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El hombre que mató a Don Quijote

Luchando contra gigantes

De entre todos los proyectos malditos de las últimas décadas, «El hombre que mató a Don Quijote» es probablemente el que más mítica lleve consigo. La empresa que Terry Gilliam empezó hace más de una década por fin ha llegado a su fin y verá la luz cuando se estrene en las carteleras españolas este mes de junio, no sin antes clausurar esta edición del Festival de Cannes.


La figura de Terry Gilliam siempre ha llevado a cuestas una pesada carga de malditismo que lo ha acompañado durante toda su carrera cinematográfica. Poco se podía imaginar el realizador británico –ha renunciado a su nacionalidad norteamericana hace más de una década– que cuando rodó Los héroes del tiempo en 1981 y se convirtió en una de las películas independientes más fructíferas de todos los tiempos por aquel entonces, que su carrera se vería truncada por una serie de avatares, problemas y sinsentidos que le acompañarían en muchos de sus proyectos. En cierta medida, Gilliam es el protagonista de muchas de sus fábulas, su imaginación vuela tan libre (y cara) que acaba por chocar contra un mundo de burócratas y sanguinarios capitalistas. Eso lo mismo le ocurrió en 1985 con el estreno de Brazil, la que era su película más ambiciosa hasta la fecha. A pesar que nadie de Universal, el estudio encargado de producir y distribuir la película en Estados Unidos, le molestó durante el rodaje, fue en el proceso de posproducción donde Gilliam se enteró que el gerifalte de la compañía no andaba muy contento con el metraje y estaba elaborando a sus espaldas un montaje alternativo que cercenaba más de media hora de su película y variaba el final para colocarle un desenlace feliz que nada tenía que ver con las intenciones del realizador. La película fue tan épica como el cruce de declaraciones entre ambas partes, comprando páginas enteras de la prensa para intercambiar acusaciones… Gilliam llegó a llevarse una copia de la película y exhibirla de manera clandestina a asociaciones de estudiantes y de críticos. El asunto quedó finalmente zanjado cuando tras ganar el premio de Mejor Película y Mejor Director en los premios de la crítica de L.A, cineasta y jefe del estudio llegaron a un acuerdo para sacar un metraje consensuado, 12 minutos menor que el corte definitivo de Gilliam, que pudo ser recuperado en una versión doméstica de la película editada por Criterion.


Toby (Adam Driver) acompaña a un actor demente que se cree Don Quijote (Jonathan Hyde) y está convencido de que los molinos son gigantes.


El asunto hizo mella en Gilliam, que desde entonces quedó marcado a fuego como problemático dentro de la industria. Tampoco ayudó que el estreno de Brazil quedase sepultado finalmente por Universal y apenas promocionase la película, o que su siguiente film, Las aventuras del Barón Munchausen, fue un fiasco de los que marcan época. Ya por aquel entonces, Gilliam le daba vueltas a la idea de adaptar el inolvidable clásico literario de Miguel de Cervantes. «Nos apetecía hacer otra cosa juntos, así que llamé a Jake (su productor) y le dije, “Tengo dos nombres para ti… uno es Quijote y el otro es Gilliam… y necesito 20 millones de dólares”. Y Jake dijo, “¡Hecho!”. Fue así de sencillo. Así que leí los libros. Varias semanas más tarde, acabé de leer los dos libros y me di cuenta… ¡de que no podía hacer la película!».

Después de hacer El rey pescador (1991), Doce monos (1996) y Miedo y asco en Las Vegas (1998) –tres películas enmarcadas y filmadas en Estados Unidos–, Gilliam quería hacer una película en Europa. El nuevo proyecto se llamó El hombre que mató a Don Quijote. El director dice: «Al darme cuenta de que no podía rodar El Quijote cómo lo escribió Cervantes, me pregunté si acaso podría hacer una película que contase una historia que capturase la esencia de El Quijote, sin depender completamente de los libros».

El hombre que mató a Don Quijote arrancó por primera vez en otoño de 2000, pero el rodaje solo duró seis días con muchas dificultades. La primera semana en Las Bárdenas (Navarra, España) incluyó una riada y la presencia de cazas ruidosas. El quinto día, Jean Rochefort, el Quijote en esa versión de la película, abandonó temporalmente el rodaje debido a un dolor tan grande que le impedía montar a caballo. El rodaje se suspendió definitivamente después del sexto día. Y esta aventura dantesca fue capturada en gran detalle en un largometraje documental llamado Perdidos en La Mancha (2002).

Tras una serie de reescrituras y avatares del destino, finalmente el año pasado Gilliam pudo comenzar de nuevo el rodaje para estrenarla de cara a la primavera de 2018… Claro que, para variar, los avatares no quedarían aquí y poco imaginaría el cineasta que la película acabaría con una infinita serie de querellas sobre los derechos de producción y distribución que a punto han estado de no permitir la exhibición de la película en el Festival de Cannes y que la distribuidora americana, Amazon Studios, se haya bajado del carro. No es de extrañar que el cineasta haya sufrido problemas de salud con todo este trasiego.

EN UN LUGAR DE LA MANCHA…

Érase una vez un joven e idealista estudiante de cine, Toby (Adam Driver). Su gran logro, un remakelírico de la historia de Don Quijote encuadrado en un antiguo y pintoresco pueblecito español. Pero eso es el pasado, ahora Toby es un director de anuncios desilusionado y arrogante, que piensa mayormente en el sexo. El dinero y la fama le han desencaminado, y ahora hace malabares con la mujer de su jefe, Jacqui (Olga Kurylenko), una tormenta de dimensiones bíblicas, y su propio ego, mientras intenta completar el rodaje de un nuevo anuncio en España.

