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Aura Garrido

Su papel de Amelia Folch en la celebradísima «El Ministerio del Tiempo» ha convertido a esta joven actriz madrileña en una estrella mediática en ciernes. Pero el éxito no le ha llegado de forma súbita, sino que hace años que se ha convertido en un rostro habitual de la ficción catódica patria, no solamente por su belleza angelical, sino también por su talento para lo dramático. Una capacidad que ha ido desplegando, con notable paciencia, en una carrera cinematográfica que ha ido desplegando (y despegando) con buen tino.


Define muy bien su espíritu valiente, y sobre todo su compromiso con su oficio, el hecho de que, en plena vorágine popular de El Ministerio del Tiempo, se haya atrevido a bajarse (momentáneamente) del carro para seguir un sueño personal: «Hace seis años que estoy detrás de un curso en Estados Unidos con un maestro de la interpretación, John Strasberg [hijo de Lee y Paula Strasberg], pero nunca acabábamos de cuadrar las fechas». Tampoco sorprende que no se sienta atada por la seguridad de un trabajo reconocido y popular, teniendo en cuenta que asegura no haberse visto nunca obligada «a aceptar un trabajo puramente alimenticio, pero creo que tiene bastante que ver también con cómo enfoco mi profesión. Me tiraría por una ventana si tuviese que hacer algo que no me apasionase».

Y es que si algo no es Aura Garrido es una actriz tibia o complaciente. De ahí que reconozca tener «un trabajo donde, en ocasiones, te convierten en una muñeca que mueven a su antojo», y que se niegue a que usen su imagen «para vender un estilo de vida que no me parece real». Por eso controla al máximo sus apariciones en prensa, manteniendo su vida personal en un discretísimo segundo plano, porque lo que quiere es ganarse así su «propio terreno. No quiero ser la chica fácil de la foto y no quiero convertirme en otra persona cuando hago entrevistas, que es un poco lo que a veces pasa. Los hombres siempre pueden ser ellos pero a las mujeres siempre nos preguntan cosas de moda. Y yo no sé de moda».

UNA VOCACIÓN TEMPRANA

El gusanillo le viene a Garrido de familia. Tanto su padre, el compositor y director de orquesta Tomás Garrido, como su madre, la maestra y pintora Pilar Sánchez, apoyaron desde muy pequeña su «necesidad de expresión artística y creativa», de ahí que con cuatro años empezara a estudiar piano y, con cinco, ballet. No obstante, ella misma reconoce que lo que realmente marcó su vocación fue acompañar a su tía materna, la cantante lírica María José Sánchez, a algún «ensayo de zarzuela de ópera. Veía los vestidos, cómo se transformaba con aquellos trajes y maquillajes del siglo XIX, las flores en el camerino… Me fascinaba. Y como cantar en mi caso va a ser que no, me quedé con todo lo demás».

Así que, en cuanto terminó el instituto, empezó a estudiar Interpretación en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD). A mitad de su formación, se fijaron en ella para la serie Física o química –en la que apareció en solo cuatro capítulos, que aun así afirma que le permitieron «investigar laboralmente mucho, que es algo que a mí me encanta»– y, algo más tarde, para el largometraje Planes para mañana –su estreno en el cine, de ahí que asegure que al empezar a rodar le temblaban «todos los músculos del cuerpo»–, que le valió el premio a la Mejor Interpretación Femenina en el Festival de Málaga y una nominación al Goya a la Actriz Revelación. No obstante, y pese a que acota que intenta dejar los galardones «en un segundo plano y no prestarles demasiada atención porque me da mucho miedo caer en ciertas cosas», la realidad es que esa exposición mediática le convirtió en uno de los nombres de moda. De ahí que, debido al aluvión de trabajo que le vino encima gracias a series como La pecera de Eva, Crematorio, Ángel o demonio, Imperium, Las aventuras del Capitán Alatriste o Víctor Ros –y largometrajes como Promoción fantasma o El cuerpo–, Garrido decidió dejar el RESAD y centrarse en su carrera… Sin dejar nunca, como comentábamos al principio, de formarse.

Pero se sucedieron tres encuentros que cambiaron su vida profesional para siempre: Jonás Trueba, que la involucró en Los ilusos, y a quien dice que «seguiría al infierno con los ojos cerrados»; Rodrigo Sorogoyen –con el que trabajó en La pecera de Eva–, que le ofreció Stockholm, que no dudó en aceptar porque le encantó «su forma de trabajar y su enfoque en esta profesión»; y sobre todos los hermanos Pablo y Javier Olivares que, tras darle un pequeño papel en Víctor Ros, pensaron en ella para coprotagonizar El Ministerio del Tiempo, idea que a la actriz le fascinó por «esa mezcla tan loca de historia nacional y ciencia ficción, con un personaje que era un regalo». Los dos largometrajes dispararon su prestigio como actriz –sobre todo Stockholm, por la que ganó otro Premio a la Mejor Interpretación Femenina en Málaga, un CEC, un José María Forqué y un Sant Jordi, más numerosas nominaciones–, pero la serie de TVE la ha catapultado a la estratosfera de la industria española.

ANTE TODO, MUCHA CALMA

Aun así, Garrido asegura que, debido a lo mucho que trabaja –incluso ha sacado tiempo para hacer algo de teatro–, no tiene «vida social. Tampoco me arreglo casi nunca, por lo que la gente no me reconoce y no me para por la calle. Pero cuando sucede y me llaman por mi nombre me muero de vergüenza». Realmente, y a diferencia de otras actrices de su misma generación, no le ha dado carnaza a la prensa del corazón, si bien acota que, en realidad, se limita a hacer «vida normal, cuando he tenido pareja he ido acompañada a los estrenos y a todos sitios… Vamos, que nunca me he escondido. Pero quizás no me he mostrado ni he tenido interés en ocultar nada, y ya se sabe que cuando escondes es cuando más ganas hay de saber».

Naira Díaz


F I L M O G R A F Í A

2010. PLANES PARA MAÑANA, de Juana Macías.

2012. PROMOCIÓN FANTASMA, de Javier Ruiz Caldera.

EL CUERPO, de Oriol Paulo.

2013. LOS ILUSOS, de Jonás Trueba.

VIRAL, de Lucas Figueroa.

STOCKHOLM, de Rodrigo Sorogoyen.

2015. ASESINOS INOCENTES, de Gonzalo Bendala.

VULCANIA, de José Skaf.

2016. LA RECONQUISTA, de Jonás Trueba.

2017. LA NIEBLA Y LA DONCELLA, de Andrés M. Koppel.

COLD SKIN (La piel fría), de Xavier Gens.

2018. SOLO, de Hugo Stuven. EL AVISO, de Daniel Calparsoro.

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