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7 días en Entebbe

Cuestión de estado

El realizador José Padilha regresa al cine tras su incursión televisiva con la serie de Netflix «Narcos», con esta película que relata el secuestro terrorista de un avión con pasajeros israelíes y que acabó por convertirse en un drama internacional. Daniel Brühl y Rosamund Pike encabezan el reparto de la producción.


Hay dos maneras de aproximarse a un hecho histórico: desde la recreación y el estudio de sus causas y consecuencias y desde la explotación económica. El trágico secuestro en 1976 de un avión de pasajeros con destino a Tel Aviv ha tenido las dos. El siempre oportunista y bastante feriante Menahem Golam no solo dirigió una muy patriota y bastante facha versión sobre el suceso antes de dar el pelotazo internacional con la Cannon, sino que logró convencer a Irvin Keshner para rodar un remake de su propia película en forma de telefilm y que por supuesto contaba con Charles Bronson como héroe vengador del asunto. El documentalista israelí Eyal Sher se alejó de los fuegos artificiales de Golam y rodó Operation ThunderBolt: Entebbe, una pieza de no ficción sobre el asunto que pretendía ofrecer algo de claridad sobre uno de los sucesos que conmocionó a la opinión pública de la década de los 70 y que marcaron el devenir de Israel como nación. También hay que recordar la asimismo televisiva Victoria en Entebbe (Marvin J. Chomsky, 1976)



Casi cuatro décadas después, Hollywood y la muy británica Working Title brindan la oportunidad al realizador brasileño José Padilha, de seguir poniendo en práctica sus estudios de política internacional e intentar reconstruir el suceso desde la perspectiva del paso del tiempo y sobre todo desde las facilidades que acaba otorgando el relato de ficción por muy basado en hechos reales que esté. El propio cineasta brasileño explica la importancia fundamental de este hecho para la historia de Israel y el mundo contemporáneo: «El asalto de Entebbe, pese a su alabado éxito militar, ha tenido muchas consecuencias imprevistas, algunas de ellas de gran relevancia histórica. Por ejemplo, Benjamín Netanyahu ha dicho que decidió servir al interés público por su hermano, Yoni Netanyahu (comandante de las fuerzas de élite de la operación), que murió en el asalto. Creo que el simbolismo de la heroica muerte de Yoni y de la propia operación han influido en la carrera política y en las políticas de Netanyahu. No es coincidencia, por tanto, que la mayoría (no todos) de los documentales y los films hechos sobre Entebbe hablen de una proeza militar. Mi película, cuenta dos historias paralelas sobre el asalto: por un lado, examinamos la saga de los rehenes y los terroristas, y cómo su interacción y estados mentales fueron evolucionando con el transcurrir de los días; por otro lado, examinamos el debate interno que suscitó el secuestro en el gobierno israelí, y las posturas contrarias adoptadas por el ministro de defensa Simón Peres, que estaba por sistema en contra de negociar, y el primer ministro Isaac Rabin, que se planteó las negociaciones como una alternativa real».

Una historia que como se puede ver por algunos de sus protagonistas todavía tiene ramificaciones hoy en día y que afecta a una de las zonas con mayor conflicto geopolítico de las últimas décadas. El hecho de que algunos de los involucrados en el secuestro hayan sido protagonistas activos y destacados en el conflicto israelí-palestino demuestra hasta qué punto el hecho acabó marcando a la sociedad civil de la época.


Wilfried Böse (Daniel Brühl) y Brigitte Kulhmann (Rosamund Pike), dos terroristas alemanes implicados en el secuestro de israelíeas retenidos en el aeropuerto de Uganda.


SECUESTRO INFERNAL

El 27 de junio de 1976 un avión procedente de Tel Aviv es secuestrado. El ejército israelí tuvo que realizar una peligrosa tarea de rescate en el aeropuerto de Entebbe (Uganda), que posteriormente fue calificada como la misión más perfecta de la historia.

La película relata todo el suceso, tanto el secuestro en el avión como la puesta en marcha de la Operación Entebbe. La situación comienza cuando cuatro terroristas –dos palestinos y dos alemanes– secuestran un avión con 200 rehenes y lo desvían al aeropuerto, para después separar a los pasajeros israelíes y judíos del resto. El rapto duró 90 minutos y ocasionó grandes tensiones y cuatro bajas, teniendo relevancia internacional. Rosamund Pike y Daniel Brühl son Brigitte Kulhmann y Wilfried Böse, dos terroristas internacionales que se ven implicados en el secuestro.

