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Entrevista a Steven SPIELBERG

«Todos tuvimos que convertirnos en periodistas para poder contar esta historia de manera apropiada»

Mientras que casi todos sus colegas de su edad han empezado a retirarse, Steven Spielberg no dudó en incrementar su ritmo de trabajo para lanzarse a rodar «Los archivos del Pentágono» pocos meses después de haber concluido «Ready Player One», el film de ciencia ficción que se estrenará mundialmente en marzo. No hay duda de que la tentación de retratar a figuras que conoció personalmente con algunos de los mejores actores de Hollywood, y contar una historia que tiene un claro mensaje político en un momento muy complejo de la sociedad norteamericana, fue sencillamente irresistible. A los 71 años, el legendario realizador vuelve a la carga con otra demostración de talento que le ha vuelto a convertir en favorito en la carrera por los premios.


Esperas que tu película inspire a las nuevas generaciones para que lean prensa escrita?

— Tengo la esperanza de que nuestra película concience a la gente del esfuerzo que requiere dar con la verdad y presentarla al público. Eso me parece más importante que intentar volver a poner de moda la prensa escrita, porque hoy en día todo es digital y la prensa escrita se está convirtiendo en una anticualla. Pero nunca va a pasar de moda. Esa fue la razón por la que sentí que tenía la oportunidad de contar esta historia, porque todo se dio rápidamente en febrero. Estaba haciendo otra película, Ready Player One. Cuando Amy Pascal me mandó el guión que escribió nuestro guionista de 31 años, y que hizo sin que nadie se lo encargase, me pareció que era un proyecto particularmente vigente para los tiempos que corren. Sentí que había que contar esto de forma inmediata y no esperar a que tuviera otra vez tiempo para hacer una película, algo que hubiese ocurrido en 2018.

— ¿Es cierto que conociste personalmente a Katherine Graham?

Sí, es cierto. Cuando estaba promocionando en Washington DC Salvar al soldado Ryan en 1998, mi socio David Geffen me dijo que tenía que conocer a su buena amiga Kay Graham. Ni siquiera estaba en la agenda, pero me llevó al «Washington Post», a su oficina, y me quedé con ella durante una hora y media. Fue un encuentro muy bonito, porque pasamos juntos un buen rato, hizo que trajeran el almuerzo para los dos y nos dedicamos a conversar durante todo ese tiempo. Pero como cualquier buen periodista, ella me hizo diez preguntas por cada una que yo llegué a hacerle, por lo que no fue un encuentro igualitario, pero descubrimos que nos caíamos muy bien. Por otro lado, Sally Quinn y Ben Bradlee fueron mis vecinos durante quince años. Ben y Sally vivían exactamente enfrente de mi casa en Long Island, donde paso los veranos, algo que sigo haciendo. Les conocí muy bien y Ben me contó cosas muy interesantes sobre el «Washington Post». Tom Hanks también conocía muy bien a Ben, porque Nora Ephron también era mi vecina. Los domingos hacíamos reuniones estupendas a las que venían Tom con su esposa Rita. Esto ocurrió mucho tiempo después del Watergate, cuando Ben ya se había jubilado y estaba escribiendo su libro. Fue muy interesante hacer esta película conociendo tan bien a Ben, y habiendo conocido también a Katherine, por más que a ella la hubiera visto solo una vez, pero también leí su autobiografía. Nunca le conté nada de ella a Meryl, porque es una actriz a la que no hay que explicarle nada. Creo que ha hecho un trabajo extraordinario en esta película. Sobre todo porque cada vez que participa en un film se genera una gran expectativa con su trabajo. Y mi impresión es que Meryl ha superado esas expectativas. Me siento muy orgulloso de haberla dirigido en esta película.



«Janusz Kaminski es un gran pintor, pinta con la luz.

Es uno de los mejores directores de fotografía del mundo


— ¿Por qué crees que pasó tanto tiempo para que pudieran unirse Meryl, Tom y tú en un mismo film?