Hasta que un misterioso gitano se acerca a él con una copia de la película que Toby rodó cuando aún era estudiante: Toby se emociona y se marcha en busca del pequeño pueblo donde hizo su ópera prima hace tantos años. Para su gran espanto, su pequeña película tuvo efectos terribles en el pueblo aletargado; Angélica (Joana Ribeiro), la joven que personificaba la inocencia, ahora trabaja como prostituta de alto standing; el viejo que interpretó a Don Quijote (Jonathan Pryce) se ha vuelto completamente loco y realmente se cree «el caballero de la triste figura».

Una serie de accidentes culmina en un fuego que amenaza con destruir al pueblo entero. La guardia civil persigue a Toby, pero este es «rescatado» por el viejo loco, quien le toma por su fiel escudero, Sancho, y le lleva campo a través en búsqueda de su Dulcinea.


Toby supervisa otra escena en la que dirige a Jacqui (Olga Kurylenko), la esposa de su propio jefe.


EL SUEÑO DE UN LOCO

No me cabe duda que en alguna de estas dos décadas que lleva intentando sacar adelante El hombre que mató a Don Quijote, Gilliam se empezó a sentir como el personaje de la novela de Cervantes, atrapado por una obsesión, luchando contra molinos de viento creyéndose que son gigantes, y ha decidido introducir ese discurso dentro de su película. Una película de El Quijote que trata precisamente del influjo del personaje, donde la ficción y la realidad se dan la mano bajo el embrujo del cine. La utilización de Gilliam de imágenes en blanco y negro para reflejar el medio cinematográfico le devuelven al medio su poder atávico, cautivador, que provoca un poderoso influjo sobre los espectadores y los personajes. Gilliam filma a varios de sus personajes siendo hechizados por las imágenes de un cortometraje casi amateur sobre la figura del Quijote siendo consciente del verdadero poder expresivo del cine como arte. La devolución de ese poder al cinematógrafo y la condición de cualquier cineasta de alquímico y sobre todo de gran manipulador. Como muchos de los personajes de la carrera de Gilliam, la película versa precisamente sobre la moral perdida en tiempos menos honestos.

A pesar de conservar su marcado estilo visual, Gilliam es capaz de integrar las peculiaridades plásticas y estéticas del folclore español. Las tradiciones y ritos de la España profunda se conviertan en parte del universo pesadillesco y alocado tanto del propio Gilliam como de la psique de sus personajes; en ese sentido, la utilización de muchos enclaves históricos precisamente refuerza esa sensación de ser una ficción que camina entre dos planos de realidades totalmente distintas. El hombre que mató a Don Quijote es su mejor película en décadas precisamente por su capacidad de asimilar las temáticas y formas previas de su anterior filmografía y conferirle al cine su carácter primigenio de fuente de imágenes y obsesiones casi mágica.

Roberto Morato

En resumidas cuentas

LO MEJOR: La recuperación del cine como elemento casi alquímico, la exploración del poder del medio y la condición de cineasta como arrebatador de almas. La integración de Gilliam con los elementos idiosincráticos españoles. Su desmesurada ambición.

LO PEOR: Hay ciertos momentos de transición narrativa donde la película languidece a nivel de puesta en escena. Salvo Jonathan Price y Jordi Mollá, el casting quizás no sea el más apropiado.

El momento: La famosa aparición de tres gigantes que se disponen a atacar a Don Quijote.

La imagen: Don Quijote encadenado en una carroza de feria y condenado a representar el corto que él mismo protagonizó.

El diálogo: «Un artista ha de ser cruel ¿Tú lo eres?».

El rodaje: España, y como no podía ser de otra manera, La Mancha.

Internet: : https://twitter.com/quixotemovie

¿Por qué…: a la salida de la proyección, varios críticos estaban riéndose de la película, cuando se trata de la mejor película que Terry Gilliam ha rodado en décadas?


ESTRENO: 1 DE JUNIO


GB-España-Francia-Portugal-Bélgica, 2018. T.O.: «The Man Who Killed Don Quixote». Director: Terry Gilliam. Productores: Mariela Besuievsky, Amy Gilliam, Gerardo Herrero, Grégoire Melin. Producción: Alacran Pictures, Tornasol Films, Entre Chien et Loup, Ukbar Filmes, El Hombre Que Mató a Don Quijote AIE, Carisco Producciones AIE. Guión: Terry Gilliam, Tony Grisoni. Fotografía: Nicola Pecorini. Diseño de producción: Benjamín Fernández. Música: Roque Baños. Montaje: Teresa Font, Lesley Walker. Intérpretes: Adam Driver (Toby Grisoni), Jonathan Pryce (Don Quijote), Stellan Skarsgard (El Jefe), Olga Kurylenko (Jacqui), Joana Ribeiro (Angelica), Óscar Janeada (El Gitano), Jason Watkins (Rupert), Sergi López (El Granjero).


EL DIRECTOR Terry Gilliam

Cineasta y animador nacido en Minneapolis hace 77 años. Tras completar una carrera en Bellas Artes, se muda a Inglaterra donde empieza a trabajar como animador. Allí coincide con varios de los futuros miembros de Monty Python, que rápidamente lo adoptan y lo forman como un miembro más del grupo. Tras ser acreditado como codirector en Los caballeros de la mesa cuadrada, emprendería su carrera como realizador en solitario en 1977 con La bestia del reino. En su larga filmografía que se prolonga ya durante más de cuatro décadas cuenta con títulos tan prestigiosos como Brazil, Miedo y asco en Las Vegas, El rey pescador o Zero Theorem.

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