ha cambiado porque eso es lo que está ocurriendo en México en este momento, por lo que yo siento que Loving Pablo es una película importante que refleja hechos desafortunados que están ocurriendo en la actualidad.



— ¿Cómo fue la experiencia de actuar con Penélope ahora que tienes una relación diferente con ella?

— Debo confesar que al principio estábamos asustados porque era la primera vez que actuábamos juntos después de haber empezado nuestra relación. Sobre todo por los personajes que nos tocaba interpretar y que a su vez tenían una conexión muy intensa. Nos preocupaba porque como padres sabíamos que después de la jornada de rodaje íbamos a regresar al hotel para volver a ser papá y mamá para nuestros hijos. Nos preguntábamos cómo íbamos a poder hacerlo después de habernos pasado el día interpretando a estos personajes. Virginia es una mujer normal que debe lidiar con una enorme presión. Pablo no. Es el monstruo que todos conocemos pero al mismo tiempo era muy afectuoso como cabeza de familia. Fue algo que hablamos mucho, no solo entre nosotros, sino también con Fernando, el director, y que trabajamos mucho con Juan Carlos Corazza, nuestro profesor de teatro, que es también nuestro maestro y amigo, y logramos hacerlo de un modo en el que tan solo nos dedicamos a imaginar. Se trató de crear dos personalidades distintas que no somos nosotros, definirlas de una manera muy específica para que fuera divertido interpretarlas y no salirnos de lo que se suponía que teníamos que hacer para que despertara en nosotros algo que no tenía nada que ver con quienes somos en la vida real. A partir de ese punto sabíamos que podíamos hacer lo que fuese necesario para luego regresar a nosotros mismos y dejar a estas otras dos personas detrás. Fue un proceso muy gratificante, lo pasamos muy bien haciéndolo y fue exactamente lo contrario de lo que nos imaginábamos. Pensábamos que iba a ser un problema y terminó siendo una gran decisión, un desafío que nos permitió avanzar en nuestro desarrollo como actores, porque en lugar de llevarnos a los personajes a nuestra casa, nos vimos obligados a meternos dentro de ellos, permanecer allí con mucha intensidad mientras filmábamos y luego volver a ser nosotros mismos, totalmente despojados de cualquier conexión con ellos. Fue maravilloso. Lo pasamos muy bien filmando en Bogotá. Era un lugar perfecto para estar con los niños por lo que todo salió mucho mejor de lo que nos esperábamos. Fue una gran experiencia.

— ¿Te imaginas a Penélope trabajando como periodista después de verla interpretar a una en «Loving Pablo»?

— No, no me la imagino así. Me parece que es una profesión muy com pleja. Creo que si no fuese actriz haría algo vinculado a las artes, porque esa es su pasión, hay un impulso artístico en todo lo que hace. Pensándolo bien, no me imagino qué otra cosa podría hacer. Espero que nunca le interese abandonar su carrera.

— Tus personajes suelen morir en el cine…

— Es cierto, y aunque pueda sonar extraño, es interesante lo de morir en las películas porque te obliga a confrontar un tema del que uno por lo general no quiere hablar. Pero se ve obligado a aprender que hay muchas formas de morir. Hay muertes horrendas y otras que uno busca, como la de Mar adentro, u otras que vienen con la enfermedad, como la de Biutiful. Además te ayuda a comprender cuál es el significado de la muerte, no solo para ti, sino para los miembros de tu familia. Te ves forzado a preguntarte cuál es la conexión entre los que se quedan y los que se han marchado. Soy de la idea de que las cosas no se terminan cuando nos morimos, que hay un nuevo viaje que empieza en ese momento. Pero no lo veo desde una perspectiva religiosa. Simplemente pienso que las cosas no se terminan cuando todo termina. En cierta forma continúa. ¿Y por qué lo digo? Cuando hice Biutiful tuve la oportunidad de hablar con dos personas que tenían el talento de conectarse con el Más Allá. Vi ciertas cosas, y a la vez sentí que todo lo que ellos me mostraron era cierto. Por otro lado, me parece una posiblidad bastante lógica, no me parece disparatado que seamos seres espirituales que tenemos una experiencia dentro de un cuerpo en lugar de que sea al revés. Además me gusta pensar de esa manera porque mi padre murió cuando tenía veintiséis años, y le extraño todos los días. Me gusta pensar que le tengo cerca y que me está cuidando. Y me encantaría pensar lo mismo con respecto a mis hijos cuando sea yo el que se vaya.

— ¿El trabajo te deja suficiente tiempo para estar con tus hijos?

