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Cincuenta sombras liberadas

Que os vaya muy Grey

Algo he de reconocerle a E.L. James: acertó plenamente a la hora de titular el cierre de su trilogía literaria sobre sadomasoquismo de Ikea. No solo nos liberamos todos, por fin, de una trama ridícula y culebronesca (como bien supo ironizar Sam Taylor-Johnson), sino que también Dakota Johnson y Jamie Dornan se liberan el uno del otro, tras años de odio exacerbado.


Que en plena época de pujanza del feminismo y de reivindicación de los derechos de la mujer –en algunos casos, pura pose cara a la galería: véanse los vestiditos negros de la noche de los Globos de Oro–, Universal siga insistiendo en vendernos un fenómeno cinematográfico y literario como el de Cincuenta sombras de Grey, que gira en torno a una relación sentimental tóxica, dependiente y controladora, no sé si puede calificarse como un acto de pura inconsciencia o de codicia desbocada. Simpatizo como el que más con los actos de incorrección política –que se lo digan a los lectores que se escandalizaron con cierto texto que escribí respecto a la relación entre Chris Evans y Scarlett Johansson–, pero tengo la sensación de que, a día de hoy, proponerle al público un romance tan amojamao como el de Christian Grey (Jamie Dornan) y Anastasia Steele (Dakota Johnson) suena tan troglodita como las comedias de Pajares y Esteso.



Si el productor de la franquicia, Michael De Luca, decidió rodar tanto Cincuenta sombras más oscuras como Cincuenta sombras liberadas de forma simultánea, a lo Peter Jackson, no fue simplemente para abaratar costes –que también–. Me huelo que tiene mucho más que ver con la tirantez que se produjo entre Johnson y Dornan durante el rodaje de la primera parte –y la necesidad resultante de no alargar su relación en exceso–, así como la conciencia de que el fenómeno estaba destinado a quemarse más rápido que la carrera de Kevin Spacey… De ahí que contrataran a un churrero profesional como James Foley para ponerse tras las cámaras, que, a diferencia de Sam Taylor- Johnson, que se tomó a cuchufleta –y con razón– el material original junto a la guionista Kelly Marcel, desde el momento que fue contratado dijo cosas como que estaba «particularmente intrigado por cómo la dinámica de poder va yendo de uno a otro, y cómo afecta a su relación emocional y lo demás», o que, al conocer a E.L. James, «conecté con ella y me gustó mucho a nivel personal». Foley sí que es el último superviviente, y no Bear Grylls… Claro que yo preferiría tener que comer gusanos o beber mi propio pis, como hace este último en pantalla, antes de tener que lidiar con el ego desbocado de la dictad… esto, escritora.



ADIÓS, MUY BUENAS

La acción de Cincuenta sombras liberadas arranca, lógicamente, allá donde acababa Cincuenta sombras más oscuras, esto es, tras la boda de Christian y Ana(stasia). Por desgracia, y pese a que la franquicia naciera a partir de un fan-fic de Crepúsculo, aquí no hay bebés animatrónicos ni batallas multitudinarias que animen la función, así que todo gira en torno al tono de melodrama culebronesco típico de James. Después de su luna de miel, y una vez Christian, en un movimiento de pijo de manual, le regala Seattle Independent Publishing, Ana recibe las amenazas de su antiguo jefe, y acosador oficial, Jack Hyde –¡toma guiño sutil en el nombre!– (Eric Johnson), que clama venganza contra la parejita. Lo peor, sin embargo, es que, cuando la pareja recibe una noticia que hace temblar su relación –y que, para qué engañarnos, es la consecuencia lógica cuando uno se pasa el día retozando en la cama sin protección de por medio–, Christian se refugia en los brazos de su antigua amante, la veterana Elena Lincoln (Kim Basinger), por aquello de que no está preparado para las responsabilidades, se siente agobiado, hay que alargar el metraje para que la historia no dure diez minutos… Etcétera, etcétera.



