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SICARIO: EL DÍA DEL SOLDADO

Un mundo sin piedad

Denis Villeneuve cartografió un frío y cruel retrato de los clanes de narcotráfico en México, así como su relación con las fuerzas del orden del otro lado de la frontera. En esta secuela, vuelven algunos de sus personajes principales: Matt Graver, el enigmático agente del gobierno, y Alejandro Gillick, el abogado que continúa buscando venganza contra los asesinos de su hija y esposa. Dirige el italiano Stefano Sollima.


Creo que muy pocos de los responsables de Sicario se podían imaginar, mientras participaban en el rodaje, que este proyecto acabaría teniendo una secuela y un universo propio… Pero así es como funciona el mundo de Hollywood hoy en día, y si no, que se lo pregunten a Josh Brolin, que va a encadenar en un mismo verano tres secuelas de películas diferentes. No hizo falta esperar al estreno del film para que su distribuidora estadounidense, Lionsgate, hiciese oficial que habían dado luz verde a una secuela, y que también muchos de los involucrados se caerían por el camino. Primer anuncio: estaría centrada en el enigmático y vengativo Alejandro, el abogado mexicano caído en desgracia tras el asesinato de su mujer y su hija por un cártel de narcotraficantes, y que se dedica en la actualidad a cazar a sangre fría a todos aquellos que destruyeron su vida anterior. Al igual que Emily Blunt, protagonista de la primera película, también abandonó el proyecto el canadiense Denis Villeneuve, que precisamente con este trabajo se vio aupado a las grandes ligas de Hollywood, y ahora mismo tiene la agenda llena para los próximos veinte años. También se llevó con él a Roger Deakins, su director de fotografía y, seamos sinceros, el responsable de la mayoría de los logros que se le atribuyen a la película. Tocaba reinventarse y, como suele pasar en estas ocasiones, Hollywood volvió a mirar el talento extranjero disponible y dio con el hombre adecuado: el realizador y productor Stefano Sollima.



Sollima es un veterano realizador curtido en la televisión italiana, que ha visto cómo su carrera ha despegado en los últimos años gracias, en mayor medida, a actualizar y modernizar uno de los géneros por excelencia del cine italiano: el poliziesco. Los Roma Violenta o Milán, calibre 9 han tenido su contrarréplica en películas como A.C.A.B. (All Cops Are bastard), Suburra y sobre todo, la serie de televisión Gomorra, un éxito internacional que ha catapultado al cineasta a la primera plana de la actualidad cinematográfica. El italiano, que llevaba tiempo queriendo dar el salto al cine norteamericano, no se cortó un pelo a la hora de aceptar la oferta de los productores, ni miedo de cumplir con la ardua tarea de estar al nivel de la película predecesora: «Tiendo a gravitar hacia el concepto de antihéroe», declara el realizador, «creo que la motivación de alguien haciendo algo malo por unas creencias que él considera correctas es un sentimiento muy poderoso. A veces hay una línea muy fina entre la delincuencia y cumplir la ley. Es un tema que me ha gustado mucho explorar en algunos de mis trabajos previos. Creo que tanto Taylor como Denis hicieron un trabajo fabuloso en este aspecto con la anterior película. Me interesé desde el primer momento, porque creía que podía hacer una película que fuese entretenida y, al mismo tiempo, también tratase de ampliar todos esos temas establecidos, explorar esas líneas grises que muchas veces se ocultan dentro del sistema de la ley y el orden».

Sicario: Día del soldado promete ser más salvaje, oscura, traicionera y compleja que la primera entrega. Algo para lo que tanto los productores como el guionista de ambas películas, Taylor Sheridan, han puesto atención, se cuenta que como requisito indispensable para convencer a los dos actores protagonistas de volver a retomar los roles de la anterior película.

 Venganza en la frontera

Matt Graver (Josh Brolin), agente de la CIA, y Alejandro Gillick (Benicio del Toro), un hombre que no teme luchar contra los criminales más terribles, vuelven a encontrarse luchando contra los cárteles de la droga en la frontera entre México y Estados Unidos. Esta guerra se ha intensificado por la unión entre narcotraficantes y terroristas, lo que hará esta lucha mucho más cruenta.
Uno de los puntos clave de Sicario era la identificación del espectador con el personaje que encarnaba Emily Blunt. Ella representaba en todo momento a los ojos del público. A través de su figura nos adentrábamos en una nueva realidad, a medida que iba descubriendo ese nuevo mundo –y en ese sentido es muy significativa la escena donde va recorriendo lentamente un túnel subterráneo–. Una nueva realidad moral que su personaje desconoce al inicio de la película, de ahí que sea nuestra brújula moral en todo momento dentro de la ficción, la mano que nos lleva a través de un mundo de tinieblas; la decisión de quitarnos esa guía es un detalle crucial a la hora de abordar todos los mecanismos que pueblan esta secuela.



