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A Silent Voice

Perdóname

Al mismo tiempo que «Your Name» arrasaba las taquillas japonesas, se estrenaba también, con algo menos de impacto popular, «A Silent Voice», traslación al cine de un manga de Yoshitoki Oima que afronta de forma bastante directa el tema del bullying describiendo el acoso a una niña con una discapacidad auditiva, y las consecuencias del mismo.


De alguna manera, el manga en el que se basa A Silent Voice nació de la frustración que sintió su autora, Yoshitoki Oima, al afrontar su anterior obra, «Mardock Scramble», adaptación de una serie de novelas de Tow Ubukata. Reconoce que sentía que «no estaba haciendo mi propio manga», lo que le llevó a plantearse por qué su protagonista «decía que quería morir. Como lectora, no lo entendía… Y quería comprenderlo. Necesitaba profundizar. ¿Qué lleva a una persona a hablar de esa manera? Pensé que era cosa mía comprender ese comportamiento». Lo que le llevó al tema del bullying, si bien partiendo de que «la mayoría de gente solo puede especular cómo debe sentirse una chica con una discapacidad que recibe acoso. La realidad es que no puedes saber cómo se siente de verdad. Me di cuenta de que eso era lo más importante de expresar. Así que no quise revelar ni los pensamientos de Shoko ni sus auténticos sentimientos».


Shoya Ishida, un estudiante arrogante que aprenderá a ver las cosas de otra manera gracias a su trato con Shoko Nishimiya, una niña con discapacidad auditiva de la que todo el mundo se burla.


En el último capítulo del manga que salió publicado en la revista «Weekly Shonen Magazine », ya se anunciaba que Kyoto Animation iba a producir una adaptación de la que se iba a encargar la directora Naoko Yamada. La cual más tarde le explicaba a «Newsweek» que, en su visión y la de la guionista Reiko Yoshida –con la que había colaborado previamente en la serie K-On!–, «el tema de la película no es el “bullying”», sino el proceso de maduración de su protagonista Shoya, desde el niño egoísta que es al principio al adolescente torturado en el que llega a convertirse. De ahí que decidiera «prestarle mucha atención a la hora de mostrar su posición y sus circunstancias al retratarlo como personaje individual », sobre todo porque su intención no era «juzgarle por sus acciones del pasado, sino contar su historia y la de los personajes que le rodean, y cómo todos ellos sobreviven al mundo en el que habitan».

POR UNA RAZÓN

Como ocurría en el manga original, el protagonista de A Silent Voice es Shoya Ishida, inicialmente un estudiante de primaria problemático cuya principal misión en la vida es encontrar las formas menos apropiadas de combatir el aburrimiento. Es por eso que cuando Shoko Nishimiya, una niña con una discapacidad auditiva, es trasladada a su clase, se convierte inmediatamente en blanco de sus burlas, pese a los esfuerzos de ella para que sean amigos. Su acoso llega hasta tal punto que acaba provocando consecuencias mucho más graves de lo que Shoya esperaba, por lo que el resto de la clase acaba dándole la espalda debido a su falta de compasión. Seis años después, convertido en un estudiante de instituto solitario y atormentado por lo que hizo en el pasado, busca la forma de comunicarse con Shoko para disculparse –de ahí que haya aprendido lengua de signos en ese margen de tiempo–. De esa forma, comienza su particular camino hacia la redención, pero ¿es posible que ya sea demasiado tarde?

La película tiene la valentía de afrontar frontalmente el tema del suicidio juvenil, y las posibles consecuencias del mismo, sin intentar suavizarlo ni desviar la mirada, pues Yamada estaba «determinada a abordar el tema con integridad y con elegancia. Los humanos llevamos un peso en el corazón que los demás no entienden. A veces incluso nos cuesta entendernos a nosotros mismos». Partiendo, pues, de que «suicidarse no es en ningún momento una decisión adecuada», se esforzó, sin embargo, en «apreciar y entender las emociones» para así enfocarse «en mantener su dignidad».


Las burlas de las que es objeto Shoko, y las trágicas consecuencias de ese acoso escolar, cambiarán para siempre la percepción de la vida que tenía Shoya.



