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Operación: Huracán

Condiciones adversas

Rob Cohen tuvo su mayor éxito dirigiendo carreras urbanas de coches, pero su última película apuesta por el más difícil todavía: un atraco a un acaudalado banco en mitad de una temporada infernal de huracanes. Toby Kebell y Maggie Grace protagonizan esta rocambolesca película de acción a mitad de camino entre el cine de catástrofes y el de atracos.


Hollywood es un lugar complicado. Una industria que se parece más a una picadora de carne que a cualquier tipo de sistema mínimamente moral. Nos echamos las manos a la cabeza cuando aparecen casos como el de Harvey Weinstein, pero la realidad es que debajo de aquello que una vez se llamó la fábrica de sueños no habita más que podredumbre, y en muchas ocasiones, no se tiene ni memoria ni recuerdo para todos aquellos que ayudaron a construirla una vez. ¿Os podéis imaginar lo que debe sentir Rob Cohen, sentado en el sofá de su casa, mientras ve las recaudaciones de Fast & Furious, la franquicia que él construyó? Mientras uno se dedica poco más o menos que a ir mendigando nuevos proyectos, los otros se encuentran decidiendo si ya es hora de saltarse las leyes de la gravedad y desplazar la serie al espacio exterior. En una franquicia que presume orgullosa de proclamarse como una familia, no entiendo por qué su productor, Vin Diesel, no ha vuelto a las raíces y encargado una nueva película al hombre que lo ideó todo.



Es una pequeña reflexión, porque no hace muchos meses estaba escuchando un podcast sobre cine –«The Movie Crypt», conducido por los cineastas Adam Green y Joe Lynch, para todos aquellos interesados– y el invitado precisamente era Rob Cohen. Allí hablaba de su larguísima trayectoria en Hollywood, que no se limita únicamente a su carrera como realizador sino que se extiende en el tiempo a un sinfín de trabajos más dentro de la industria, y de cómo ese sueño del cine le impulsó precisamente a abandonar su vida y a mudarse a L.A. para empezar a trabajar en el medio. De sus palabras se podían intuir dos cosas, amor a su trabajo y una cierta nostalgia de los tiempos antiguos, donde alguien como él podía ser llamado artesano y tener cierta estabilidad tanto laboral como creativa en un Hollywood que claramente ya ha desaparecido. No sé si es pertinente hacer este tipo de reflexión cuando nos enfrentamos a una serie B de atracos que se producen en una temporada de huracanes gigantes pero quizás sea lo más pertinente. Dentro de Cohen, mejor o peor, existe una dignidad en su trabajo inusual en estos días, un conocimiento del medio y del verdadero significado de diversión; quizás por eso, como él mismo explica en una entrevista, decidió que los personajes de Operación: Huracán hiciesen de vez en cuando, alguna acción humana que se suele pasar por alto en otro tipo de películas como el simple hecho de comer un bocadillo y tomarse un respiro o poder ir al servicio. De hecho, el mismo Cohen reconocer que cuando le llegó el guión, la propuesta era demasiado seria y no era creíble que un meteorólogo pasase en 5 minutos de ser un profesional reputado en su campo a convertirse en la enésima copia de Jason Bourne, así que decidió repartir papeles y otorgarle la condición de experta en armas y combates a la mujer. Tipo listo Cohen, y sin necesidad de discursos emponderados de por medio.



ATRACO EN PLENA TORMENTA PERFECTA

Un equipo de hackers se infiltra en una instalación del gobierno estadounidense en un pequeño pueblo costero, con la intención de robar un botín de 102 millones de dólares. Pero coincidiendo con su llegada un peligroso huracán de categoría cinco asola el lugar. En esa situación las dos únicas personas que quedan en el pueblo para detener a los ladrones son una agente del tesoro, Casey Corbyn (Maggie Grace), y un meteorólogo, Will Rutledge (Toby Kebell).

VIENTO, ARMAS DE FUEGO, DESTRUCCIÓN

A veces es interesante mirar con cierta perspectiva las películas y pararse a analizar un poco, en vez de despacharlas de un solo golpetazo y pasar a la siguiente. Operación: Huracán puede ser vista de manera superficial como un entretenimiento ligero, bastante chorra incluso, y cercano a la serie Z, una mezcla de géneros desprejuiciada y definitivamente superficial. Una de esas películas que desde la posmodernidad se ensalzan por el simple mero hecho de su existencia –uno de los grandes sinos del cinéfilo moderno, el desconocimiento absoluto de la historia del cine, y el ver como producciones parecidas no dejan de ser un patrón reconocible a lo largo de los años–. Claro que también uno puede ver cómo el realizador se enfrenta a esas imágenes. Cómo, por ejemplo, Cohen utiliza el formato panorámico a la hora de rodar la acción, la diferencia entre el rodaje de escenas en set y cómo el cineasta trabaja los defectuosos y baratísimos efectos especiales generados por ordenador, e incluso el trabajo casi paródico de todo el producto, con actores encantados de interpretar papeles de otra época y un realizador deleitándose mientras hace un retrato de un mundo tan absolutamente moral donde todos los villanos parecen sacados de dibujos animados.



La película tiene ciertos destellos de brillantez, pese al escasísimo presupuesto y medios de los que dispone para la historia que tiene que plasmar en pantalla. Un tiroteo desde lo alto de una torre –empañado por la casi paródica ausencia de sangre– y un clímax final que recuerda en su hipérbole espectacular a los de la serie Fast & Furious. El mayor halago que se le puede hacer a Operación: Huracán es que todos aquellos que vayan buscando algo parecido a Sharknado o a los productos de Asylum saldrán decepcionados de la sala, porque se encontrarán a un realizador tratando de hacer lo mejor que puede con los materiales y herramientas de las que dispone. Elogio al esfuerzo, la profesionalidad y, sobre todo, la dignidad

Roberto Morato


En resumidas cuentas

LO MEJOR: Su absoluta desvergüenza. El plantel de secundarios divirtiéndose mientras encarna caricaturas y mastican cada frase que sale por su boca. Rob Cohen batallando durante todo el metraje por sacar adelanta un entretenimiento digno… Y consiguiéndolo por momentos.

LO PEOR: Los efectos especiales CGI son más propios de producciones televisivas que de un estreno en cines. El genio que tuvo la idea de colocarle un acento americano cerrado a Toby Kebell. El otro genio que tuvo la ocurrencia de creerse que Maggie Grace podía encarnar a una heroína de acción.

El momento: La escena en el centro comercial.

La imagen: Un huracán creando la silueta de una calavera. Puestos a crear un estúpido trauma infantil a sus protagonistas, al menos que sea lo más ridículo, estrafalario y divertido posible.

La frase: «Soy un ciudadano de Alabama»: recitada mientras empuña descaradamente un arma.

El rodaje: Bulgaria.

Las cifras: 35 millones de presupuesto. En Estados Unidos había recaudado apenas 6 millones tras su paso por cines.

¿Por qué…: películas como Operación: Huracán, producidas fuera de los cauces habituales de Hollywood, tienen pinta de haber sido financiadas para blanquear negocios bastante turbios?


EL DIRECTOR Rob Cohen

Cineasta de origen judío nacido y criado en Nueva York. Comenzó en el mundo de la televisión y dio el salto al largometraje en el año 1993 con la película Dragón: La vida de Bruce Lee. Ha desarrollado buena parte de su carrera en los estudios Universal donde ha rodado películas como The Fast and the Furious (A todo gas), Daylight (Pánico en el túnel) o La momia: La tumba del Emperador Dragón. Su última película hasta la fecha había sido Obsesión, protagonizada por Jennifer López.

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