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La hostia de Weinstein

Un rasgo común de la mayor parte de los agresores sexuales es el convencimiento de que pueden hacer lo que les dé la gana en el momento que les dé la gana y sin las mínimas consecuencias. Llamadlo heteropatriarcado o tener un problema mental de rechupete que se llama sociopatía –y que, oh sorpresa, es muy común entre los empresarios y otros trabajos que requieren tener poca o ninguna empatía hacia los demás–. De ahí que, cuando Harvey Weinstein andaba por ahí tocando cuerpos ajenos con el pajarito al viento, ni siquiera se planteara que el saco de mierda que estaba acumulando podría reventarse y derramársele encima –sí, sé que la imagen es asquerosa, pero dejadme recrearme en lo humillante que es para Manostijeras– en forma de reacción furibunda en su contra. Y no solo de sus propias víctimas, sino también de familiares, amigos, vecinos y, en general, gente que está hasta las pelotas de aguantar a abusadores.

Uno de los que le ha amenazado públicamente es Paul Sorvino, el padre de Mira ídem –cuya carrera se hundió, por supuesto por pura casualidad, después de rechazar los avances sexuales de Weinstein que, según explicaba Peter Jackson, la vetó para El Señor de los Anillos–, que dijo, literalmente: «Va a ir a la cárcel. Oh, sí. Ese hijo de puta. Bien por él si lo enchironan, porque si no, me encontrará. Mataré a ese cabrón. Así de simple». Lo que debería ser, como mínimo, inquietante para el exproductor –y ojalá que así se quede para siempre– viniendo de un actor que ha interpretado a varios mafiosos y que, ojo, no solo mide más de 1,90 m, sino que además tiene antecedentes blandiendo pistolas frente a los machitos que se atreven a amenazar a sus hijas… Resulta muy divertida, de hecho, la cara de desconcierto de Weinstein en el vídeo que publicó hace poco el portal «TMZ», y en el que un desconocido –al parecer borracho como una cuba: yo le habría pagado de mi bolsillo unas cuantas rondas más a mi salud– le abofetea y le increpa por su conducta sexual: ojalá más de estos depredadores se enfrentaran a menudo a las consecuencias de su violencia, y recibiendo el asco y el desprecio más profundos de todos los que le rodean. No se merecen menos.

Héctor Adama

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