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Juego de ladrones

Una banda de ladrones profesionales, un atraco perfecto que acaba en violento tiroteo y un «sheriff» de vida personal distraída y obsesionado en capturar al metódico líder de la banda… ¿Os suena? Gerald Butler es el protagonista de esta película de acción e intriga con más testosterona que un Logroñés-Osasuna de los 90.


Es interesante y hasta divertido comprobar el desarrollo de la carrera de Gerald Butler durante la última década. Desde que saltase a primera plana de la fama internacional gracias a su papel de Leónidas en 300de Zack Snyder, Hollywood se vio casi obligado a convertirle en una estrella. El complejo ritual por el que pasan todos los actores y actrices que han tenido un éxito sorpresa. Se les intenta encasillar dentro de unos cánones respectivos dentro de la industria contemporánea. De sosias de aventurero Indiana Jones en películas de fantasía –era la época–, pasando a protagonista de thrillers y sobre todo comedias románticas con la estrella femenina de turno. Una masculinidad tan castrada que tendría que explotar por algún lado, y vaya si lo hizo. Después que el género fuese decayendo hasta llegar a límites simplemente inenarrables –recomiendo el visionado de Un buen partido, donde Butler interpreta a un exfutbolista reconvertido en gurú del sexo para las madres norteamericanas–, el actor escocés tuvo que acabar refugiándose en las catacumbas de la industria, en las producciones de acción de dudosa reputación y aún más dudosa financiación… Y ahí encontró su nicho, en una actualización de las películas de la Cannon. Entre la acción con tintes neofascistoides, el delirio geopolítico y las imposibles personificaciones del hombre corriente cotidiano con cuerpo esculpido a base de gimnasio, eso sí.


El equipo de atracadores liderado por Nick Merrimen (Pablo Schreiber) y su colega Donnie Wilson (O’Shea Jackson) planta cara al equipo de policías al que manda «el gran Nick».


Objetivo: La Casa Blanca, Dioses de Egipto y sobre todo Geostorm son auténticos delirios pulp que se han servido de la fama de Butler para ser financiadas y que han aprovechado al intérprete natural de Escocia para ser coladas entre el aficionado al género de acción. Productos absolutamente a contracorriente de los gustos de la industria y que acaban ganando un hueco en el corazón del espectador, quizás a base de nostalgia, o lo que es peor, apropiándose de algunos contextos absolutamente enrarecidos y enloquecidos. El caso es que seguramente, después de 300, Butler esperaba tener la carrera de una estrella contemporánea, digamos Brad Pitt, y ha acabado siendo una gloriosa actualización de Charles Bronson o Chuck Norris, rey de una nueva y renacida serie B con presupuesto y formas de serie A. En esta tesitura, no es de extrañar que Butler se pueda mover como pez en el agua y decida colaboradores, guiones a desarrollar y hasta cierto punto la dirección en la que quiere seguir llevando su carrera, y no cabe duda que su papel como productor dentro de Juego de ladrones ha debido ser decisivo a la hora de que la película sea finalmente producida. A juzgar por la colaboración previa y reciente entre actor y director/guionista, todo parece indicar que uno acabó llamando al segundo, se movieron unos hilos y se acabó produciendo un guión que llevaba tiempo guardado en el cajón y que seguramente tenía mucho que ver con las afinidades y el tipo de película que quería protagonizar el actor escocés, y a partir de ahí, todo se aceleró

DINERO MANCHADO DE SANGRE

Todos los días, el banco de la Reserva Federal de Los Ángeles saca de la circulación 120 millones de dólares en efectivo. Un grupo de experimentados ladrones encabezado por el metódico Nick Merrimen (Pablo Schreiber) planea su gran atraco final: robar esos 120 millones, pero el departamento del Sheriff de Los Ángeles, la brigada más temida de la ciudad liderada por «El gran Nick» (Gerard Butler), no está dispuesto a ponérselo fácil. Adelantarse a ellos y llegar los primeros al dinero será su máximo reto



