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Brianna HILDEBRAND: El arte de la adolescencia

Si Fox no daba, inicialmente, un céntimo por «Deadpool», mucho menos esperaba que la adolescente de aspecto punk que acompañaba al personaje de Ryan Reynolds, y que suponía el debut de Brianna Hildebrand en el largometraje, se convertiría en un pequeño fenómeno popular. Lo que ha permitido a esta joven tejana aprovechar su muy peculiar belleza y su innegable carisma para iniciar una carrera sostenida sobre su talento para transmitir sobre la pantalla la náusea vital del adolescente medio.


No puede decirse que esta jovencísima actriz de 22 años tuviera un aterrizaje precisamente cómodo en el mundo del cine. Llegó al plató de Deadpool habiendo rodado solamente «una webserie y un cortometraje», y se encontró con un director, Tim Miller, que le soltó, a modo de saludo, que «los actores son esencialmente marionetas de carne». Sin embargo, ni semejante recibimiento ni el hecho de que «la única información que me dieron de ella fue que puede ver el futuro y que es una adolescente» la amilanaron: se dirigió a Ed Skrein, con el que simpatizó durante el rodaje, y le pidió que le dejara cómics de Masacre, pero tras encontrarse con que su personaje «está en solamente dos números, y acaba muriendo», optó por aprovechar el folio en blanco que suponía Negasonic Teenage Warhead, lo que hizo que todo fuera «más fácil porque me inventé la mayor parte. Desarrollé el personaje por mi parte y le di todo lo que quise darle ». Y lo cierto es que, aunque fuera por pura intuición, dio en el clavo, convirtiéndose en una de las grandes sensaciones de la película, y saltando, de forma absolutamente imprevisible, a un estrellato, a pesar de todo, cómodo, porque «no soy Ryan [Reynolds]. Puedo entrar en un supermercado y nadie le importa, lo que resulta genial».


«Deadpool», de Tim Miller.


Nada mal para una chica que, en realidad, «adoraba la música. Era mi cosa favorita. Jamás se me pasó la interpretación por la cabeza». Según explica, «conseguí mi primera guitarra a los 12 años y empecé a componer», algo que asegura que hizo por admiración a uno de sus hermanos, que son «12 años mayores que yo, así que me parecían muy guais y yo quería ser tan guai como ellos». Parece ser que un cazatalentos se fijó en los CD que le hacía a su padre con sus propias canciones, y, con solamente 17 años, le propuso presentarse a una competición de la International Models and Talent Association, donde entró, además de en la parte musical, «en los segmentos de interpretación y modelaje». Para su sorpresa, donde le fue mejor fue en estas dos últimas ramas, lo que le llevó a trasladarse a Los Ángeles tras llegar a un acuerdo con su progenitor, que «podría vivir allí si trataba mis clases de interpretación como clases universitarias. Así que, cuando me trasladé, eso es lo que hacía: prepararme y hacer audiciones».

SIN NADA A LO QUE AGARRARSE

Inicialmente, Hildebrand no las tenía todas consigo. Tanto es así, que asegura que tenía «el acuerdo con mi padre de que, si en el primer par de años no lograba nada, volvería a casa». De hecho no tiene especial buen recuerdo de su primer casting: «Creo que fue para un piloto televisivo. Fue todo muy extraño. Entré en la habitación sonriente, y ellos no lo estaban, así que pensé: “Oh, así es como va a ser”. Estoy segura de que me desanimó». Sin embargo, logró hacerse con un papel en la webserie Annie Undocumented y en un cortometraje de Jonathan Marshall Thompson, The Voice Inside, antes de enviar un vídeo para la audición de Deadpool que enseguida gustó a los productores, en gran parte, por su actitud y su (ausencia de) pelo, que señala que ya se había teñido «de todos los colores posibles y había llegado a un punto en el que dije, ¿sabes qué? ¡Que me lo voy a rapar del todo!». Así que le devolvieron «la llamada, y me encontré con Tim [Miller] y con todo el mundo. Fue todo muy fácil. Ocurrió muy rápido».


«Tragedy Girls», de Tyler MacIntyre.


Ironías del destino, durante ese mismo rodaje hizo el casting para su siguiente largometraje, First Girl I Loved, un proyecto de Karem Sanga con el que reconoce haberse obsesionado tras leer el guión: «Sentí que necesitaba formar parte del proyecto, así que pasé la mayor parte de mi tiempo libre memorizando los diálogos». De hecho, prácticamente encadenó Deadpool con un proyecto que califica como «completamente diferente. Fue un rodaje de 25 días. De bajísimo presupuesto. Mi personaje no tenía nada que ver». También más modesta era Tragedy Girls, una comedia negra que ha sido recibida con notable entusiasmo a su paso por festivales de fantástico, y por la que se sintió atraída de inmediato porque «cuando estaba en el instituto, estaba obsesionada con Jeffrey Dahmer. No tanto en cómo cometió sus asesinatos, sino más bien en cómo funciona la mente de las personas que cometen este tipo de crímenes». A esas alturas, ya había ganado la suficiente visibilidad como para recibir una carta de «los productores y los guionistas» de la serie El exorcista en la que le explicaban «el personaje que me ofrecían, y por qué pensaban que estaría genial en él», lo que le permitió convertirse en una de las principales protagonistas de su segunda temporada.

Un impulso que también ha aprovechado para convertirse en portavoz de la comunidad LGBTQA+, participando en campañas promocionales como «It Gets Better», sobre todo tras reconocer abiertamente su bisexualidad durante el rodaje de First Girl I Loved, en el que conoció a su actual pareja, que trabajaba en el departamento de arte del largometraje: «Me llevó bastante tiempo, no necesariamente salir del armario, sino reconocer cómo me sentía». Precisamente, sabiendo que, habiendo interpretado a una superheroína de Marvel «hay un montón de chicos y chicas que me siguen», ha querido transmitirle a aquellos que sienten que no encajan que, en realidad, «no están solos».

Naira Díaz


 

F I L M O G R A F Í A
2015. PRISM, de Cal Robertson.
2016. DEADPOOL, de Tim Miller.
FIRST GIRL I LOVED, de Kerem Sanga.
2017. TRAGEDY GIRLS, de Tyler MacIntyre.
2018. DEADPOOL 2, de David Leitch.

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