Mano a mano con su director de fotografía, John Schwartzman, Foley ha intentado diferenciar visualmente esta tercera entrega de la anterior. Y digo bien: ha intentado. Él mismo acotaba que era algo «que surgió en nuestras conversaciones sobre cómo íbamos a afrontar ambas películas. Así que decidimos cambiar, de alguna manera, nuestra mentalidad estilística. En qué sentido específico, no sabría decírtelo con exactitud». Lo que, traducido del idioma vendemotos de Hollywood, viene a querer decir que rodaron lo más deprisa y más eficazmente posible, y que se fueron prontito a cenar al hotel, y a echar unas cañitas en el bar más cercano, que por las noches hace mucho frío en Vancouver y tampoco estaban rodando El Padrino.

A estas altura del texto, seguro que ya me habré ganado la enemistad de varios centenares, si no miles, de fanáticas de la trilogía de E.L. James –y algún que otro e-mail pidiendo que me echen de la revista… gracias, amigos–, así que, de perdidos, al río. Creo que el descenso en recaudación de Cincuenta sombras más oscuras –de los 571 millones de dólares recaudados a nivel mundial por la primera entrega, se bajó a 381 millones, casi 200 menos, en la segunda– pone sobre la mesa lo rapidísimo que se ha desinflado el fenómeno, y la poquísima huella que, salvo que vaya muy errado, va a acabar dejando en la memoria colectiva… Más allá de los chistes sobre su erotismo y su visión mojigata de las relaciones sadomasoquistas.

Héctor Adama


Datos de producción

■ Para no despertar la curiosidad de los fans, se rodó bajo el título falso de Further Adventures of Max and Banks 2 & 3.

■ El paso del rodaje por Niza se produjo de forma simultánea al ataque terrorista que sufrió la ciudad en julio de 2016. Nadie salió herido, más que los ojos del público.

■ En uno de sus diálogos, Dakota Johnson repite algunas frases que pronunciaba su madre Melanie Griffith en Armas de mujer, en un guiño explícito de Niall Leonard.

■ La banda sonora de Cincuenta sombras liberadas contiene canciones de, entre otros artistas, Sia, Ellie Goulding, Hailee Steinfeld, Miike Snow y Juan Camus… Vale, este último lo he colado yo. No he podido resistirme.

■ Se rodó en localizaciones de París y de Canadá entre febrero y julio de 2016. ■ No se han revelado cifras oficiales, pero teniendo en cuenta que se rodaron de forma simultánea, habrá costado más o menos igual que su antecesora, 55 millones de dólares.

■ Internet: www.fiftyshadesmovie.com


ESTRENO: 9 DE FEBRERO


USA, 2018. T.O.: «Fifty Shades Freed». Director: James Foley. Productores: Dana Brunetti, Michael De Luca, Marcus Viscidi. Producción: Universal Pictures. Guión: Niall Leonard, según la novela de E.L. James. Fotografía: John Schwartzman. Diseño de producción: Nelson Coates. Música: Danny Elfman. Montaje: David S. Clark, Richard Francis-Bruce. Intérpretes: Dakota Johnson (Anastasia Grey), Jamie Dornan (Christian Grey), Kim Basinger (Elena Lincoln), Eric Johnson (Jack Hyde), Max Martini (Jason Taylor), Brant Daugherty (Luke Sawyer), Arielle Kebbel (Gia Matteo), Fay Masterson (Gail Jones).


EL DIRECTOR James Foley

Nacido en Brooklyn, Nueva York, en 1953. Estudió dirección en la University of Southern California y, tras debutar con Rebeldes temerarios, ha rodado films como Hombres frente a frente, ¿Quién es esa chica?, Hasta la noche, mi amor, Glengarry Glen Ross, Two Bits, Pasión obsesiva, Cámara sellada, The Corruptor, Confidence, Seduciendo a un extraño, Cincuenta sombras más oscuras y Cincuenta sombras liberadas

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