— Es una buena pregunta. Es increíble que Tom y Meryl nunca hayan trabajado juntos antes. Esta es mi quinta colaboración con Tom, y he disfrutado de cada una de ellas por razones diferentes. La verdad es que siempre quise trabajar con Meryl Streep, pero no me parecía la actriz indicada para War Horse y tampoco pude encontrar un papel para ella en Lincoln, aún cuando el día que Daniel Day-Lewis ganó el Oscar, él dijo que Meryl había sido mi primera opción para el papel que terminó haciendo Sally Field. Lo curioso es que hace muchos años que conozco socialmente a Meryl, porque los dos éramos muy amigos de Carrie Fisher. La veía siempre en reuniones pero nunca trabajamos juntos. Cuando se presentó la posibilidad de este proyecto, supe que no había nadie en la faz de la Tierra que pudiera hacer mejor el papel de Katherine Graham. Esa fue la oportunidad para que Meryl Streep y Tom Hanks pudieran hacer juntos una película. Fue un gran placer que me tocara dirigirles en este tardío debut compartido.

— ¿Por qué sigues contando con Janusz Kaminski como tu director de fotografia?

— Porque Janusz es un gran colaborador. He sido bendecido por tener como colaboradores a gente con mucho talento y por eso continúo trabajando con ellos, porque es algo que he hecho a lo largo de toda mi carrera. Michael Kahn ha editado cada película que he hecho desde Encuentros en la tercera fase. John Williams ha compuesto la música para todas ellas, incluyendo Los archivos del Pentágono. Con Janusz hemos trabajando juntos en todas mis películas desde 1993, cuando hicimos juntos La lista de Schindler. Le descubrí porque estaba mirando televisión una noche y vi un telefilm que Diane Keaton había dirigido que se llamaba Una flor salvaje en donde Janusz trabajó como director de fotografía. Ese fue el comienzo de nuestra relación. Le contraté por lo que vi que hizo en ese telefilm. Es un gran pintor, pinta con luz. También he trabajado con otros grandes directores de fotografía como Vilmos Zsigmond, Allen Daviau y Mikael Salomon, pero nunca antes un director de fotografía se había convertido en uno de mis mejores amigos. Siempre encuentra una manera diferente de contar una historia con la luz. Y yo simplemente dejo que él lo haga. Decide cuál es la temperatura del color que tiene que tener la película. Cuando hicimos Lincoln, encontró una tonalidad de color verdaderamente asombrosa. Aunque la filmamos en color, parecía como si fuera blanco y negro, porque no había lamparitas en 1865, por lo que la película tenía que ser relativamente oscura. Esa fue una idea de Janusz, y un riesgo que decidió correr. Creo que él y Emmanuel Lubezki son los dos mejores directores de fotografía del mundo en este momento.

— Cuando encaras una película con temática política, ¿el trabajo es distinto a cuando se trata solo de entretenimiento?

— Creo que la mayor diferencia es que una película que es puro entretenimiento depende solo de mi imaginación, mientras que una que es ficción histórica o que sigue al pie de la letra cómo ocurrieron los hechos necesita de que confirmes y verifiques los hechos históricos. Cuando hice Lincoln y ahora Los archivos del Pentágono, hice mucha investigación con los guionistas, Josh Singer y Liz Hannah, para confirmar que todo lo que poníamos en la historia era verdad. Mi imaginación puede resultar un problema en un proyecto como Los archivos del Pentágono. Vamos, siempre uso esa imaginación, porque hay que seguir un ritmo, decidir dónde se pone la cámara y buscar la forma de contar la historia desde un punto de vista dramático. Pero los hechos son los hechos, y en cierta forma, todos tuvimos que convertirnos en periodistas para poder contar esta historia de manera apropiada. — ¿Dirías que Daniel Ellsberg es un precursor de Edward Snowden?

— En cierta forma sí. La diferencia es que Daniel Ellsberg se llevó los archivos del Pentágono de una oficina secreta en la que legalmente podía entrar. Trabajaba para Rand Corporation. Pero luego le dio ilegalmente unas siete mil páginas del estudio sobre Vietnam de Robert McNamaara al «New York Times». Pero lo hizo con la intención de terminar con la guerra. Usó la verdad como un arma para liquidar la justificación sobre las razones de Estados Unidos para seguir adelante con ese conflicto. Su objetivo era muy específico, no buscaba que las autoridades dejaran de espiar a los norteamericanos. Eso fue algo que ocurrió mucho antes de que la tecnología le permitiera a Snowden revelar lo que contó. Ellsberg estaba en una posición muy especial, porque se oponía a la guerra y sabía que lo de Vietnam era todo una mentira por la que morían miles de soldados cada tres o cuatro meses.

