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Kenneth Branagh

Director y protagonista de «Asesinato en el Orient Express»

En su juventud fue considerado la nueva sensación británica como actor, aunque es cierto que fue su adaptación de «Enrique V», de William Shakespeare, por la que fue nominado al Oscar como protagonista y director, la que le convirtió en una estrella. Han pasado 27 años desde entonces, y Kenneth Branagh ha logrado desarrollar una carrera marcada por los éxitos y los aplausos, tanto delante como detrás de las cámaras. Tras pasar de las versiones cinematográficas de obras de Shakespeare a trabajar para Marvel y Disney, ahora dirige y protagoniza esta nueva versión de la novela de Agatha Christie. Le secundan en el reparto Johnny Depp, Judy Dench, Michelle Pfeiffer y nuestra Penélope Cruz, por mencionar solo a algunos.


Qué hiciste como director para darle una nueva vuelta de tuerca desde el punto de vista al clásico de Agatha Christie?

— Fue una de las cosas que nos planteamos, porque es un elemento crucial cada vez que te zambulles en una historia clásica. Tienes el tren y a muchos de los mismos personajes, ¿pero cómo la presentas de una manera diferente? Es cierto que incorporamos algunas cosas, por ejemplo desarrollamos bastante más quién es Poirot, algo que no se describe demasiado ni en la novela ni en la versión cinematográfica de 1974. Nuestra inspiración viene de la novela. Una de las cosas que ocurren en el libro es que la gente conoce a Poirot con los rumores que le señalan como uno de los mejores detectives del mundo. Siempre sentí que el hecho de que fuera famoso no es suficiente para que todo el mundo sepa quién es Poirot. Por eso al principio de la película nos tomamos el trabajo de demostrar por qué es un detective tan astuto y especial, para que cuando se suba al tren, y se comporte de manera modesta, porque está de vacaciones, los demás pasajeros no le reconozcan, pero la audiencia ya sepa que es alguien formidable. Digamos que nuestra introducción es diferente, y además nos sirvió para tomar elementos de otras novelas protagonizadas por Poirot. Me encantaría volver a interpretar a este personaje pero estoy seguro que no lo interpretaré en treinta y siete películas, porque esa es la cantidad de libros de los que pudimos tomar material.



— ¿Has sido fiel al libro de Christie?

— La verdad es que leí la novela, me encantó y me sirvió para recordar cuán brillante era Christie como narradora. Pero como en todos los clásicos, siempre hay lugar para la interpretación, y me lo pasé muy bien explorando cómo encontrar el aspecto más contemporáneo en este texto. Parte de la razón por la que sigue teniendo vigencia es que pueden hacerse muchas interpretaciones de ella, y disfrutamos haciéndolo. Y buscamos la manera de que la audiencia no supiera de inmediato quién lo hizo ni por qué.

— ¿Qué es lo que te lleva a hacer un «remake» en vez de una película original?

— La verdad es que no veo esta película como un remake, porque si ese fuera el caso, simplemente haría lo que ya se ha hecho antes. Asesinato en el Orient Express es una historia de venganza, es un cuento moral y tiene una mirada contemporánea. Eso de por sí ya es un desafío. En las manos de grandes actores, estoy seguro que hará que esta versión se perciba de una manera muy diferente a las anteriores. Y la razón por la que uno vuelve a contar estas historias es la misma por la que escucho una sinfonía de Beethoven una y otra vez, porque me encanta volverla a escuchar. Y en cada versión que escucho hay diferentes elementos, porque esa es la virtud que tiene la partitura original. Cuando se trata de un autor clásico, que sigue manteniendo su vigencia por la belleza de su escritura, como es el caso de Shakespeare o de Christie, la calidad de sus personajes y muchas veces sus diálogos divertidos, no solo vale la pena volverles a adaptar, sino celebrar ese trabajo no limitándolo a una sola representación. Aunque entiendo que la gente tiene su propia versión de la canción, la novela o la película que les gusta, las encaro como si fuesen nuevas, y en muchas ocasiones lo son para mí.

— ¿Cómo interpretaste a un personaje tan emblemático?