LA LEY DEL MÁS FUERTE

Es obvio que las intenciones de Padilha y del guionista Gregory Burke, responsable de la magnífica 71, es utilizar la historia real de 7 días en Entebbe para realizar un paralelismo con la situación actual entre Palestina e Israel. Es obvio porque entre otras cosas, la utilización de letreros y las historias individuales al final de la película dejan a las claras que existe ese análisis. El principal problema es que esa idea nunca es llevada a la pantalla, y más allá de algunas discusiones filmadas de marcado carácter político lideradas por el Simon Peres encarnado por Eddie Marsan, la película es absolutamente inerte en cuanto a elaboración de un discurso. Padilha basa su realización en la recreación de manera casi documental –y kitsch me atrevería hasta a llamar por ese gusto del cineasta a retratar la moda de la época– que del peso específico de sus imágenes que es absolutamente nulo.


Las autoridades israelíes discuten la mejor solución para la crisis que redefinió las relaciones entre Israel y Palestina.


En Munich, Spielberg cerraba magistralmente la película con un plano donde al fondo de Nueva York se intuían Las Torres Gemelas y se dejaba ver el edificio de las Naciones Unidas como posible mediadora del conflicto. La violencia engendra violencia pero la violencia, en la película de Padilha parece estar justificada en el mismo momento que los únicos terroristas con alguna dimensión son los occidentales, los terroristas árabes pasan a ser monstruos prácticamente sin cara ni rostro que representan una visión no completa del conflicto. Incluso en un desesperado intento por establecer conexiones emocionales con el espectador, los secuestrados adquieren un papel protagonista otorgando valiosas lecciones vitales a sus secuestradores… Occidentales, por supuesto. Ni siquiera la acción es particularmente estimulante, Padilha abandona las formas vibrantes e inmediatas de algunas de sus producciones anteriores para adentrarse en un tono académico que acaba por transmitir más tedio que sensación de tensión y opresión. 7 días en Entebbe aboga por la compresión de la historia para entender nuestro presente pero la realidad es que ni siquiera ella misma logra abarcar toda la dimensión del hecho histórico que refleja y apenas es un pálido reflejo del mismo.

Roberto Morato


En resumidas cuentas

LO MEJOR: El compromiso de algunos actores equivale casi a un salto al vacío.

LO PEOR: Las imágenes son planas. Padilha apenas logra crear tensión. En realidad, el relato, más allá de la recreación casi documental, apenes contiene interés y algunas decisiones a las que se llegan son tan tópicas como equivocadas.

El momento: La toma final de los rehenes.

La imagen: Una de las secuestradas mostrando fugazmente su número de prisionera en un campo de concentración nazi.

El diálogo: «Es un problema de Israel».

El rodaje: Malta.

Internet: www.7daysinentebbe.com/

¿Por qué…: esa necesidad de acentos imposibles para ganar veracidad en el relato?


ESTRENO: 27 DE ABRIL


USA-Reino Unido, 2018. T.O.: «Entebbe». Director: José Padilha. Productores: Tim Bevan, Liza Chasin, Eric Fellner, Ron Halpern, Kate Solomon, Michelle Wright. Producción: Participant Media, Working Title Films. Guión: Gregory Burke. Fotografía: Lula Carvalho. Diseño de producción: Kave Quinn. Música: Rodrigo Amarante. Montaje: Daniel Rezende. Intérpretes: Rosamund Pike (Brigitte Kuhlmann), Daniel Brühl (Wilfried Böse), Lior Ashkenazi (Yitzhak Rabin), Eddie Marsan (Simon Peres), Angel Bonnani (Yonatan Netayanhu), Mark Ivanir (Motta Gur), Peter Sullivan (Amos Gur), Andrea Deck (Patricia Mertel), Nonso Anozie (Idi Amin).


EL DIRECTOR José Padilha

Realizador brasileño nacido en Río de Janeiro hace 50 años. Estudió literatura y política internacional en la Universidad de Oxford. En 2002, rodó su primera película, Bus 174, un documental que fue un éxito de taquilla en su país natal. Cinco años más tarde rodaría la película que le consagraría, Tropa de élite. Con financiación de los hermanos Weinstein, la película no fue solo un éxito de taquilla sino que le valió el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Tras dirigir un par de documentales más, en 2014, se involucraría en una nueva versión de Robocop.

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