De ahí la dureza de la primera media hora de metraje, que puede resultar chocante por el contraste que se produce frente a la dulzura de la animación y del (re)diseño de personajes de Futoshi Nishiya –pero también la atención al detalle de Yamada, que introduce elementos aparentemente anecdóticos que, sin embargo, dotan a la narración de una proximidad que multiplica su impacto–, que resulta fundamental para plantear la senda de transformación que ha de atravesar Shoya. En ese primer segmento, A Silent Voice hace un retrato absolutamente desolador de la infancia –sobre todo, si lo enfrentamos a esa secuencia de apertura al son de «My Generation » de The Who– y de lo fácil que es dejarse arrastrar por la corriente de las simpatías y de la necesidad de encajar para, casi sin darse cuenta, caer en el bullying.

HACIA EL FRENTE

Yamada ha intentado retratar con mucha fidelidad la forma de expresarse de alguien nacido con una discapacidad auditiva, de ahí que contaran con un supervisor «durante la preproducción, la producción y la posproducción que nos confirmaba y nos daba consejos específicos en cada aspecto del lenguaje de signos, incluyendo el mensaje, el razonamiento y las posiciones. Hemos retratado el lenguaje de signos japonés con la máxima precisión posible ». Un reto que también tuvo que asumir la dobladora de Shoko, Saori Hayami, que no solo tuvo que aprender «a hablar como alguien con dificultades auditivas, y cómo pronunciaría las frases», sino, a partir de todo ello, «gradualmente se convirtió en su personaje », hasta el punto de que empezó a pasarle notas a la directora como «aquí no se trata de que pronuncie mal» o «Shoko Nishimiya diría esto de tal manera».

Es lógico, pues, que A Silent Voice acabe siendo también un relato sobre la incomunicación. Así, la discapacidad de Shoko se convierte en una metáfora de lo difícil que resulta, en una sociedad cada vez más asfixiada por la tecnología, ser capaz de comunicarse y de comprender a los demás. Dejando a un lado las características culturales japonesas que marcan la deriva de la narración, no resulta en absoluto difícil reconocer el reflejo de esa historia de amor a destiempo, descolocada, de los dos protagonistas, demasiado absortos en su propio angst como para ser capaces de leer los sentimientos del que tienen enfrente.

Tonio L. Alarcón


En resumidas cuentas

LO MEJOR: Una animación espléndida. La atención al detalle. La dureza de algunos momentos.

LO PEOR: Nada importante.

La secuencia: El intento de suicidio de uno de los personajes principales.

El momento: Shoya, dándose cuenta en el parque de atracciones de que ha vuelto a hacer amigos.

La imagen: La cruz de la cara de Nagatsuka, cayéndose cuando se hace amigo de Shoya.

La frase: «Soy lo peor. No merezco vivir. Pero no quiero que Nishimiya vuelva a llorar» (Shoya).

Las cifras: Recaudó más de 2.300 millones de yenes en cines japoneses (unos 20 millones de euros).

Los premios: Se ha llevado galardones de la Academia del Cine Japonés, en los festivales Tokyo Anime y Japan Media Arts, y en los Japan Movie Critics Awards.

Internet: koenokatachi-movie.com

¿Por qué…: sigue valorándose más la animación comercial estadounidense, cuando la japonesa nos lega obras tan valiosas como esta?


ESTRENO: 16 DE MARZO


Japón, 2016. T.O.: «Eiga Koe no Katachi». Directora: Naoko Yamada. Productores: Eharu Ohashi, Shinichi Nakamura, Mikio Uetsuki, Toshio Iizuka, Kensuke Tateishi. Producción: Kyoto Animation. Guión: Reiko Yoshida, según el manga de Yoshitoki Oima. Fotografía: Kazuya Takao. Diseño de producción: Richard Bridgland. Diseño de personajes: Futoshi Nishiya. Música: Kensuke Ushio. Montaje: Kengo Shigemura. Animación.


LA DIRECTORA Naoko Yamada

Nacida en la prefectura de Gunma (Japón), en 1984. Tras estudiar en la Universidad de Kyoto de Arte y Diseño, empezó a trabajar como animadora en Kyoto Animation, debutando como directora con la serie K-On! y sus distintas derivaciones. También dirigió Tamako Market y su adaptación al cine, Tamako Love Story, tras la que rodó A Silent Voice. Ahora mismo prepara Liz and the Blue Bird.

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