— A los dieciséis años vi a Derek Jacobi intepretando a Hamlet, y verle me inspiró a intepretarle, aunque siempre fui consciente de que nunca iba a poder hacerlo como lo hizo él. Sin embargo, traté de imitar todo lo que me pareció que era bueno, o sea, la mayor parte de su interpretación. Aún así, uno trata de apropiarse del personaje, de hacerlo propio, de la misma manera que Agatha Christie tenía la capacidad de que sus novelas fueran intepretadas y de que siempre apareciera en ellas algo nuevo. Debo reconocer que me gustan mucho y admiro todas las otras interpretaciones que he visto de Poirot. En este caso, comenzamos con el bigote. En una de las muchas novelas de Christie en la que aparece Poirot, uno de los personajes dice que tiene uno de los bigotes más magníficos de Inglaterra. Y eso fue un gran desafío. Nos permitió mantener la distancia con una variedad de bigotes que ya se han usado, que son un poco más pequeños, un poco más peculiares y que requieren un poco más de pegamento. Hablamos con algunos miembros de la familia Christie que tenían un recuerdo muy claro de cómo imaginaban Agatha y su difunto marido el bigote de Poirot. Gracias a sus sugerencias y recomendaciones, tratamos de crear un bigote que fuese muy práctico pero que reflejara que era algo en lo que el detective trabaja constantemente. Es algo que se ve en la película. No quiero contar lo que no debo, pero su bigote es importante, su aspecto también lo es, y es algo que no le da ninguna vergüenza. A veces sientes que su bigote entra en la habitación antes de que lo haga Poirot. Eso genera un impacto muy fuerte en la gente y también le sirve para esconderse, porque sus interlocutores se asustan un poco cuando le ven. Creo que es un hombre que valora su privacidad, que es un forastero en todas partes, un solitario, alguien que carga con un corazón roto, todos ellos elementos que se pueden ver en la película. Digamos que partimos desde el interior, desde el corazón, y luego llegamos al bigote.

— ¿Fue complejo encontrar un equilibrio teniendo en cuenta que hay doce personajes, que tú eres el protagonista y además el director?

— Fue un gran desafío y muy estimulante. Un amigo mío que vino a visitarme al plató me dijo: «Poirot es en realidad el director, ¿no es así?». Y es así. Él está poniendo constantemente a la gente en situaciones que cree servirán para que revelen más sobre sí mismos. Una de las técnicas que usa es colocar a la gente en donde no se lo espera para realizar sus interrogatorios. Pone a una persona muy alta en un espacio muy reducido y pone a alguien que es un poco claustrofóbico en un espacio aún más reducido. Luego elige a alguien, lo lleva a la nieve y le interroga allí. No hay una razón lógica para hacerlo así, pero lo logra usando su encanto belga, con el objetivo de obtener un resultado específico, que es descubrir quién ha matado a quién y cuál es la motivación para ese crimen. No es que haya querido manipular deliberadamente a mis distinguidos colegas, pero es un reflejo de la labor del director. Creo que hay una conexión muy fuerte entre dirigir la película e interpretar a Poirot.



«Conté con un doble fantástico, Michael Raths, que es un gran actor»


— Mucha gente conoce el final, ¿cómo hiciste para mantener el suspense con una historia tan popular?

— Esa fue otra de las preguntas que nos hicimos cuando comenzamos a trabajar en este proyecto. ¿Cómo ibamos a hacer para mantener el suspense? Lograr que el clima fuera letal era lo más importante. El espectador tenía que sentir que, aunque el Orient Express está viajando, las cosas no son tan simples como parecen. Por lo tanto, cualquier objeto que se pueda encontrar en el tren puede convertirse en letal. Además los elementos externos juegan un papel muy importante. Hay un momento en que el tren se detiene frente a un túnel, en el que existe la posibilidad de que este se caiga y todo termine en una catástrofe. Pero además, desde un punto de vista actoral, tratamos de generar paranoia y sospechas en todos los presentes. Aunque es cierto que buena parte del público conoce el final, el quién y el por qué era muy importante. Y el por qué és lo que nos da la mayor cuota de suspense.

— ¿Cómo fue lo de pasar a ser de Kenneth Branagh a Poirot?

— Fue muy interesante. Creo que en el mundo moderno es inevitable hacer muchas cosas al mismo tiempo y hacerlo todos los días. Permanentemente estamos siguiendo múltiples temas, escuchando mientras hacemos otras cosas, y la química de nuestros cerebros está cambiando a un ritmo acelerado. Creo que la clave para poder dirigir y actuar al mismo tiempo es disfrutarlo. Hay quien dice que a veces uno puede ser pobre, pero tener momentos ricos. Y la verdad es que no me puedo quejar, porque el trabajo puede ser duro, pero nunca olvido que estoy haciendo algo que adoro.

— Para hacer esta película tuviste que depender más que nunca de tu doble de cuerpo, ¿no es así?