Sicario: El día del soldado es una consolidación del mundo de tinieblas morales que emergía en los últimos compases de su predecesora: las cloacas del estado, la plasmación de una realidad que permanece oculta a los ojos de lo que una vez nos dio por llamar el «estado del bienestar». Sheridan y Sollima establecen desde el prólogo un mundo brutal, globalizado, con sinergias inimaginables y auspiciado por operaciones en las sombras y desde las sombras. La delgada línea entre el bien y el mal plasmada en la contraposición de un atentado terrorista, con el personaje de Josh Brolin ejecutando fríamente a la familia de un pirata para sonsacarle información sobre el hecho. Una dualidad inherente en el ser humano que Sheridan plantea como tema principal de la película en un guión potente pero al que, sin embargo, se le notan demasiado los cimientos de su construcción, las figuras retóricas y las metáforas para crear un mundo que debería ser mucho más anárquico y autorregulado por su propia anarquía.

A diferencia de Villenueve, Sollima se desprende de los manierismos en la puesta en escena y desnuda el relato de una forma excepcional, acercando la película a una estética casi documental, con un uso del digital que transmite ese tono de reconstrucción de una realidad casi cotidiana que pretende alejarlo de las ficciones cotidianas. Una narrativa y dirección más desnuda que, precisamente, pretende crear un retrato de un mundo fantasmagórico en el que habitan figuras casi espectrales como la del propio Benicio del Toro, convertido casi en una encarnación terrenal del espíritu de la Venganza. Por desgracia, a veces da la sensación de que el guion de Sheridan y la dirección de Sollima fuesen fuerzas contradictorias, y ejerciesen una tensión hacia dos puntos totalmente distintos. Una pequeña mueca en un conjunto que, por otra parte, roza lo notable durante todo el metraje.

Roberto Morato


ESTRENO 29 DE JUNIO


En resumidas cuentas

Lo mejor: La crudeza del universo creado por Taylor Sheridan. La presencia de Benicio del Toro, casi como un ente sobrenatural.

Lo peor: La siempre irritante presencia de un niño como brújula moral de un personaje.

El momento: Ese tensísimo viaje en autobús.

La imagen: Los asesinatos terroristas del comienzo de la película.

El diálogo: «Ponte protección solar» (Foards) «Siempre iniciáis guerras con países donde no se pone el sol. No estaría de más que un día iniciarais una con un país nublado» (Graver)

El rodaje: Se produjo en localizaciones de Nuevo México a partir de noviembre de 2016.

Internet: soldado.movie

¿Por qué… cuesta tantísimo ver películas que puedan combinar las inquietudes de un público adulto con la comercialidad más descarada?


Estados Unidos 2018. T.O.: «Sicario: Day of the Soldado». Director: Stefano Sollima. Productores: Basil Iwanyk, Edward L. McConell, Molly Smith, Thad Luckinbill, Trent Luckinbill. Producción: Black Label Media, Thunder Road Pictures. Fotografía: Dariusz Wolski. Diseño de producción: Kevin Kavanaugh. Música: Hildur Gudnadottir. Montaje: Matthew Newman. Intérpretes: Benicio del Toro (Alejandro Gillick), Josh Brolin (Matt Graver), Isabela Moner (Isabela Reyes), Jeffrey Donovan


EL DIRECTOR Stefano Sollima

Nacido en Roma en 1966. Hijo de Sergio Sollima, empezó su carrera como cámara de guerra para cadenas como NBC o CBS. Rodó varios cortometrajes, pero el más celebrado fue Zippo, presentado en el Festival de Venecia y Sitges. Casi una década después, y tras haber trabajado en varias series de televisión, rodaría la que fue su ópera prima, A.C.A.B. (All Cops Are Bastard), que le valió amplios reconocimientos dentro de su país.

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