— ¿Cuál crees que fue el impacto de la publicación de los archivos del Pentágono, en donde quedó claro que los presidentes mienten a la gente?

— Eso se muestra en el final, cuando esta historia termina con el escándalo del Watergate. Creo que los archivos del Pentágono crearon una conmoción en las universidades. Las marchas de protesta se multiplicaron por diez después de que primero «The New York Times» y luego «The Washington Post» revelaron el contenido de los archivos del Pentágono. Luego la Corte Suprema les permitió seguir publicándolos, y todo eso ayudó a que la guerra de Vietnam terminara antes. Además todo esto fue un espaldarazo para Katherine Graham. Daniel Ellsberg no había logrado que nadie publicara estos documentos. Él tuvo acceso a ellos durante cuatro o cinco años antes de que se los diese a Neil Sheehan del «New York Times». Cuando Katherine Graham decidió publicarlos, encontró su voz y se dio cuenta de que era una líder. Fue un gran logro personal para ella. Estoy seguro de que si el «Washington Post» no hubiera publicado los archivos del Pentágono, no creo que ella hubiese permitido que Ben Bradlee le diese luz verde a Carl Bernstein y Bob Woodward para investigar lo de Nixon, lo que llevó a su renuncia. No se hubiesen atrevido a hacerlo, pero lo hicieron porque tenían el respaldo del éxito previo.

— ¿Recuerdas cómo reaccionaste tú en aquel momento cuando te enteraste de la existencia de esos documentos?

— La verdad es que entonces estaba haciendo películas de 16 mm. en la universidad, y hacía todo lo que estaba a mi alcance para que no me enviaran a Vietnam. Trabajando tanto en mis películas amateurs, no estaba muy al tanto sobre los archivos del Pentágono y el terremoto que eso generó. Fue algo a lo que no le presté atención hasta muchos años mas tarde. Tuve mucha más noción del Watergate que de los archivos del Pentágono. Esa es la pura verdad. No leía «The New York Times» porque estaba yendo a la universidad en Long Beach, muy cerca de Los Ángeles y entonces allí no se conseguía. Pero miraba las noticias, que en aquel entonces estaban obsesionadas, como correspondía, con la guerra de Vietnam. Supongo que habré escuchado lo de los archivos del Pentágono entonces, pero no le presté atención hasta que muchos años después me puse a estudiar lo que pasó en Vietnam.

— ¿Ves algún paralelismo entre lo que ocurrió 40 años atrás y lo que está pasando ahora a nivel político?

— Por supuesto. Mientras filmábamos la película nos dimos cuenta que Los archivos del Pentágono es un espejo de lo que puede llegar a ocurrir. Los paralelismos con la realidad actual son obvios, porque basta con mirar atrás para ver lo que ha ocurrido con Nixon y otros presidentes que han faltado a la verdad. Siento que la nuestra es una película patriótica pero que no es partidista. No la hice como demócrata, sino como defensor de la libertad de prensa, de la primera enmienda de la Constitución norteamericana y del cuarto poder. Me parece que este film es un antídoto a ese término tan popular en los últimos tiempos, el de las noticias falsas, que te hacen preguntarte todo el tiempo qué es real y qué no. Los héroes de esta película son los periodistas, y de verdad lo son. Ben Bradlee, Katherine Graham y todo el equipo de «The Washington Post», así como el del «New York Times», hicieron algo asombroso, porque al dar a conocer los archivos del Pentágono y luego al denunciar el caso Watergate, se convirtieron en un mecanismo de control, e incluso casi en una cuarta rama del gobierno.



— ¿Sientes que «Los archivos del Pentágono» es una mirada optimista al poder de las películas?

— Claro, porque todos sabemos cuán poderosas pueden ser las películas, porque son capaces de lograr que un tema complejo se vuelva comprensible para la audiencia en general. Pueden ayudarte a entender cómo fueron las cosas. En ese sentido, Los archivos del Pentágono ayuda a comprender lo que ocurrió. Creo que permite que la gente tenga una nueva apreciación por la prensa, en estos tiempos en que se la está atacando tanto. Muchos van a poder darse cuenta de lo duro que trabajan estos hombres y mujeres para encontrar la verdad, y para luego tener la valentía de publicarla.