NO TAN BLINDADO

Seamos directos y sinceros, una película como Juego de ladrones solo existe porque a alguno de sus responsables le debió gustar tanto Heat, que debió pensar que la mejor manera de homenajear a la película era intentando replicarla y añadirle toneladas de testosterona. El principal problema es que, como la inmensa mayoría de los homenajes, acaba quedándose en la superficie de lo que intenta copiar. Si en la película de Michael Mann se establecía un juego casi espiritual entre policía y ladrón, en la del novato realizador Christian Gudegast es un duelo de masculinidad entre dos antiguos rivales de instituto por ver quién desprende más feromonas a su alrededor o por ver quién mea más lejos. Un juego de espejos que también se traslada a la pobre realización del cineasta si bien toma prestado de Mann el gusto por los primeros planos sobre herramientas, tecnicismos y operativos a la hora de realizar acciones, no cabe duda que su realización dista kilóme- tros de la del cineasta: responsable de Enemigos públicos. Gudegast se mete de lleno en un compendio de clichés del que nunca acaba por salir…Montaje de imágenes rápido, insertos aéreos constantes de la ciudad y el skyline de L.A. –hay que demostrar que la película transcurre en la ciudad por mucho que se haya rodado en el estado de Georgia–, planos a contraluz de los personajes en habitaciones mostrando el nihilismo de los mismos. Un catálogo de tópicos recurrentes visuales que demuestra que el realizador tiene tan bien aprendido el género como que es incapaz de depositar una mirada personal sobre él.



El principal problema de la película aparte de su desmedida duración es que bascula torpemente entre la seriedad impostada y cierto tono desenfadado y descreído que se deposita mayormente en el personaje de Gerald Butler, que parece haber sido diseñado a medida de los últimos avances de la carrera del intérprete. ¿Estamos realmente ante un comentario irónico y juguetón sobre el género o ante un homenaje al mismo? Ni el guión, ni la realización parece por tenerlo del todo claro y el conjunto acaba por resentirse y perdiendo todo el interés que podría haber tenido durante algunos de sus minutos iniciales.

Roberto Morato


En resumidas cuentas

LO MEJOR: La capacidad camaleónica de Pablo Schreiber para meterse en la piel del personaje.

LO PEOR: 2 horas y 20 minutos de película. Absolutamente innecesario. El delirante giro con coda final incluida que no es que precisamente sea el culmen de la originalidad.

El momento: El tiroteo final.

La imagen: La presentación macarra del personaje de Gerald Butler, comiéndose un donuts que acaba de incautar a uno de los cadáveres de un atraco.

El diálogo: «Estamos lidiando con una clase diferente de animal, muchachos».

Las cifras: 30 millones de presupuesto. 42 millones de dólares de recaudación en cines norteamericanos.

El rodaje: Atlanta.

Internet: stxfilms.com/denofthieves ¿Por qué…: han anunciado secuela de la película?


ESTRENO: 6 DE ABRIL


USA, 2018. TO.:«Den of Thieves». Director y guión: Christian Gudegast. Productores: Gerald Butler, Mark Canton, Christian Gudegast, Tucker Tooley. Producción: Diamond Films Productions, Tooley Productions, GBASE. Montaje: Joel Cox. Fotografía: Terry Stacey. Diseño de producción: Kara Lindstrom. Música: Cliff Martínez. Intérpretes: Gerald Butler (Nick O Brien), Pablo Schreiber (Nick Merrimen), O´Shea Jackson (Donnie Wilson), 50 Cent (Levi Enson Levoux), Evan Jones (Bo Bosco Ostroman), Cooper Andrews (Mack), Maurice Compte (Borracho), Dawn Oliveri (Debbie O Brien), Brian Van Holt (Murph Connors).


EL DIRECTOR Christian Gudegast

Hijo de alemanes pero de nacionalidad norteamericana, nació en Los Ángeles en 1970. Tras matricularse en UCLA, comenzó a colaborar como director en distintos videoclips de rap. En 1993, vendió su primer guión a Oliver Stone centrándose desde ese momento en su labor como guionista. Ha escrito los guiones de Diablo (A Man Apart) para Vin Diesel y Objetivo: Londres para Gerald Butler. Juego de ladrones es su primera película como realizador profesional.

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