— Sí, conté con un doble fantástico que se llama Michael Raths, que es un gran actor. Incluso aparece con un pequeño personaje al principio de la película. Se incorporó a mi compañía de teatro el año pasado y por eso le añadí. Otra clave para sobrellevar el intenso ritmo de trabajo fue levantarme todos los días un poco más temprano para poder meditar. Eso me tranquiliza durante el resto del día. Había ocasiones en que el ritmo era brutal. Cada vez que había que hacer algo difícil, le seguía algo más difícil, pero nunca me olvidaba que no estaba operando a nadie del cerebro. Simplemente el ritmo de trabajo era intenso. Terminamos el rodaje con algunas escenas en Malta, y a la semana siguiente dormí como si nunca lo hubiese hecho en mi vida. Sentí un cambio físico en mi cuerpo y, literalmente, me enterré en la cama. De pronto me di cuenta que durante toda la filmación funcioné como un motor que no para nunca, y que siempre está acelerado. Digamos que siempre traté de disfrutar de cada momento que interpreté a Poirot y de cada uno en los que dirigí, pero no siempre lo logré.

— ¿Qué opinas del reparto que has podido reunir?

— Es un grupo asombroso de gente y debo decir que les admiro a todos. Ha sido una clase maestra trabajar con toda esta gente. De la forma como organicé la filmación, tuve mi primera escena de interrogatorio con cada uno de ellos en su primer o segundo día de trabajo. Por lo tanto fue una gran oportunidad para sentarme y trabajar con gente a la que considero grandes maestros, como Judi y Derek, o actrices exquisitas como Michelle y Penélope, y lo mismo vale para Johnny. Ponerles junto a estos actores jóvenes igualmente talentosos, algunos de ellos no tan conocidos por el público, fue una gran experiencia. Fue muy interesante poder interactuar con ellos primero en escenas en las que solo había dos personajes y uno de ellos era el mío, y luego ver como se desenvolvían en las escenas en las que participaban los doce. Algunos de ellos tienen una presencia tan fuerte que aún en las escena corales lograban generar un gran impacto. Una vez que ves a Johnny Depp nunca lo vas a olvidar, y lo mismo ocurre con Michelle Pfeiffer. Cada uno de ellos me mostró cómo aprovechar cada uno de los momentos que Agatha Christie nos dejó, esa intriga y ese suspense. Cada uno de estos actores logra hacerte pensar que fueron ellos los que lo hicieron, y a la vez convencerte de que son inocentes. Que son buenas personas, o que son el villano de la película. Contruyeron personajes complejos, y a la vez vivir en la época en la que transcurre la historia, usar la ropa con el entusiasmo que tenían quienes se embarcaban en esos viajes de otros tiempos. Estos actores aportan todo el entusiasmo, el sex appeal y el glamour que hacía falta, pero a la vez tienen una sutileza e inteligencia muy específica en la forma como actúan, por lo que cada segundo es valioso y nada se desaprovecha. En una película como esta, donde hay tantos personajes y muchas cosas que tener en cuenta, que ellos se lleven bien y hagan su trabajo a conciencia es fundamental para que las cosas funcionen. El haber podido estar del otro lado del interrogatorio ha sido un gran placer y un aprendizaje. Sin tratar de ser modesto, he aprendido mucho sobre actuación trabajando con toda esta gente en esta película tan particular, y lo he disfrutado mucho.

— ¿Cuál fue el desafío de trabajar con todos ellos?

— Fue complicado, porque coordinar la participación de cada uno de ellos no fue fácil, pero no podría haber contado con un elenco más distinguido. Un componente esencial fue Judi Dench. Ella es como un talismán. Ella y Derek Jacobi se conocen desde hace un millón de años. Johnny ha trabajado antes con Judi y la adora. Ella era la primera en estar lista, y aunque tiene problemas de visión, nunca se queja. El hecho de que estuviera allí antes que nadie, y que tuviera una actitud tan digna frente a sus propios problemas, hizo que nadie se atreviera a decir nada. Es una persona real, que responde a gente real, y para ella no hay ninguna diferencia entre ella y ninguna otra persona, y eso incluye a todas las profesiones. Cuando tienes a alguien que se comporta de esa manera en tu reparto, todos los demás le imitan. Michelle Pfeiffer vino a verme el primer día de filmación, mientras todo el mundo llegaba al tren. Era como el primer día de escuela. Algunos se mostraban un poco tímidos, otros estaban muy callados. Michelle se subió al tren y me pareció que estaba un poco molesta. Me preocupé, porque pensé que algo no le había gustado. Pero cuando empecé a hablar con ella, me confesó que le gustaba tanto el trabajo de Judi Dench que no podía creer que acabara de conocerla. Le dije que no se preocupara, que iba a actuar junto a ella en unos pocos minutos. Eso sirvió para que todas las escenas fueran muy realistas. Una de las cosas que traté de hacer en este rodaje fue no hacerles perder el tiempo. Una vez que estaban todos subidos en el tren, hice todo lo posible para que la filmación fuese lo más rápido posible. Es que si tenía a dieciséis actores en una escena, tenía a dieciséis maquilladores, dieciséis asistentes de vestuario, por lo que todo era un verdadero caos. Por lo tanto intenté capturar aquellos momentos en los que todos estaban entusiasmados. Trabajar con actores es lo mismo que hacerlo con atletas. Están listos para correr o para jugar, y lo peor que uno puede hacer es demorar el momento en que lo hagan. En cualquier caso, Judi fue una gran ayuda porque fue el ejemplo de cómo se puede ser un actor serio, tener sentido del humor y no perder nunca la amabilidad.