— ¿Cuál crees que fue el impacto que tuvo la decisión de Katherine Graham más de 40 años atrás que las mujeres pasaran a ocupar más puestos de poder?

— Creo que después de 1971 muchas mujeres asumieron posiciones de responsabilidad y control en Estados Unidos. Si te fijas, hoy es impresionante cuántas mujeres están al frente de grandes operaciones, no solo en el mundo del entretenimiento o de las noticias, y me alegro mucho que eso haya ocurrido. No le estoy dando todo el crédito a Katherine por eso, si bien es cierto que ella fue la primera presidente de una gran compañía en el ranking de «Fortune 500». Desde entonces muchas mujeres han encontrado posiciones en las que pueden ser responsables y creativas, y en las que han demostrado su capacidad una y otra vez.

— ¿Qué es lo que distingue a las mujeres como jefas?

— La eficiencia. Siempre he trabajado con muchas mujeres. He tenido compañías que estaban dirigidas por mujeres, comenzando por Kathleen Kennedy, que dirigió Amblin para mí durante muchos años, y luego conté con Laurie MacDonald, que guió DreamWorks con Walter Parks durante doce años. Después tuve en ese puesto a Stacy Snyder, que lo dirigió durante los siguientes siete. En estos momentos estoy buscando a una mujer que pueda ponerse al frente de esta nueva variante de Amblin, porque sé que no voy a estar haciendo este trabajo durante el resto de mi vida. Tuve una madre muy fuerte, que fue siempre mucho más una amiga que una proveedora. Aprendí muchísimo de ella, sobre todo a la hora de lidiar con las relaciones humanas, y más especificamente, aprendí de ella a tratar a las personas difíciles. Siento que las mujeres están mejor preparadas para crear un ambiente familiar en una empresa. Y eso es lo que me interesa tener en mis compañías. Prefiero moverme en ese ambiente que en uno como el que teníamos en Salvar al soldado Ryan, donde estuve rodeado de hombres todo el día durante tres meses. Un buen ejemplo de todo esto es Katherine Graham, que era una persona asombrosa y que terminó ocupando el puesto de editora general por esas cosas del destino. A ella no le interesaba ocupar ese lugar, y estaba muy orgullosa de que su padre le hubiera dado ese cargo a su marido en lugar de dárselo a ella. Siempre hablaba maravillas de Phil, su marido, y estaba feliz de que su padre le hubiese elegido a él. No porque ella no supiera que iba a poder hacer las cosas bien, sino porque sentía que ese no era su trabajo. Estaba muy ocupada criando a su familia entonces, y le parecía que su marido estaba más preparado para la tarea, porque así era como muchas mujeres entendían el mundo.

— ¿Qué es lo que recuerdas del grupo de amigos que formaste con otros directores cuando empezabas?

— Con George Lucas, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese y Brian de Palma nos llevábamos muy bien porque no solo eramos un grupo de buenos amigos, sino que queríamos hacer películas y contar historias. En aquel entonces creíamos que nadie nos iba a permitir lograrlo. Francis fue el primero que tuvo éxito. Pudo filmar Ya eres un gran chico y después hizo El padrino. A partir de entonces se convirtió en nuestro padrino, siempre estimulándonos para que pudiéramos hacer nuestras películas en 16 mm. y nos recordaba que, cada vez que alguien nos decía que no, teníamos que buscar alguna otra puerta que se abriera para nosotros. Francis fue un verdadero mentor para aquel grupo. Y ciertamente, no esperábamos tener el éxito que luego tuvimos. Si nos hubiesen dejado contar nuestras historias en el cine, habríamos estado satisfechos durante el resto de nuestras vidas. No nos esperábamos nada de esto y jamás me hubiera imaginado que me iba a tocar hablar con la prensa de forma constante. Es lo último que hubieramos podido imaginar que nos iba a pasar. Seguimos siendo amigos, eso es lo mas asombroso de todo. Hemos seguido colaborando desde entonces, y hemos sido mentores entre nosotros, desde que conocimos a Marty en 1967 y a George y Brian en 1968. Todo esto ocurrió mucho tiempo atrás, pero seguimos manteniendo el contacto.

Gabriel Lerman

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