— Sí, y esa es la razón por la que con Penélope estamos tratando de hacer películas juntos, porque eso nos permite viajar al mismo tiempo y no tener que estar distanciados. Tenemos muchísima suerte, es así de sencillo. Nos podemos ganar la vida con este trabajo y pertenecemos al 8 por ciento de los actores que lo ha logrado. Por eso tratamos de ser la pareja que trabaja en el mismo proyecto o combinar nuestras películas de manera tal que uno filme mientras el otro se ocupa de los niños. Por ahora ellos no entienden muy bien en qué consiste nuestro trabajo, saben que hacemos películas, pero es algo que les resulta un poco surreal, lo cual está muy bien y con lo que no tenemos ningún problema. Nos gusta ocuparnos de nuestros hijos como cualquier familia normal. Por eso cuando hicimos Loving Pablo fue como un sueño hecho realidad, porque nos permitió resolver un montón de cosas. La película de Ashgar nos está resultando incluso más fácil porque como se rueda en Madrid todo se simplifica mucho.

— ¿Van a visitaros al plató?

— No siempre. Les llevé al de Piratas del Caribe, pero solo cuando estaba maquillado de vivo en la película, porque querían que me vieran de la mejor manera posible. Me encantaba la idea del pequeño subiendo al barco pirata y jugando con los cañones, porque esos barcos tenían el tamaño de uno real, pero lógicamente hubo otros días en que si me hubiesen visto con todo el maquillaje hubiese sido demasiado impresionante.

— ¿Os gustaría hacer una película para niños que ellos pudieran ver?

— Por supuesto. Me encantaría. Siempre he sido un gran fan de las películas infantiles, y te puedes imaginar que con dos niños de seis y cuatro años, veo ese tipo de cine. Me encantan las de Disney y Pixar, son excelentes. Creo que Up es una obra maestra. Esa es una película que me impactó. Me encantaría participar de un proyecto así.

— ¿Cuáles son tus planes con tu compañía productora?

— Hice tres documentales y ahora estoy produciendo otro más. Trabajé en la película de Terrence Malick, To the Wonder, en la que interpreté a un sacerdote. Había una segunda unidad con la que iba a visitar gente real en situaciones complicadas vestido de sacerdote, porque Malick me pidió que lo hiciera, acompañado de un asombroso fotógrafo que se llama Eugene Richards. Fue una experiencia muy dura, porque ellos sabían que era un actor, pero querían hablar con alguien sobre lo que les estaba pasando y todo eso se hizo frente a una cámara. No hay mucho de todo lo que filmamos que quedó en la película y ahora estoy haciendo un documental con Eugene, con el permiso de Terrence, de todos esos encuentros. Trata sobre la fe, sobre la muerte y sobre la vida, son conversaciones con toda esta gente que se enfrenta al final y lo que significa la fe en esos momentos. Esa es la última producción que he hecho y espero que se estrene pronto. Eso es lo que quiero hacer, producir retratos de la vida real. Para la ficción me basta con mi trabajo. Pero cuando hago cosas como productor me interesa estar allí y no tener que confiar en los demás. Eso es muy difícil porque necesito tener más tiempo para poder hacerlo.

— ¿Qué más nos puedes contar sobre la película que estás haciendo con Asghar Farhadi?

— No es mucho lo que te puedo contar. Lo único que puedo decir es que cada vez que Asghar tiene una idea se prepara intensamente para llevar a cabo. Viajó a España y se instaló allí durante mucho tiempo, se puso a estudiar nuestra cultura y el idioma, y le dedicó todo el tiempo que sintió que necesitaba a escribir. Porque a medida que le llegan las ideas, va haciendo cambios. Por eso no te puedo contar de qué trata la historia, porque ni yo lo sé. Puedo decir que es una historia divertida, como las que se solían contar en ciertas películas. Que trata de relaciones humanas, no solo las que tienen mi personaje y el de Penélope, sino con muchos otros integrantes de la familia protagonista de la película, y también puedo decir que en el film hay un secuestro. Y que esa situación hace que la gente reaccione frente a lo que está pasando. De lo que sí que estoy seguro es de que será una película extraordinaria, porque trabajar como actor con él es como hacerlo con un Cassavetes del siglo XXI. Cuando nos pusimos a hablar en persona del proyecto, la minuciosidad de los detalles que me dio durante la conversación sobre cómo crear las escenas me dio la pauta de que va a ser una gran película. Ensayamos un montón antes de empezar a filmar, algo que me encanta. Adoro los ensayos. Por lo general en las películas no hay tiempo para ensayar, aunque creo que es algo esencial. Uno tiene que poder aportar ideas. Lo cierto es que me encanta trabajar con él y soy un gran fan de sus películas. Nader y Simin, una separación es una obra de arte y lo mismo vale para su último film, El viajante. También dirigió una película en francés, El pasado, sin que él hable ese idioma. Es cierto que una de las cosas que me pregunté cuando escuché la propuesta es cómo iba a hacer para rodar nuestra película en español, pero él sabe cómo lograrlo. Puede darse cuenta, más allá del idioma, si algo está funcionando o no. Es todo un desafío, porque uno tiene que hacer todo lo que está a su alcance para que él pueda percibir si la escena es buena. No podemos jugar con el idioma y hacerle creer que es buena. Tiene que serlo.

Gabriel Lerman

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