— ¿Por qué contrataste a Sergei Polunin, que es un bailarín muy famoso, pero que no había actuado nunca?

— Porque era importante para mantener el suspense. Una de las cosas que Christie destaca en su novela es que hay algunos personajes que son notablemente peligrosos y que están a bordo del tren, a los que conocemos anticipadamente. El personaje de Johnny Depp, Ratchett, es alguien que conoce a gente peligrosa y él mismo lo puede ser. En el libro, el conde Andrenyi aparece antes de subir al tren en medio de una pelea, y siempre se muestra muy temeroso de que algo le pueda pasar a su esposa. Nos interesaba que para algunas escenas posteriores de la película pudieramos tener a alguien que pudiera bailar de verdad, que pudiese liberar la fisicalidad que uno puede sentir si fueras alguien para quien la vida activa es muy importante y se sintiera atrapado en un espacio muy reducido, y de pronto el tren se ve detenido por la nieve. La ferocidad animal que alguien como Sergei podía aportar nos pareció muy importante. Había escenas de acción y de lucha en las que él podía hacer cosas extraordinarias con su cuerpo en cuanto se lo pidiéramos. Le pedimos que no lo demostrara desde el primer momento, porque si eres bailarín y luchador, te vas a mover de una manera diferente, y él lo pudo hacer. Rob Ashford, que es un director con el que he trabajado muchas veces y que nos ayudó observando y controlando mi actuación, también colaboró a la hora de coreografiar la pelea que tengo con Sergei. Rob estaba muy impresionado porque no había nada que le pidiera que Sergei no pudiera hacer. Podía levantar la pierna hasta donde le pidieras. Tiene una intensidad que hace que su personaje se convierta en alguien muy peligroso y potencialmente muy violento. Todo eso sirve para mantener el suspense.

— ¿Qué es lo que crees que distingue a Poirot de Sherlock Holmes?

— Es una comparación interesante. Creo que los dos tienen un toque de comportamiento obsesivo compulsivo. Poirot suele decir que sus dioses son el orden y el método, pero creo que comparte con Holmes esos momentos de inspiración que siempre está buscando. Al menos en esta versión, le permitimos a Poirot un proceso detectivesco técnico. Como buen belga, suele tener una imaginación un poco surrealista, algo que se permite de la misma manera que Holmes lo hace con la música y con ciertas substancias. A Poirot le gustan los dulces y los chocolates pero creo que su imaginación belga le permite inspirarse y ver conexiones y pistas de una forma que el resto de la gente no puede. Eso hace que sea un personaje sorprendente. Creo que el guión de Michael Green es muy divertido e inteligente, al menos tan inteligente como uno imagina que debe de ser un detective. Poirot a veces se ríe de si mismo y reconoce una cierta dosis de vanidad personal, pero también se ríe de los ingleses. Ciertamente es un personaje fascinante de interpretar y espero que encuentre un lugar en el panteón de los grandes detectives junto a Sherlock Holmes.

— ¿Que opinas de la primera versión de 1974?

— A mí siempre me llamó mucho la atención el título, Asesinato en el Orient Express. Luego conocí a Sidney Lumet, a quien admiré enormemente y cuyo trabajo siempre me ha encantado. Fue muy amable conmigo cuando era un joven actor y director. Su libro «Así se hacen las películas» es una gran guía para cualquiera que quiera dirigir una película o al menos entender qué es lo que eso implica. Aunque la tecnología ha cambiado, su comprensión del medio es incomparable. Estaba muy orgulloso de su experiencia haciendo esa película. De todo lo que ha hecho Christie, creo que es la novela que mejor combina las localizaciones, con un viaje a través de Europa durante la noche, un tren, un romance a bordo que es algo muy atractivo, y un grupo de gente que no se conoce, que debe compartir un espacio reducido con comida deliciosa, bellos paisajes y un movimiento constante, lo cual permite que puedan pasar todo tipo de cosas. Me encanta el invierno, y mientras hicimos la investigación para esta película, tuve el gran placer de hacer ese viaje en tren, lo cual fue una experiencia memorable.

Gabriel Lerman

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